Echando un vistazo a la lista de temas que Bruce Springsteen & The E Street Band interpretan en cada concierto de su actual gira llegas a la conclusión de que puedes verlos todos sin que muchas de las canciones coincidan jamás de uno a otro, sin dejar de llevarte sorpresas con canciones casi olvidadas, versiones inesperadas, y, por supuesto, varias intensas horas de rock’n roll. No los he contado, pero si en cada concierto suenan unos 30 temas (!!) el repertorio total a lo largo de la gira abarca probablemente más de 100.

Por eso mi intento de recopilar aquí una predicción de lo que oiremos en el Camp Nou de Barcelona el próximo día 20 ha sido en vano. Me he limitado a juntar las canciones del último concierto (el del día 11 en Helsinki), que es el anterior a los cuatro que van a dar en España y con los que terminará la gira europea. Falta sólo el legendario Twist and Shout con el que cerraron en Helsinki, y del que no he encontrado en Deezer una versión por Springsteen:

Revisando las listas de los últimos conciertos he podido encontrar algunos puntos en común…

  • Últimamente arrancan con Night, del “Born To Run”, y, en todo caso, siempre lo hacen con un tema clásico.
  • Casi todas las canciones son de los álbumes hasta el “Born In The USA” (los mejores, claro) y de “Magic” (el último).
  • De “Magic” tocan Radio Nowhere, y dos o tres más de los más reivindicativos: Livin’ In The Future, Last To Die, Long Walk Home. También incluyen siempre The Rising.
  • Los bises, por supuesto, apoteósicos. Suelen arrancar con Girls In Their Summer Clothes, y después auténticas joyas: Born To Run, Rosalita, Dancing In The Dark, Thunder Road, Bobby Jean, e incluso Jungleland.
  • Acaban con American Land y Twist and Shout (¡como en los mejores tiempos!).

¿Se nota que espero ansioso el momento?

Salí esta mañana temprano a la calle. En varios sitios, y para mi sorpresa, gente de todo tipo hablaba del iPhone 3G, el nuevo teléfono de Apple que la compañía Movistar comercializa a partir de hoy en España para quien esté dispuesto/a a firmar con ellos un contrato de permanencia por dos años.

Me detuve detrás de un banco, donde un hombre de aspecto sabio meditaba mientras observaba los árboles y a la gente pasar. Un joven de aspecto geek se acercó y se sentó a su lado manipulando un objeto brillante…

GEEK: ¡Mira, el nuevo iPhone! Acabo de comprarlo; !qué pedazo de teléfono!

SABIO: Te veo muy feliz. ¿Qué tiene ese teléfono de especial?

GEEK: ¡Que sirve para todo!

SABIO: ¿Sirve para hablar con Dios?

GEEK: No, hombre, pero se conecta a Internet con tecnología 3G. Puedes descargarte música y muchos programas a gran velocidad.

SABIO: Oooh, qué interesante. Pon a descargar la banda sonora de este instante.

GEEK: No eso no puedo, pero puedo entrar en Google y encontrar lo que quiera.

SABIO: ¿Lo que quieras? Pregúntale a Google hacia dónde avanza la Humanidad.

GEEK: Mira, mira la pantalla. Es táctil, funciona sólo con los dedos, y puedes hacer zoom pellizcando…

SABIO: ¿Y siente tu cariño esa pantalla cuando la acaricias?

GEEK: Aquí me señala dónde estamos, por GPS con Google Maps. Y me puede indicar el camino hacia cualquier lugar.

SABIO: Dile que busque el camino hacia la felicidad.

GEEK: No, no puedo, necesitaría las coordenadas. Pero se pueden ver películas; tiene una pantalla panorámica de 3,5 pulgadas y 320 x 480 píxeles de resolución.

SABIO: Sentado en este banco he visto pasar varias decenas de historias mucho mas reales e interesantes que tus películas, en alta resolución y sin dejarme la vista con esa pantallita.

GEEK: Oye macho, ya veo que pasas del tema, pero no sé por qué te cebas tanto en mi aparatito. A mí me encanta.

SABIO: Pues porque me quedan aún 2 meses de contrato con Vodafone, y hasta que los cumpla y me compre el iPhone necesito argumentos sólidos que hagan más llevadera la espera.

Estuvimos el otro día paseando en bici junto a la ría del Odiel por la Avenida Francisco Montenegro, de Huelva (España). Estrenábamos el nuevo paseo construido a lo largo de la orilla por la Autoridad Portuaria de Huelva. Lo de “estrenar” no está mal dicho porque, aunque el carril lleva abierto unos meses, apenas lo usa nadie, así que está nuevo.

De hecho, en el tiempo que estuvimos por esa zona (casi una hora) y a lo largo de todo el trayecto de ida y vuelta (casi 8 km) vimos sólo a 15 personas paseando y dos en bicicleta. Sí, las conté, porque no era normal que aquello estuviese tan desolado un viernes de verano por la tarde y con una temperatura ideal.

Y es que, aparte de otros motivos, hay una razón evidente para no frecuentar el paseo: avanza a escasos 20 ó 30 metros del polo químico. El Ministerio de Fomento (del que depende el Puerto de Huelva) ha hecho un buen intento de que los onubenses nos asomemos a la Ría, y mentiría si dijera que no me pareció divertido y entretenido. Pero tienes que ser tuerto, o caminar con un ojo cerrado, porque mientras a tu derecha puedes ver el atardecer sobre el agua y el P. N. Marismas del Odiel, a tu otro lado, a la izquierda, todo es asfalto, fábricas, chimeneas y humos. Lo mejor y lo peor de la ciudad, separados por este carril-frontera.

