Me enteré de esta iniciativa esta mañana a través de la entrada de Pepe Muñoz en su fantástico blog Algo más que números. Makiko es una muchacha japonesa que vive en Madrid desde hace un año. Conmocionada por los desastres que está sufriendo su país, ha creado un blog desde el que propone que le mandemos 1000 grullas de origami (papiroflexia) para que ella las reenvíe a quienes lo están pasando mal en Japón.
Mi cutre contribución al proyecto de las 1000 grullas
Para ayudarnos ha grabado un vídeo explicando cómo se hace la grulla. Yo he hecho la mía siguiendo sus instrucciones, y desde luego no me ha quedado como a ella, pero es que la tía tiene un arte que no es normal:
Makiko cuenta que en su país hacen 1000 grullas para pedir un deseo. No sabía de ninguna simbología de la grulla, pero sí conozco al bicho. Y es cierto que migran y a nuestro país llegan en invierno en grandes bandadas (de 1000 o más), emitiendo el escandaloso “gru-gru-gru” al que deben su nombre. Hace unas semanas estuvimos viéndolas en la zona del Alto Guadiato (Córdoba), y les hice algunas fotos.
La dirección para enviar las fotos de grullas es las1000grullas(arroba)gmail.com, y lo cierto es que ¡la lista ya va por más de 1600!
Por primera vez, que recuerde, en más de 5 años he pasado un mes y pico sin postear nada en este hormiguero. La razón tal vez tenga algo que ver con el título de esta entrada, en la que me propongo reflexionar -ahora que tengo un rato- sobre algunos aspectos del uso actual de internet para la comunicación.
Al principio había webs estáticas y chats. Así era internet como casi todos/as la conocimos hace entre 10 y 15 años. La única forma de comunicación con otras personas, por tanto, eran las salas de chat. Las había de muchos temas, que no dejaban de ser simples eufemismos para esconder lo que todos y todas buscábamos en ellas: ligar.
También existía ya el correo electrónico, que fue ganando en importancia a medida que más y más personas tuvieron su dirección.
Bueno, y había también en la web tímidos intentos de bidireccionalidad, como los foros o los libros de visitas.
Después se popularizaron los programas de mensajería instantánea. El “mésenyer”. Ya escribí una vez sobre ellos. Si no eras un adolescente o vivías muy lejos, solían convertirse en una fantástica forma de malgastar el tiempo.
Llegaron los blogs. Quienes blogueamos desde hace tiempo podemos recordar una etapa inicial en la que parece que nadie te va a leer nunca, y cada comentario es un tesoro. Después despegas y empiezas a crecer. Y te integras, de alguna forma, en una pequeña comunidad de blogueros/as con quienes compartes visitas, enlaces, comentarios… Esa pequeña fiebre de éxito pasa y, si tu blog sobrevive, acaba convirtiéndose en algo que forma parte de tu vida, aunque no sea prioritario en ella. Al menos esa ha sido mi experiencia.
Lo siento, Leonard. Yo estoy en FaceBook y tú en MySpace… Esta relación ya no me sirve.
Porque, entretanto, aparecieron las redes sociales. Y por alguna razón se fueron abriendo camino hasta convertirse en la forma de comunicación preferida por la inmensa mayoría. Bueno, por muchas razones, en realidad, y a eso voy. Tengo una amiga, Elisa, que escribe a diario en Facebook lo que en un blog podrían ser publicaciones de éxito. Pero no le interesa abrir un blog. ¿Por qué?
Las redes sociales te garantizan que lo que escribes será leído por quienes te interesa que lo lean. Vale; mi texto no llegará a un jubilado de Albacete, o a una niña de Chiapas (Mexico), pero lo van a leer mis colegas, con toda seguridad, y hoy mismo.
Porque en las redes sociales todo es inmediato. No tienen la rapidez de un chat, pero casi. Los envíos se suceden y se acumulan, formando conversaciones en tiempo real.
Las redes sociales ofrecen la sensación de que lo que escribes no llegará a quienes no deseas que lo vean. Hay mucha confusión al respecto, mucha falsa privacidad, pero -en definitiva- a priori se te ofrece la posibilidad de que sólo quien tú deseas acceda a tus contenidos.
