Me gustó el póster y me quedé con el nombre del artista. Estaba colgado en la pared de una moderna cafetería granadina. Me recordó, salvando las distancias, a los ambientes de escenas americanas de Edward Hopper, pero con caras famosas. En otra zona del local tenían éste:
Del autor no he encontrado buscado gran cosa en la red. Según cuentan aquí, Chris Consani ha trabajado haciendo carteles de películas y portadas de discos. Ahora se dedica a publicar pósters y trabaja también para los estudios Dream Picture. A mí me encanta la mezcla explosiva de carácter y talento en estas escenas imposibles sobre decorados tan añejos y cinematográficos.
Las imágenes están tomadas de la página de AllPosters.com donde venden estos y otros pósters de Chris Consani.
Me enteré de este proyecto a través del podcast de cine 00Podcast. El Cosmonauta es una película de la que acabo de hacerme productor por sólo 2 € (soy el 1383). A cambio mi nombre saldrá en los títulos de créditos y me mandan algo de merchandising.
Hay varios aspectos que hacen especial a esta película, que está todavía en fase de recaudación de fondos:
Crowdfunding. La película se financia con la aportación de cualquier persona interesada en participar.
Creative Commons. Todos los contenidos de la película estarán licenciados bajo Creative Commons. Cualquiera puede distribuirla, copiarla, remezclarla o utilizar alguna de sus partes gratuitamente.
Distribución por Internet. La película se estrenará en Internet de forma gratuita y en HD.
Transparencia. Todas las actuaciones de los responsables del proyecto (modelo de negocio, etc.) son públicas.
¿Y cómo se consigue que esto sea rentable? Pues recibiendo aportaciones desinteresadas, eliminando intermediarios, mediante la venta de productos relacionados… en definitiva, con imaginación y haciendo un uso inteligente de las nuevas tecnologías.
Es una estupenda muestra de cómo mirar hacia adelante, de cómo inventar y descubrir la forma en que se harán o deberían hacerse las cosas en el futuro, prescindiendo de empresas intermediarias que han dejado de ser necesarias y compartiendo la creación para uso y disfrute general. Seguro que ahora a todos se nos ocurre pensar en esos llorones trasnochados que prefieren exigir derechos en fase de extinción antes que mirar a su alrededor y descubrir que el mundo en el que viven ya no es territorio para sus negocios caducos. Espero que esto haga daño de verdad a todas las SGAEs y empresas intermediarias del negocio de la cultura. Porque esto sí es el principio de su fin, mucho más que lo que ellos llaman piratería.