Jueves, 12 de febrero de 2009
Quienes solemos manejar varios ordenadores en los que trabajamos con los mismos archivos necesitamos tener siempre disponible la última versión de éstos. Esto solía hacerlo llevando conmigo un pendrive, pero de vez en cuando me daba disgustos… Una vez sobreescribí un archivo con contenidos erróneos, otra vez perdí información al hacer un backup porque cambié una versión nueva por otra más antigua, en otra ocasión sencillamente se me borraron cosas. Los programas de copia de seguridad son útiles pero a veces también dan disgustos.

Descubrí Dropbox hace una semana y ha cambiado mi forma de funcionar en mi trabajo. Se trata de un servicio online (sí, en la nube) para hacer backups automáticos desde diferentes ordenadores. Dropbox proporciona un cliente de escritorio que actualiza desde y hacia la nube el contenido de una carpeta del ordenador local elegida a tal efecto. Puede estar instalado en varios equipos (conectados a una misma cuenta de Dropbox) y en todos ellos la carpeta correspondiente tendrá siempre de forma automática (seamless, lo llaman ellos) la versión más actual de todos los archivos.

Y con varias caracerísticas muy ventajosas:
- Existen versiones del cliente de escritorio para Windows, Mac OS y GNU/Linux, todas, por supuesto, capaces de funcionar sobre una misma cuenta de Dropbox.
- También existe una interfaz online, accesible desde un navegador web, para cargar y descargar archivos, borrarlos, organizarlos, etc, etc.
- Incluso hay un cliente de Dropbox para el iPhone, desde el que puedo ver y abrir mis archivos.
- Los archivos son privados pero pueden compartirse, dándonos para ello el sistema una URL pública.
- Ah, y existe una carpeta especial para compartir y mostrar imágenes. Ideal para enseñar fotos de un acontecimiento a alguien sin necesidad de enviarlas por email ni subirlas a Flickr.
- El sistema ofrece 2 Gb de almacenamiento gratis, o la opción de contratar 50 Gb por 10$ al mes.
- El sistema guarda las versiones anteriores de los archivos (ver imagen), lo que es una gran ventaja en caso de que sobreescribamos alguno con basura.
- Incluso guarda versiones de los archivos eliminados. Ni éstas ni las versiones antiguas cuentan para la suma de 2 Gb disponibles.

En fin, que estoy encantado con este descubrimiento, y hace una semana que tengo los puertos USB desnudos de pendrives. Eso sí, como siempre, necesito una conexión permanente a la nube. Probadlo, no os decepcionará. La web está en inglés pero tiene una interfaz muy sencilla, con videos explicativos, FAQs, etc. También hay info de Dropbox (en español) en este post.
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Viernes, 12 de diciembre de 2008
La expresión “cloud computing” o “computing on the cloud” significa literalmente computación en la nube, y es una bonita metáfora que hace referencia a la idea de basar las aplicaciones informáticas en servicios alojados de forma externa, en la web. Nuestros datos están en las nubes, no porque estén despistados (que lo mismo también); es porque no residen en nuestro ordenador local, sino en una máquina remota a la que accedemos vía internet.

Así, quienes usamos un servicio de webmail tenemos nuestros correos electrónicos, por ejemplo, en los servidores de Gmail. Pero la cantidad de servicios de este tipo es inmensa: edito y guardo mis documentos en Google Docs, anoto y consulto mis citas en Google Calendar, mis direcciones web en delicious, mis listas en Zenbe, mis tareas en Toodledo, mis fotos en Flickr y mis notas en Evernote (por cierto, algún día tengo que hablar en detalle de este magnífico invento). Son sólo algunos ejemplos cotidianos.
Las ventajas de actuar de este modo son evidentes en un mundo en el que estamos permanentemente online. Utilizo una gran variedad de máquinas, de todo tipo y tamaño y funcionando con distintos softwares, para acceder a mis datos. La única condición es que todos mis aparatos accedan a la red, se conecten a la nube.
Pero aún hay más: tenemos la creciente sensación de que esa nube es el lugar más seguro para nuestros datos importantes, de que tenerlos allí es una garantía de no perderlos, de que nadie nos los quite y de que estén siempre a nuestra disposición. Incluso llamamos “hacer backup”, al hecho de sincronizarnos con ella. Allí no hay que buscarlos ni recordar su ubicación; la nube sólo nos pide un nombre y una contraseña, y ahí los tenemos.

La gente se va de vacaciones a las chimbambas y se autoenvía los pasaportes escaneados a su cuenta de Gmail por si los pierde en el viaje. Así tus datos personales residen en una máquina remota de la que sólo sabes dos cosas:
- Sus dueños te han hecho comprometerte a no pedir explicaciones pase lo que pase con tu información.
- Nunca pasa nada malo.
Las aplicaciones de escritorio son incómodas y aburridas. Cedemos alegremente nuestros contenidos más sensibles a empresas que facilitan sus servicios de forma gratuita y exenta de garantías. Colgamos en la nube de algodón nuestra intimidad o el fruto de nuestro trabajo. Confiamos en los servicios de Google a pesar de que todos ellos se apelliden BETA, o pagamos nuestra cuota anual de Flickr dejando miles de fotos a expensas del mejor postor que cualquier día va a quedarse con Yahoo.
No hay nada tan cómodo como estar en la nube, y sin duda el futuro de la informática se presenta nuboso. Veremos qué pasa.
Más info sobre computación en la nube en el caparazón, npr (en inglés), islamicaweb (inglés). Imágenes tomadas de bitcurrent y El Ojo en la Red.
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