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No es fácil pasar a la historia como tenista profesional cuando tienes 28 años, eres el 148 del mundo y no has ganado nunca nada importante.

El tenista francés Nicolas Mahut lo consiguió hace sólo unos días.

Dicen que todas las personas tenemos derecho en la vida a unos minutos de fama, de gloria universal. Pero casi nadie lo consigue. Hay que ser muy bueno/a. O tener muchísima suerte (buena o mala). O cometer una barbarie. ¿Cómo, si no…?


Nicolas Mahut

Nicolas Mahut no se lo propuso, no contaba con ello. No fue algo premeditado. Sin embargo, de la forma más genial y sorprendente, pasará a los anales del tenis mundial por haber jugado el partido más largo de la historia.

Su rival, John Isner, a pesar de ser algo más joven y exitoso, tampoco ha hecho ni hará en su vida otra proeza semejante. Wimbledon, 22 al 24 de junio de 2010: 11 horas y 5 minutos de partido, 183 juegos disputados, 215 aces… Dicen que cuando acabó el partido la persona más feliz era Mohamed Lahyani, el sufrido juez de silla. El partido que tenía el récord anterior había durado casi 5 horas menos; casi la mitad de tiempo.

Curiosamente, a pesar de acabar perdiendo el encuentro, Nicolas Mahut consiguió otro récord sorprendente: el de mayor número de puntos ganados en un partido, con 502. Nadie consiguió nunca ganar tantos puntos. Ni Sampras, ni Navratilova, ni Borg, ni McEnroe, ni Federer… nadie supera a Mahut.

Son las maravillas del azar. Las sorpresas de un juego pensado para que ocurra lo normal y no lo extraordinario. Mahut y Isner consiguieron varios hitos irrepetibles y mucho más interesantes y trascendentes que ganar el torneo (que, al fin y al cabo, alguien consigue todos los años). No subirán a recoger ningún trofeo, porque su logro no estaba previsto, y ahí reside precisamente su genialidad.

Nicolas Mahut escapó de la mediocridad y consiguió sus minutos de gloria. Su foto en las portadas, su imagen en los telediarios, su nombre en los trending topics… y esta entrada en el hormiguero.

Imágenes tomadas de Wikipedia y wimbledon.org.

Actualización. Vale la pena ver este video (en inglés) sobre el partido, con un resumen de lo ocurrido y el abrazo y las palabras finales de los jugadores. Y un nuevo dato sorprendente y mágico: el partido pudo haber acabado mucho antes; hubo hasta 5 bolas de partido y todas del lado de Isner. Mahut se defendió durante horas, para acabar perdiendo el partido y ganando la inmortalidad.

patriota
(Del gr. πατριώτης, compatriota).
1. com. Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.

(del diccionario de la R.A.E.)

Escribo esta entrada pocas horas antes de que el ciclista Carlos Sastre se proclame vencedor del Tour de Francia 2008, después de una exhibición fantástica subiendo a Alpe d’Huez y de una gran contrarreloj final. Todos los telediarios elogian su hazaña y rememoran otras grandes actuaciones de deportistas españoles en los últimos tiempos: los Tours de Pereiro y Contador, el Mundial de baloncesto, el Giro de Contador, los triunfos de Nadal en Roland Garros y Wimbledon, la Eurocopa de fútbol, etc.

Suelen ser ocasiones en las que los españoles/as nos sentimos identificados/as con los deportistas, y hacemos un poco nuestros sus triunfos. Abrazamos nuestra vilipendiada bandera y nos sentimos patriotas por un día. Pero, ¿y ellos? ¿Son patriotas nuestros deportistas?

Un caso paradigmático, que recuerdo con especial intensidad, es el de Arantxa Sánchez Vicario. La tenista barcelonesa solía jugar luciendo una muñequera con la bandera española. Llevó nuestra bandera y nuestro orgullo de pista en pista, y llegó a ganar cuatro Grand Slam y casi 17 millones de dólares (según figura en la Wikipedia). También recibió el Premio Príncipe de Asturias, y, al parecer, existe una propuesta de poner su cara en las monedas de euro (!!). Pero al mismo tiempo, Arantxa despreciaba vilmente a nuestra nación: tenía su residencia fiscal en Andorra, nuestro vecino paraíso fiscal. No pagaba impuestos en nuestro país, sus multimillonarios ingresos no contribuían a crear riqueza en España, ella quiso evitarlo. ¿Es eso lo que haría una patriota, una “persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”? Desde luego que no.

Alguien dirá que tal vez su familia era rica (yo lo ignoro), que estudió en colegios privados y no se benefició de los servicios públicos, que todo en su carrera lo consiguió con su esfuerzo personal y el de su familia, que no debía nada, en definitiva, a este país… Vale, pero entonces que se quite esa muñequera, y se ponga la bandera de Andorra o una foto de su madre.

No quisiera ensañarme con este personaje en particular. La idea para escribir este post me vino de un artículo en eleconomista.es en el que se citaba a una serie de deportistas españoles que fijan su residencia en el extranjero y no pagan aquí sus impuestos. La lista era larga: Carlos Moyá, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, Fernando Alonso… No diré que son unos tramposos indecentes; sí digo que no son, en absoluto, patriotas. La excepción es Rafael Nadal, de quien decía el artículo que “tanto él como su familia tienen claro que los beneficios y los impuestos se quedan en España“. ¡Bien por Rafa!

Para mí un patriota es quien vive honestamente y contribuye, según sus posibilidades, al bienestar de su comunidad. No hace falta ser rico ni famoso; hacen falta decencia y dignidad. Y personalmente, estoy dispuesto a reconciliarme con nuestra bandera en la medida en que dejemos de identificarla con la “unidad de España” o el hostil orgullo patriotero o xenófobo, y simbolice para todos/as un lugar donde vivir sabiendo que hay derechos que se respetan y solidaridad reglamentaria. Los colores y la Historia me dan igual; me preocupan las personas, hoy.

Imágenes: Prisacom, tomada de as.com, y C.C., tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.