Las redes sociales están pensadas “para que las sepa usar incluso tu madre” (o tu padre). Publicas un vídeo de Youtube con un click, subes tus fotos fácilmente desde cualquier aplicación, localizas decenas de personas en un santiamén, etc.
Las redes sociales no requieren posteos largos ni sesudos. ¿Tienes una buena idea? ¿Un pensamiento ingenioso, divertido, brillante? Puede ser poca cosa para dedicarle una entrada en un blog, pero es ideal para los 140 caracteres que permite Twitter.
Las redes sociales te permiten fingir. No es una buena idea, en mi opinión, pero puedes simular que eres otra persona. Es más, hay quien dice que eso es incluso lo normal, como una forma de adaptación al contexto, de la misma forma que te adaptas en una fiesta o en un funeral.
Las redes sociales se administran solas. No se caen, no se borran, no hay que diseñar ni elegir una plantilla, no se crean ni se destruyen; estaban ahí antes de que tú llegaras y seguirán aunque las ignores.
Las redes sociales te acaparan, te absorben, tiran de ti, te ofrecen más y más cosas a cambio, tan solo, de que tú les dediques más y más tiempo.
No sabemos cómo nos comunicaremos dentro de 5 años, por ejemplo, pero ahora lo hacemos con redes sociales. Si estás leyendo esto, si has llegado hasta aquí, seguramente es porque viste un enlace en Facebook o en Twitter. El RSS es un monstruo que ya a casi nadie interesa. Pero sobre eso escribiré en otro post…
Aunque no se aprecie, he estado hurgando varios días en las tripas de este hormiguero. Actualicé el tema Connections, en el que estaba basado, a Connections Reloaded, la última versión, creada por Ajay D’Souza. Así que he estado muy entretenido haciendo en los diversos archivos y hoja de estilo del tema todas las transformaciones para adaptarlo y que tenga el aspecto tradicional de este blog.
El cambio era necesario porque el tema antiguo no estaba adaptado a las nuevas versiones de WordPress, que manejan de forma diferente las entradas (y sobre todo los comentarios) y permiten un control mucho mayor desde el Dashboard (panel de control) de muchas opciones del blog, lo que evita tener que bajar a editar el código.
De paso he aprovechado para hacer algunos leves cambios estéticos y añadir un par de plugins. Ahora cada post tiene debajo una serie de enlaces que permiten publicarlo en redes sociales, enviarlo por email, o convertirlo en PDF para imprimir. Y las entradas con muchos comentarios, como la de los jaboneros, se leen más fácilmente porque estos se “paginan” en grupos de 20.
He creado una nueva página, Lo más leído, que muestra una lista con los posts más leídos del hormiguero. Ahora la cuenta de veces que una entrada es vista se realiza sólo cuando se muestra ese post únicamente (y no cuando aparece junto a otros en la portada o al hacer alguna búsqueda, como ocurría antes).
Tal vez el código tenga algún error que se me haya escapado. Si lo encontráis, o tenéis alguna propuesta para mejorar la lectura (colores, tamaño de textos, etc.) os agradeceré mucho que me lo digáis.
Un abrazo de este hormigo; os deseo un feliz, dinámico y provechoso año 2010 a todos/as.
Fue lo que le dijo la tía Filomena a mi madre, con su acento de Jaca, cuando vio por primera vez un lavavajillas.
Estuve este fin de semana en Sevilla, asistiendo al Evento Blog España (EBE), que sus organizadores denominan “la gran cita nacional para blogueros y profesionales de la red”. El Evento tiene lugar anualmente desde 2006. Por diversos motivos mi asistencia fue muy dispersa, pero pude aprovechar la circunstancia de que la reunión se encontrara en medio de mi viaje Granada – Huelva.
