Sociedad


Dedico un poco de tiempo a la reflexión, en esta jornada de ídem…

Creo que los partidos políticos no se están enterando de nada. Están pendientes únicamente de cuestiones que parecen ya obsoletas: número de votos, de concejales o de escaños. Y me da la sensación de que eso ya no va a ser (solo) lo que cuente. El futuro se presenta, por esta razón, esperanzador.

A las personas de la calle les (nos) da más igual que nunca quién gane estas elecciones. De eso, precisamente, va el “Movimiento 15-M“. Porque gane quien gane, gobierne quien gobierne, el resultado viene siendo el mismo. Es algo que cada vez preocupa más únicamente a los políticos; solo sus vidas se ven realmente afectadas por esa victoria o derrota. Al resto de la gente nos trae sin cuidado.

¿Pero eso no es peligroso? ¿No es tirar piedras contra el propio tejado evadir la responsabilidad de decidir quién va a gobernarnos? La respuesta es no, y miles de personas en las calles y las plazas de este país (y de otros) lo están demostrando.

Me siento orgulloso de mi país. De formar parte de una comunidad que, lejos de aborregarse o resignarse, ha decidido luchar por hacerse dueña de su situación y de su futuro. La clave de este asunto, lo que nuestros políticos no alcanzan aún a ver, es que ESTO SÍ SIRVE. No sirve para ellos, pero sí para nosotros. Porque gobierne quien gobierne, cuando la gente esté en la calle, cuando el pueblo hable alto y con una sola voz, el poder estará ahí abajo, y no en las poltronas. No se puede callar la voz de las calles. Quien lo hiciera por la fuerza se transformaría en un Gadafi, y eso ni nuestros poderosos se lo pueden permitir.


Puerta del Sol, Madrid, mayo de 2011

Si somos capaces de salir así a gritar, a reclamar lo que es justo, dará lo mismo que sea rojo, azul o verde quien esté en el escaño apretando el botón. Porque tendrá que escucharnos.

Que se vayan enterando. Las viejas costumbres dejan de servir a marchas forzadas. Las Redes se extienden, la comunicación es la clave. Lo de antes funciona solo sobre el papel. Porque la realidad parece que va a ir siendo otra… y se parece un poco más a lo que significa la palabra democracia. ¿Será verdad? Ojalá.

Tuve la ocasión hace unos días de charlar personalmente con José Pablo Vázquez Hierro, el candidato de la Mesa de la Ría a la alcaldía de Huelva. Fue con motivo de la presentación de Dolo, mi amiga bloguera, de su segundo libro. Y resultó muy refrescante y esperanzador descubrir que alguien que aspira a gobernar la ciudad opine sobre sus problemas exactamente lo mismo que yo. Ahora no vivo en Huelva, pero sigo empadronado allí y le tengo un cariño muy especial.

Ya he hablado sobre la Mesa de la Ría en otras ocasiones en este hormiguero. Los objetivos de esta asociación, a la que pertenecí unos años, se resumen, en sus propias palabras, en el siguiente párrafo:

Su objetivo es que no se instalen nuevas fábricas contaminantes en la Punta del Sebo, para que no se consoliden nuevas industrias de este tipo en el entorno de Huelva, liberar este territorio para la ciudad tal y como firmaron todos los agentes sociales en 1991, la defensa medioambiental de la ría de Huelva, la demolición de la nueva central térmica de Endesa construida sin licencia, la inmediata paralización de los vertidos contaminantes de fosfoyesos a la marisma y la regeneración ambiental del estuario y las marismas del Tinto y del Odiel.

Hartos/as de no ser escuchados y de que las reivindicaciones ecologistas no tuvieran cabida en la práctica en el programa de ningún partido político, la Mesa de la Ría decidió dar un paso al frente y presentarse a las próximas elecciones municipales. Como le dije a José Pablo, “gracias a vosotros sé qué voy a votar”.

Una interesante alternativa, un soplo de aire fresco e independencia, un ejemplo de iniciativa y valentía en una época en la que todo lo relacionado con la política sabe rancio y suena mezquino.

Ilustro la entrada con esta canción, Química en el aire, que me llegó hoy de mi amigo Juan:

Enlaces:

Más sobre Huelva, su contaminación y la Mesa de la Ría en el hormiguero:

Me enteré de esta iniciativa esta mañana a través de la entrada de Pepe Muñoz en su fantástico blog Algo más que números. Makiko es una muchacha japonesa que vive en Madrid desde hace un año. Conmocionada por los desastres que está sufriendo su país, ha creado un blog desde el que propone que le mandemos 1000 grullas de origami (papiroflexia) para que ella las reenvíe a quienes lo están pasando mal en Japón.


