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Uno de mis propósitos para el nuevo año es resucitar este blog. En la era de las redes sociales uno siente que mantener un blog obliga a tener cosas muy sesudas y relevantes que contar. Yo espero ser capaz de mantener este hormiguero, aunque sea contando insensateces. Y empiezo, para ser lo más vulgar posible, con un recuerdo del año 2010.

No creo que recordemos 2010 como el año de la crisis económica. Más que nada porque estas cosas no tienen ceremonia inaugural ni fecha de caducidad. No vienen con el año pegado. Recuerdo un telediario, allá por el año 1994, en el que dijeron que “la crisis económica se daba por terminada”. Mi chiste al respecto provocó risas: “Ah, hoy ha acabado la crisis, ¡¡qué bien!!”

Pero hay otras cosas que sí traen la fecha, como el Mundial de Sudáfrica. Hace tiempo que quería publicar la siguiente foto. En la segunda parte de la final del mundial, el pasado 11 de julio, salí un rato a la calle. Me daba igual ver o no el partido. Que ganara España no dependía de si yo lo estaba viendo, así que preferí bajar a ver el clamor de las calles vacías. Era impresionante.


Camino de Ronda, Granada – 11/07/10

Lo que hace relevante ese momento es que aúne a toda la gente por igual. Volvió a ocurrir algo parecido unos meses después, al menos en Zaragoza, mi ciudad natal. Murió José Antonio Labordeta, así que el motivo era triste en esta ocasión. Pero otra vez hubo consenso ante el duelo, se trataba también de un acontecimiento esencial, y por el que también recordaremos, probablemente, este año.


Zaragoza despide a Labordeta – Foto: abc.es

Pero las cosas que realmente tienen relevancia en nuestras vidas ocurren al margen de los telediarios. Allí no cuentan que hemos encontrado un trabajo, que perdimos la primera muela o que se ha muerto un amigo. En mi telediario personal ocurrieron muchas cosas buenas y malas. Y ésas son las que menos se olvidan, y tal vez nos sirven para situar a las otras. ¿O es al revés?

¿Te acuerdas de cuándo ganamos el mundial? Sí, en 2010; lo sé porque Javier acababa de aprobar la selectividad y estaba buscando universidad.

¿Te acuerdas de cuándo hizo Javier la selectividad? Sí, en 2010; lo sé porque coincidió con el Mundial de fútbol que ganó España.

O un poco de cada…

Es emocionante ver cómo este país se ilusiona. Ver los balcones ir llenándose de banderas cada día, igual que las camisetas, los taxis y las antenas de los coches. Ese trapo de colores, que nos inspira a muchos tan poca devoción, parece haber terminado por servirnos a todos y todas de cobijo y emblema.

Esta selección de fútbol es nuestra apuesta unánime. Por fin hay algo que es de todo el mundo y que nos pone uniformemente de acuerdo. Algo que identifica a empresarios, currantes, madridistas, culés, raperos, heavys, pijos, frikis, gays y fachas. Algo que enorgullece a los expertos que saben en qué equipos ha jugado Marchena y a los profanos que no saben ni quién es Andrés Iniesta. Algo de lo que participan gentes de todos los pueblos y ciudades de España. En esta selección hay jugadores de Madrid, Andalucía, Catalunya, País Vasco, Valencia… y hasta un canario. Es la selección de los funcionarios/as devaluados el 5%, de los 4 millones de parados, del gobierno y la oposición, de los banqueros mezquinos y también, cómo no, de los farisaicos estadistas que pretenden eliminar la Coordinación TIC de los centros educativos andaluces.

Disfrutemos este momento como se merece.

Los niños son felices, sienten una alegría nítida. Quienes tenemos ya más años podemos recordar tantos fracasos, tantas derrotas, tanto mal fario, que sabemos lo irrepetible de la ocasión. Cardeñosa, Naranjito, Arconada, Luis Enrique… todos rehabilitados de una vez y para siempre. Los más viejos lo vivirán sólo una vez en la vida, pero aún podrán sentirse afortunados, porque muchos se fueron ya sin haberlo visto.

Tal vez queramos prepararnos para la final. Tal vez nos preocupe con quién vivir el momento, a quién invitar a esta gala, con quién recordar por siempre que asistimos a ella. Tal vez echemos de menos a alguien con quien ya no poder compartirla.

Esto no es una frivolidad, no es pan y circo para las masas. Porque esto trasciende nuestras existencias miserables. Sí, estamos muy jodidos; tenemos paro, pobreza, enfermedades y miles de problemas. Pero cuando todos nuestros males pasen (o no), cuando todo se arregle o se estropee mucho más, podremos decir que vivimos algo especial, algo grande que era de todos/as, algo que no olvidaremos y querremos contar a quienes aún no están: que vimos a la selección española de fútbol jugar la final de un Mundial.

