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Tuve la ocasión hace unos días de charlar personalmente con José Pablo Vázquez Hierro, el candidato de la Mesa de la Ría a la alcaldía de Huelva. Fue con motivo de la presentación de Dolo, mi amiga bloguera, de su segundo libro. Y resultó muy refrescante y esperanzador descubrir que alguien que aspira a gobernar la ciudad opine sobre sus problemas exactamente lo mismo que yo. Ahora no vivo en Huelva, pero sigo empadronado allí y le tengo un cariño muy especial.

Ya he hablado sobre la Mesa de la Ría en otras ocasiones en este hormiguero. Los objetivos de esta asociación, a la que pertenecí unos años, se resumen, en sus propias palabras, en el siguiente párrafo:

Su objetivo es que no se instalen nuevas fábricas contaminantes en la Punta del Sebo, para que no se consoliden nuevas industrias de este tipo en el entorno de Huelva, liberar este territorio para la ciudad tal y como firmaron todos los agentes sociales en 1991, la defensa medioambiental de la ría de Huelva, la demolición de la nueva central térmica de Endesa construida sin licencia, la inmediata paralización de los vertidos contaminantes de fosfoyesos a la marisma y la regeneración ambiental del estuario y las marismas del Tinto y del Odiel.

Hartos/as de no ser escuchados y de que las reivindicaciones ecologistas no tuvieran cabida en la práctica en el programa de ningún partido político, la Mesa de la Ría decidió dar un paso al frente y presentarse a las próximas elecciones municipales. Como le dije a José Pablo, “gracias a vosotros sé qué voy a votar”.

Una interesante alternativa, un soplo de aire fresco e independencia, un ejemplo de iniciativa y valentía en una época en la que todo lo relacionado con la política sabe rancio y suena mezquino.

Ilustro la entrada con esta canción, Química en el aire, que me llegó hoy de mi amigo Juan:

Enlaces:

Más sobre Huelva, su contaminación y la Mesa de la Ría en el hormiguero:

Estuve el fin de semana pasado con Javi y Cristina visitando el Centro Ornitológico “Francisco Bernis”. Acababan de inaugurarlo solo unos días antes.

La aldea de El Rocío tiene el privilegio de recibir a miles de visitantes. Es un lugar peculiar, un pueblo fantasma de casas construidas exclusivamente para la diversión y habitualmente deshabitadas. Los visitantes y peregrinos humanos acuden a ver a la Virgen; y cientos de aves acuáticas a alimentarse en los humedales.

La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha construido el observatorio de aves en la aldea. Con la Blanca Paloma a la espalda, el mirador se asoma a la marisma. Es un precioso balcón orientado hacia las aves, que seguramente atraerá a montones de curiosos ofreciéndoles otra perspectiva de lo que se puede disfrutar en El Rocío.

Hacía bastante frío, pero plantamos el telescopio y pasamos un buen rato viendo flamencos, espátulas, ánades reales y rabudos, patos cuchara, porrones, ánsares, moritos, avefrías, garzas y garcetas, fochas y cercetas comunes.

Trabajando en las salinas

Tarea primitiva y primordial, la extracción de sal de las piscinas inundadas por el agua de las mareas se sigue realizando en las Marismas del Odiel. Nunca me canso de hablar de este lugar, mi preferido de Huelva sin duda.

¿Es sal o es nieve?

Moderna maquinaria se encarga hoy en día de esta tarea. Las enormes superficies salinas recuerdan a paisajes nevados, tan limpios y llenos de luz. Y no faltan los grupos de gaviotas para dar vida y alegría al blanco panorama.

Gaviotas en las salinas

Me gustó ver esta “vendimia” de las salinas y le hice algunas fotos. Ocurre a sólo cinco minutos de mi casa choquera

Estuvimos el otro día paseando en bici junto a la ría del Odiel por la Avenida Francisco Montenegro, de Huelva (España). Estrenábamos el nuevo paseo construido a lo largo de la orilla por la Autoridad Portuaria de Huelva. Lo de “estrenar” no está mal dicho porque, aunque el carril lleva abierto unos meses, apenas lo usa nadie, así que está nuevo.

De hecho, en el tiempo que estuvimos por esa zona (casi una hora) y a lo largo de todo el trayecto de ida y vuelta (casi 8 km) vimos sólo a 15 personas paseando y dos en bicicleta. Sí, las conté, porque no era normal que aquello estuviese tan desolado un viernes de verano por la tarde y con una temperatura ideal.

Y es que, aparte de otros motivos, hay una razón evidente para no frecuentar el paseo: avanza a escasos 20 ó 30 metros del polo químico. El Ministerio de Fomento (del que depende el Puerto de Huelva) ha hecho un buen intento de que los onubenses nos asomemos a la Ría, y mentiría si dijera que no me pareció divertido y entretenido. Pero tienes que ser tuerto, o caminar con un ojo cerrado, porque mientras a tu derecha puedes ver el atardecer sobre el agua y el P. N. Marismas del Odiel, a tu otro lado, a la izquierda, todo es asfalto, fábricas, chimeneas y humos. Lo mejor y lo peor de la ciudad, separados por este carril-frontera.

Me llevé la cámara e hice unas cuantas fotos. Las imágenes hablan por sí solas. Nos detuvimos junto a un grupo de agujas colinegras, que picoteaban en el barro acompañadas por varias ruidosas gaviotas reidoras. A nuestra espalda la carretera, y justo detrás la entrada a la factoría de Atlantic Copper, productora de ánodos, cátodos y ácido sulfúrico. En la siguiente foto se ve a varias gaviotas patiamarillas descansando en las rocas que bordean la salida de aguas de otra fábrica.

El contraste es exagerado. Y da mucha rabia ver arruinado ese paraíso que en tiempos fue el triángulo que separa las desembocaduras de los ríos Tinto y Odiel. Da rabia pensar que en él se construyera un polo químico, justo al lado de la ciudad, pero mucha más rabia da (al fin y al cabo aquéllos eran otros tiempos) que aún hoy en día el polo siga allí.