Mi cutre contribución al proyecto de las 1000 grullas

Para ayudarnos ha grabado un vídeo explicando cómo se hace la grulla. Yo he hecho la mía siguiendo sus instrucciones, y desde luego no me ha quedado como a ella, pero es que la tía tiene un arte que no es normal:

Las 1000 grullas from Makiko Sese on Vimeo

Makiko cuenta que en su país hacen 1000 grullas para pedir un deseo. No sabía de ninguna simbología de la grulla, pero sí conozco al bicho. Y es cierto que migran y a nuestro país llegan en invierno en grandes bandadas (de 1000 o más), emitiendo el escandaloso “gru-gru-gru” al que deben su nombre. Hace unas semanas estuvimos viéndolas en la zona del Alto Guadiato (Córdoba), y les hice algunas fotos.

La dirección para enviar las fotos de grullas es las1000grullas(arroba)gmail.com, y lo cierto es que ¡la lista ya va por más de 1600!

(Escribí esta entrada hace 24 horas. Las noticias cambian tan deprisa y la alarma crece tanto, que he dudado si publicarlo o no. La tesis del post es que el riesgo de la radiactividad se exagera. Tal vez me equivoque; espero que no).

El desastre de la central nuclear de Fukushima está siendo demasiado cinematográfico como para no despertar en mí un montón de reflexiones y comentarios. Casi todos los cuales, por cierto, me sugieren lo estúpido y cobarde de la condición humana.

Como en un guión perfectamente estructurado, las noticias sobre la situación en la central nuclear japonesa han ido subiendo en nivel de alarma. No quisiera parecer frívolo ante lo que desde luego es una desgracia, pero sin duda la transición gradual, paulatina (casi calculada) desde la leve alarma hasta el pánico general parece digna del mejor Hitchcock.

Aún así, este hormigo no evita prestar atención primordial a los científicos, que son quienes más saben de esto, supuestamente, y quienes menos alarma parecen querer provocar. Si los expertos no se equivocan, el mayor problema de los japoneses en estos momentos no es, desde luego, la exposición de sus cuerpos a la radiactividad.

Porque aquí es donde veo yo lo mezquino de esta especie nuestra. Mientras Japón trata de sobrevivir, a duras penas, a un monumental terremoto, al devastador tsunami posterior, y a los cientos de réplicas que les han seguido, el resto del Mundo anda agobiadísimo con cuestiones del tipo: “¿Llegará hasta nosotros la radiactividad de Japón?”, “¿Son seguras nuestras centrales nucleares?”, “¿Soportarían un terremoto?”, “¿Hay que replantearse la producción de energía nuclear?”

¡Pero si el problema es que a miles de personas se las ha tragado el mar! ¿Por qué no alarma eso al resto del Mundo? ¿Por qué no se replantea la gente si será bueno para la salud vivir en la costa? ¿Por qué no se reúnen los dirigentes de nuestros países a analizar la viabilidad de Holanda o Benidorm? Todavía hay miles de personas desaparecidas y ciudades arrasadas. Pero al resto del Planeta parece que ya solo nos interesa si tiene grietas la vasija del reactor número 2.

Tenemos pánico a lo desconocido. A esa radiación misteriosa, fruto de las elucubraciones perversas de científicos locos. Radiación, lo que se dice radiación, es la que nos llega del sol, por ejemplo, a la que masivamente expone el personal sus cuerpos en la playa, a cambio de un bonito bronceado… y/o de un feo cáncer de piel.

Lo hemos visto recientemente en Indonesia o en Nueva Orleans. No se puede poner diques al mar. Tal vez un día se decida suprimir las centrales nucleares en Japón. Pero el mar seguirá periódicamente arrasando sus costas, como ha hecho siempre. Aprovechamos muy mal las energías disponibles. Nos volvemos locos para exprimir los escasos combustibles fósiles del Planeta mientras dejamos que nos arrasen los terremotos, el mar, las mareas o el sol.

La humanidad entera pendiente de si se refrigera el núcleo del reactor number 3. Ah, y mientras tanto Gaddafi campando a sus anchas.

Imagen tomada de elmundo.es.

Me considero un escéptico por naturaleza, y me da bastante rabia cómo se intenta (y se consigue) engañar a la gente a base de verborrea pseudo-científica. El otro día me encontré este expositor en El Corte Inglés de Granada:

Empecé a leer lo que anunciaban. Te lo ponen tan bonito, que casi entran ganas de probar las dichosas ecobolas de lavado. Hasta que llegas a la conclusión de siempre: sólo alguien que no tenga ni idea de lo que está hablando ha podido redactar esto. Porque uno, en su ignorancia, se permite dudar de que tenga sentido hablar de “tensioactivos ecolimpios”. Pero hasta un alumno/a de primaria sabe que enzimas se escribe con z.

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