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Me gustó el póster y me quedé con el nombre del artista. Estaba colgado en la pared de una moderna cafetería granadina. Me recordó, salvando las distancias, a los ambientes de escenas americanas de Edward Hopper, pero con caras famosas. En otra zona del local tenían éste:

Del autor no he encontrado buscado gran cosa en la red. Según cuentan aquí, Chris Consani ha trabajado haciendo carteles de películas y portadas de discos. Ahora se dedica a publicar pósters y trabaja también para los estudios Dream Picture. A mí me encanta la mezcla explosiva de carácter y talento en estas escenas imposibles sobre decorados tan añejos y cinematográficos.

Las imágenes están tomadas de la página de AllPosters.com donde venden estos y otros pósters de Chris Consani.

Se llama Trè Cool, es el batería de Green Day, y cada mañana me alegra el día. Conduzco aún medio dormido a trabajar y me anima la carretera con sus redobles, cortes y síncopas.

Ya les debía un post a los Green Day, uno de mis grupos favoritos desde hace años, y que nunca habían sonado en este hormiguero.

Recuerdo el día que escuché por primera vez a este trío californiano. Mi primera aventura como profesor, hace ya muchos años. Estaba en la sierra de Huelva, en una excursión con alumnos/as. Tuve que enseñarles a montar las tiendas, a la luz de linternas. Nunca olvidaré esa noche porque llovió sin parar y me desperté en la tienda con los pies dentro de un charco. Después dejó de llover, hicimos un fuego y lo pasamos muy bien. Aprendí a “cantar” fandangos de Alosno. Y descubrí a Green Day escuchando una cinta de Dookie, que acababa de salir.

Green Day

Ahora suelo llevar siempre algún CD de ellos “de guardia” en el coche. Los pongo cuando necesito conducir para relajarme. Siempre me suenan alegres. Solía asociarlos a los Jam o los Ramones, pero han llegado a recordarme a los Beach Boys. Lo reconozco, estoy enganchado a ese sonido de guitarra distorsionada y alma de rock’n roll. Siguen sacando discos, que nunca me decepcionan. ¡Qué buenos son!, digo a veces al volante en mitad de un tema, y Meli asiente convencida.

Les debo muchos buenos ratos, y ponerlos en mi Top 10 de grupos para llevar a una isla desierta o a cualquier parte. Muy recomendables.

Imagen tomada de greendayworld.es.

Nunca se me ha ocurrido celebrar Halloween. No me atrae especialmente la estética de brujas y fantasmas, ni me convencen demasiado las costumbres importadas de los Estados Unidos. O tal vez es que es una fiesta demasiado reciente en nuestra cultura… no la viví cuando era un niño y ahora no me apetece mucho empezar.

Pero los obispos me han hecho cambiar de opinión.

Según parece, a la Iglesia Católica no le gusta que se celebre Halloween. Nos alerta sobre el peligro de que “costumbres paganas e importadas prevalezcan hasta hacer desaparecer nuestras propias costumbres cristianas arraigadas y beneficiosas como la devoción a los santos y el recuerdo a los difuntos“.

Señores obispos. ¿No tienen ustedes otras cosas más importantes de las que preocuparse? ¿No hay pobreza y miseria a su alrededor que despierte más sus alarmas que una simple fiesta de importación? ¿No hay mezquindades, indecencias e injusticias sociales mucho más dignas de censura que el hecho de que la gente se divierta de una manera inédita?

halloween

Me gusta ver a la gente que sale esta noche disfrazada a la calle. Lo considero una actividad mucho más saludable que la devoción a los santos. Me encantó lo felices que se pusieron ayer el grupo de niños vestidos de brujas y demonios que vinieron a casa cuando Meli les dio un buen puñado de caramelos. Para el año que viene ella misma amenaza con disfrazarse de bruja. Pues claro que la gente prefiere Halloween a la devoción a los santos. Por la misma razón que preferimos el Carnaval a la Cuaresma. ¿Qué legitimidad moral puede tener una doctrina que ve un riesgo en que la gente se divierta sin hacer daño a nadie?

Ah, también se meten con Hollywood, con la industria cinematográfica norteamericana, como presunto origen de esta influencia anticristiana. Hollywood, Halloween… estas palabras impronunciables deben de parecerles de inspiración demoníaca. Un soplo de aire fresco y modernura para sus mentes retrógradas.

Por otra parte, la fiesta de Halloween tiene un origen esencialmente católico. La misma palabra es una corrupción de la expresión All Hallow’s Eve (Víspera del Día de los Santos). Y la costumbre de celebrar Halloween llegó a los Estados Unidos llevada precisamente por los irlandeses, pueblo católico donde los haya, en la época de hambrunas del siglo XIX. Es cierto que su origen está también, al parecer, en la festividad celta llamada Samhain, en la que se celebraba el final de la temporada de cosechas, pero el sincretismo de festividades paganas por parte del Cristianismo es omnipresente; lo tenemos en la Navidad o la noche de San Juan, por ejemplo.

Es evidente, desde luego, que a la inmensa mayoría de la población nos tienen sin cuidado estas palabras de los obispos. Yo mismo, aunque parezca indignado, sonreí cuando oí la noticia por la radio. Porque en realidad es para reírse. Pero eso sí, lo diré una y mil veces: que el Estado deje ya de subvencionar a estos farsantes cavernícolas.

¡Y que viva Halloween!

Imagen tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.

Me hizo muchísima gracia un chiste que oí hace unos meses. Estaba por decidir entonces si el candidato a la presidencia de los EE.UU. por el Partido Demócrata sería Barack Obama o bien Hillary Clinton, mientras que parecía claro que su oponente republicano iba a ser John McCain. El chiste venía a decir que los estadounidenses se enfrentaban al dilema de elegir entre un presidente negro, un presidente mujer y un presidente normal.

Ahora, cuando faltan apenas tres semanas para las elecciones, todos los sondeos dan como claro ganador al candidato Obama. O sea, que en lugar de a un presidente “normal”, los norteamericanos/as parecen ampliamente dispuestos a votar a un charlatán negro afroamericano… La misma sociedad que hace sólo cuatro años fue capaz -¡alucina!- de reelegir a George W. Bush, resulta ahora abiertamente decidida a elegir ser gobernada por un descendiente de los esclavos de los campos de algodón.

Personalmente no me repugna la idea, aunque sólo sea por perder de vista a la loca de Sarah Palin, pero es que… ¡14 puntos de diferencia en las encuestas! Me parece un preocupante síntoma de crisis en la sociedad del país más poderoso.

Y si a eso le unimos otros síntomas globales, como ver a los ultraliberales aplaudir las intervenciones estatales y la nacionalización de bancos, o a los líderes europeos decidiendo que hay que “reformar el capitalismo“, de verdad que esto es lo más heavy desde el Mayo del 68. No sé, no sé, pero me parece a mí que aquí algo va mal.

Léase en estas líneas un tono más irónico que apocalíptico. La imagen procede de Wikipedia, la enciclopedia libre.