Foto de josealoly (@jochimet)
Madrugué el sábado para ver la mesa de Blogprofesores. Fue una breve pero refrescante sesión, fruto del empeño de Juanma Díaz por hacer presente la educación en este evento sobre blogs. Intervinieron María Barceló, Lola Urbano y Juanjo Muñoz, tres profesores/as comprometidos e ilusionados en dar nuevos aires a su labor educativa, por medio, entre otras cosas, de las TIC. Esto no es una etiqueta, lo sé porque a algunos los conozco de hace tiempo. Hablaron de blogs, de sus experiencias, de software libre… Alguien echó de menos que hubiera más tiempo para mostrar usos concretos de los blogs en el aula. Tal vez el próximo año.
Fue lo más “normal” del EBE. Me explico: nunca había visto tanto geek junto. Me recordó a la sensación, cuando asistí al primer Doctor Music Festival, de estar viendo más gente fumando porros que en toda mi vida. En el EBE había una densidad de iPhones, netbooks, etc. por metro cuadrado cientos de veces superior a la de la calle. Había smartphones que hasta ahora sólo había visto en blogs tecnológicos, portátiles con manzana por doquier, camisetas frikis por todas partes… Sí, yo iba con mi iPhone, igual que me fumé algún canuto en el D. M. Festival, pero normalmente mi teléfono es la excepción. Por cierto, me hizo ilusión saludar a José y Valen, de Macniacos, uno de mis podcasts de cabecera.
Uno se cree que está en el mundillo de los blogs porque ha leído algunos chascarrillos sobre Enrique Dans y escucha Kafelog de vez en cuando. Pero no. Hay cientos de blogs y podcasts circulando de los que no tenía ni noticia. Había un grupito de muchachos con camisetas donde se leía flapa. ¿Qué será eso?, pensé. Pues resulta que han ganado el Premio Bitácoras al mejor blog del público, son sevillanos, y tienen un blog de humor muy muy currado. Pues así todo.
Una última reflexión. En lo que pude asistir a las distintas sesiones se habló poco de blogs. Los temas candentes eran el futuro de las redes sociales, la seguridad y privacidad en las redes sociales, el modelo de negocio de las redes sociales… Facebook se lo come todo. Esa empresa que nos acoge para que seamos amigos y nos demos abrazos virtuales y después se queda con nuestras fotos es lo que pita. Y, desde luego, Twitter. Pero es otra historia. La mayoría de mis amigos se empeña en invitarme a estupideces en Facebook, pero casi ninguno tiene cuenta en Twitter. En el EBE no existes si no llevas una @ delante de tu nombre. Si tía Filomena levantara la cabeza…
A los humanos, cuando contamos, nos resulta un hito llegar al número 1000 porque supone empezar a escribir las cantidades con 4 cifras (en lugar de con 3). Es una consecuencia de utilizar un sistema de numeración decimal, lo que a su vez es consecuencia de que tengamos 10 dedos en nuestras manos.
Bien, pues teniendo en cuenta esta humana dilección me complace celebrar que la comunidad jabonera de este hormiguero ha llegado recientemente al comentario número 1000 en la entrada Haciendo jabón. ¡1000 comentarios en una sola entrada! Ya escribí hace un tiempo sobre este fenómeno para mí extraordinario. No es exagerado llamar comunidad jabonera a este grupo de lectores/as que espontáneamente han ido formando una reunión de colegas/compañeros/amigos en torno a la fabricación de jabón casero, pero que ha trascendido en algunos casos a lo personal. Tampoco es exagerado decir que si alguien menos perezoso que yo se encargase de recopilar el montón de recetas de jabón que se han ido publicando en los comentarios de ese post se tendría una magnífica colección de útil sabiduría popular… ¿Alguien se anima?
La sección de comentarios de un blog no es el lugar más adecuado para un foro de este tipo, pero ya se intentó crear un grupo de Google y no tuvo mucho éxito. La familia de jaboneros sigue reuniéndose en este hormiguero, lo cual, desde luego, me encanta. Además el dios Google sigue trayendo a nuevos curiosos/as del jabón casero, y el grupo se renueva.
Amigos/as jaboneros, quieros daros 1000 gracias por vuestro buen rollo y felicitaros a todos/as en esta conmemoración. Sois, como mínimo, la comunidad más aseada de la blogosfera. Espero que sigamos leyéndonos al menos durante 1000 comentarios más.