Anda que si la ganamos…

Imagen tomada de elpais.es.

- Illo, fíjate qué forofos son en esa casa.

- No, hombre, que es el cuartel de la Guardia Civil.

- Ah. Claro.

(Me encanta estar de vacaciones porque tengo tiempo para hacer chorradas como ésta :-P ).

Seguramente mis alumnos/as de 3º de ESO (a quienes nombro porque sé que leen este blog) no saben que antes del mundial de fútbol de México de 1986 no se hacía la ola en los estadios de fútbol. La ola empezó entonces como muchos recordamos; ellos no pueden, porque no habían nacido. Viene al caso este comentario, porque sin duda el mundial de Sudáfrica de este año será recordado por algo parecido: las pertinaces vuvuzelas.

Me encantan las vuvuzelas. No quiero que las prohíban. Quiero que se recuerde este mundial por ese sonido de fondo que se escucha en cada partido. Porque las imágenes de los partidos de fútbol son muy similares, pero las de este mundial llevan un zumbido de fondo que las hará inconfundibles para siempre.

Me gustan las vuvuzelas. Porque son el sonido del público. El sonido de la multitud. Una sola vuvuzela nunca se oiría en nuestros televisores. Es la contribución solidaria de miles de almas lo que oímos a miles de quilómetros, desde la comodidad de nuestros sillones europeos.

Me gustan las vuvuzelas porque son ruido sin ningún sentido. ¿Para qué sirve hacer ruido? Para nada, y para todo. Para que el mundo sepa que ahí está África, ese continente olvidado donde la gente tiene la piel negra y disfruta haciendo ruido. Que protesten los periodistas; que protesten Cristiano Ronaldo y Leo Messi; que proteste el mundo bienpensante al que este zumbido insistente pone nervioso. Esto es Sudáfrica y aquí los partidos son así; es el precio a pagar, como el jet lag o el cambio de estación si vienes del norte.

Es más; me encantaría que la costumbre se extendiera como una moda, igual que ocurrió con la ola de México ’86. Y que mis alumnos/as de 3º, a quienes dedico esta entrada, pudieran recordar y contar a sus hijos que vivieron el momento en que empezó a extenderse por el mundo entero el sonido de las vuvuzelas en los campos de fútbol.

Por cierto, sigue este enlace a una vuvuzela virtual, para poder hacer ruido desde tu propia casa. O cómprate una barata en eBay.

Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Creo que vamos a hacer historia

– Andrés Iniesta, mayo de 2009

La Masía es un caserón situado al lado de las instalaciones del Camp Nou, y construido el año 1702. En 1979 se convirtió en la residencia de los jóvenes jugadores que no vivían en Barcelona, y que dejaban su pueblo (o su país) para formarse como futbolistas con el sueño de debutar algún día con el primer equipo del F. C. Barcelona. En la Masía no sólo reciben clases de fútbol de alto nivel, también estudian y viven allí todos los días.

¿Qué tiene eso de especial? Pues que La Masía es, hoy por hoy, la mayor fábrica de estrellas del fútbol del mundo. En la última entrega del trofeo Balón de Oro (la de 2009), que premia al mejor futbolista del mundo, tres de los cuatro primeros clasificados eran jugadores formados en La Masía. El otro era el futbolista más caro de la historia.

Hace unos minutos el F. C. Barcelona se ha proclamado campeón del mundo de clubes de fútbol. Se trata del club que lo ha ganado todo en la última temporada; algo inédito en la historia del fútbol. En la alineación que ha conseguido el triunfo jugaban 7 futbolistas de la cantera azulgrana. Guardiola, el entrenador, lloraba de emoción tras el partido. Era la emoción que siente quien ama la camiseta que ha vestido desde que, siendo casi un niño, alguien lo llamó para que dejase su Santpedor natal y fuese a formarse, él también, como jugador en La Masía. Todo queda en casa, y ésa es una de las claves de que lo ganen todo.

Víctor Valdés, Carles Puyol, Gerard Piqué, Pedrito Rodríguez, Sergi Busquets, Bojan Krkic, Jeffrén Suárez, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Lionel Messi, Josep Guardiola… Aprendieron a jugar al fútbol en la Masía y hoy han hecho historia. No es la Historia de los libros; no es la que cambiará el destino de la humanidad y acabará con el cambio climático. Pero sí es lo bastante grande como para llenar de alegría a millones de almas amantes del buen fútbol. Visca el Barça i visca el fútbol.

Imagen tomada de fcbarcelona.enla.net.

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