Me llevé la cámara e hice unas cuantas fotos. Las imágenes hablan por sí solas. Nos detuvimos junto a un grupo de agujas colinegras, que picoteaban en el barro acompañadas por varias ruidosas gaviotas reidoras. A nuestra espalda la carretera, y justo detrás la entrada a la factoría de Atlantic Copper, productora de ánodos, cátodos y ácido sulfúrico. En la siguiente foto se ve a varias gaviotas patiamarillas descansando en las rocas que bordean la salida de aguas de otra fábrica.

El contraste es exagerado. Y da mucha rabia ver arruinado ese paraíso que en tiempos fue el triángulo que separa las desembocaduras de los ríos Tinto y Odiel. Da rabia pensar que en él se construyera un polo químico, justo al lado de la ciudad, pero mucha más rabia da (al fin y al cabo aquéllos eran otros tiempos) que aún hoy en día el polo siga allí.

Llevo casi 4 años escribiendo en este blog. En este tiempo he tratado, algunas veces, temas polémicos, intentando ser comedido en mis palabras. La repercusión de lo que se lanza a la red es incalculable. Algo que escribes casi sin pensar una tarde desde el ordenador de tu casa puede llevarte a ser denunciado.

Siempre he tenido abiertos los comentarios, y prácticamente sólo borro los que son simple spam. He borrado algunos que contenían insultos o expresiones ofensivas contra otras personas. Hay otros que me “atacan” directamente a mí, y esos los dejo porque no me molestan demasiado. Duele mucho más una crítica sesuda que un vulgar insulto.

Ahora se ha dictado una sentencia en la que se condena a una persona exclusivamente por los comentarios en una entrada de su blog, los cuales vulneran “el derecho al honor de la Sociedad General de Autores (SGAE)”. En la sentencia se argumenta que Julio Alonso, el condenado, es el responsable de la creación del blog (merodeando.com), de la introducción de sus contenidos “y de la posibilidad técnica del control de los mismos”. En definitiva, que si puedes borrar los comentarios y no lo haces eres responsable de lo que en ellos se diga. Aunque, según argumenta el propio Alonso, respecto de los comentarios, la sentencia “da por probado que son difamatorios, pero no justifica cuáles lo son y porqué”.

No hay apenas jurisprudencia; esta condena lo es en primera instancia y Julio Alonso la va a recurrir. Da la impresión de que los jueces actúan a ciegas, copiando y pegando texto de sentencias anteriores dictadas por quienes aún tenían menos idea de qué hacer.

Se me ocurre que podrían condenarme (por ejemplo) por lo que en algunos comentarios de este hormiguero se dice sobre la empresa Tele2, se me ocurre que la SGAE es experta en granjearse el odio de los internautas (¡qué afán!), pero sobre todo se me ocurre que si los blogueros/as vamos a tener que empezar a censurar los comentarios que otros/as nos escriben esto va a volverse muy triste. Me siento agredido y me identifico con el condenado. Su causa es la de todos y todas quienes escribimos en un blog. Su defensa, como dice Rafa Osuna, es nuestra defensa.

Más información sobre la noticia en Referenta, en el blog de David Bravo o en  Merodeando, el blog de Julio Alonso. El cutre-banner es de soygik.

Tenía 15 años, y pasaba unos días en casa de unos amigos en Londres, cuando la selección española de fútbol jugó la final de la Eurocopa de 1984. Recuerdo que Arconada era mi ídolo en aquella época, así que la decepción con el gol de Platini y la derrota final fue inmensa.

Desde entonces hasta la pasada noche puedo recordar muchas muchas ocasiones en las que nuestra selección ha ejercido de triste Cenicienta en las fases finales de Mundiales y Eurocopas. Arbitrajes en contra, ocasiones fatalmente desaprovechadas, derrotas inmerecidas… Es un estigma de perdedores sempiternos que perseguía a este país en el que el fútbol es tema de conversación cotidiano y fuente de pasión primordial. Por eso anoche le dije a David: “Disfruta de esto, que tienes mucha suerte de haberlo vivido a los diez años… yo he necesitado 39″.

Por fin los españoles, a pesar de esos miles de complejos y disparidades que nos determinan (y que no se curan en un día), pudimos vestirnos orgullosos con una única camiseta para celebrar un gran triunfo de nuestra selección de fútbol. Me gusta ver a la gente feliz por la calle, en los balcones, en las azoteas, en los coches. Abuelas, niños, personas. Alguien dirá que es una frivolidad inconveniente en época de crisis y de necesarias reivindicaciones. Y seguramente tendrá razón, pero ¿qué ser mortal se resiste a tanta alegría intrascendente? Si vivo otra vida ya la dedicaré a cosas más importantes.

Y además está el fútbol. Inolvidable ver jugar a nuestro equipo. Quedarán, sin duda, en las retinas de quienes disfrutamos de este juego sorprendente, los vuelos de Casillas, las galopadas de Ramos, la seguridad de Marchena y Puyol, el omnipresente Senna, el cerebro organizador de Xavi, la creatividad de Iniesta y Silva, el toque de Fábregas, la habilidad goleadora de Villa, el gol de ayer del niño Torres… Y esa forma de mover el balón, la velocidad, la superioridad, esa organización casi perfecta. Hemos seguido a estos muchachos tantos días y nos han dado tantas alegrías que sólo queda echarlos de menos.

No conozco la causa de tanto infortunio pasado de nuestra selección, siendo favoritos año tras año hasta que llegaba al partido clave. El azar es caprichoso y nada impide tener mala suerte una y otra vez. Pero un día el guión tenía que cambiar, y ese día fue ayer. Hay que celebrarlo.

Imágenes: Prisacom, tomadas de as.com.

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