Escribí un comentario hace unos 3 ó 4 años en un blog donde preguntaban cuál sería para los lectores el dispositivo portátil perfecto. Para mí lo ideal sería -escribí- un dispositivo que me permitiese llevar en una sola pieza los tres que llevo siempre el el bolso: un teléfono móvil, una PDA y una cámara de fotos. Ha pasado mucho tiempo, pero el iPhone 4 -que me compré hace unos días- es el primer gadget que se ajusta a todos aquellos requisitos (a mi anterior iPhone 3G le faltaba calidad en la cámara de fotos). Recuerdo que en aquel comentario mencionaba que el gadget perfecto tendría también un chip GPS y un navegador con indicaciones de voz; los iPhone lo permiten, pero no funciona como un TomTom de “toda la vida”.

Del iPhone 4 sorprende la nitidez de la pantalla. Literalmente no ves los pixels, y hasta las letras más pequeñas se ven perfectamente redondas y lisas. Y los colores son impresionantes.

Pero lo que más esperaba de este nuevo teléfono era su cámara, y no me ha decepcionado. Tiene un led (no es un flash) para iluminar motivos oscuros, hace fotos a 5 Mp y graba vídeo en HD. Todo esto no significa mucho si la óptica no es buena. Pero lo es. Permite enfocar objetos muy cercanos y ajustar el enfoque a la zona que se desee  marcándola con el dedo en la pantalla.

En cuanto a la exposición, la última versión del firmware trae una novedad muy interesante (que es, en realidad, el motivo de este post): el “High dynamic range” o HDR. Seleccionando la opción HDR al tomar una foto, la cámara del iPhone hace en realidad tres exposiciones con diferentes aperturas, de forma que el resultado final tenga en cada zona el nivel de iluminación más adecuado.

Veamos un ejemplo. Ayer hice una prueba del HDR: una foto a contraluz en el salón de casa. La cámara te da como resultado la foto “original” y la imagen sometida (automáticamente) al tratamiento HDR. Ésta es la original:


Sin HDR

La foto es un completo desastre. La zona de la ventana está totalmente velada, mientras que el resto de la habitación aparece casi a oscuras. Demasiado contraste; no se ve nada. Tradicionalmente este problema se intenta paliar usando un “flash de relleno”: el flash permite una menor apertura del diafragma, con lo que la zona de luz queda menos velada, y a la vez ilumina mejor las zonas cercanas.

El resultado con HDR es más sencillo, y da una iluminación totalmente natural:


Con HDR

Me encantó el resultado, y, sobre todo, me encantó obtenerlo de forma automática. Qué aparatos tan inteligentes…

Todavía estoy aterrizando de las vacaciones. Este fin de semana he estado haciendo una selección de fotos para subir a Flickr. Pero me he ido de loco y he subido unas 350.

En fin, aquí dejo un slideshow. Se pude poner a pantalla completa, pero no es obligatorio tragárselas todas:

Aún tengo cosas por publicar del viaje. Pronto.

Aprovechamos parte de la mañana para visitar el claustro y el museo de la catedral de Urgell. Después nuestro camino de regreso por el Pirineo hacia el oeste nos llevó por Sort, el pueblo de la lotería.

Por la tarde visitamos las iglesias del valle de Boí: Barruera, Erill la Vall, Boí y Taüll. He visitado estas iglesias, muestras del primer románico llegado a Catalunya desde la Lombardía, desde hace años. Antes estaban casi abandonadas; ahora te cobran entrada pero a cambio están bien cuidadas, con escaleras a las torres, folletos informativos, etc.

Antes de llegar a casa hicimos una breve parada en Ainsa. Nuestro itinerario terminó en Jaca, en el mismo lugar que había comenzado 20 días antes. Habíamos salido por la carretera que va a Pamplona y regresamos por la que viene del este. La vuelta a la Península ha sido un recorrido de 5450 kilómetros, del que queda mucho por contar… Poco a poco.

Se echa de menos el mar. Nos hemos despedido de él en El Port de la Selva, cogiendo arena de su playa por última vez.
Paramos en Besalú, a admirar el puente medieval, y después en Ripoll para ver el monasterio.
Dormimos en La Seu d’Urgell. La catedral da nombre al pueblo y su obispo es uno de los príncipes de Andorra. Hemos hecho una breve excursión al principado, que, al fin y al cabo, también forma parte de la Península.

Nuestra primera parada del día fue en el monasterio románico de Sant Cugat del Vallés, junto a Barcelona. Nos ha encantado pasear por el claustro, entre capiteles deliciosamente esculpidos y magníficamente conservados.
Después hemos parado en Pals, ya en Girona. Un pueblo encantador, de calles y casas de piedra. Hemos hecho algunas compras.
Anochecía cuando hemos llegado al Cap de Creus, el punto más oriental de la Península, y desde el que se ve la silueta de tierras francesas. La sorpresa ha sido ver la Luna saliendo por el este, sobre el mar. Una gran despedida; mañana abandonamos ya la costa…

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