Naturaleza


Este año el ineludible post de los girasoles, preludio jubiloso de las vacaciones de verano, viene con fotos prestadas. Isabel y Elisa cogieron a los girasoles en su mejor momento, cuando están grandes y abiertos, y se hicieron fotos entre ellos. Luego Elisa las subió a Facebook acompañadas de una bonita dedicatoria:

No podíamos permitir que acabase el curso sin sacar fotos de los girasoles, que tanto se han hecho esperar este año… no sé si le servirán a Carliños para el blog, pero lo hemos hecho con todo el cariño…

Pondría el enlace a las fotos, pero, como casi todo el mundo sabe, las URLs de Facebook no son públicas. La Red Social protege tus publicaciones de todo y de todos, excepto de sí misma. Porque, como casi todo el mundo sabe, cuando publicas en Facebook:

Para el contenido protegido por derechos de propiedad intelectual, como fotografías y vídeos (en adelante, “contenido de PI”) [...] nos concedes una licencia no exclusiva, transferible, con posibilidad de ser sub-otorgada, sin royalties, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Facebook o en conexión con Facebook (http://www.facebook.com/terms.php).

Así que, como ya le dije a Elisa, para darle las fotos a Facebook se las damos al mundo ;-)

Como siempre, aquí van los enlaces a los anteriores posts de los girasoles: 201020092008200720062005.

Tuve la ocasión hace unos días de charlar personalmente con José Pablo Vázquez Hierro, el candidato de la Mesa de la Ría a la alcaldía de Huelva. Fue con motivo de la presentación de Dolo, mi amiga bloguera, de su segundo libro. Y resultó muy refrescante y esperanzador descubrir que alguien que aspira a gobernar la ciudad opine sobre sus problemas exactamente lo mismo que yo. Ahora no vivo en Huelva, pero sigo empadronado allí y le tengo un cariño muy especial.

Ya he hablado sobre la Mesa de la Ría en otras ocasiones en este hormiguero. Los objetivos de esta asociación, a la que pertenecí unos años, se resumen, en sus propias palabras, en el siguiente párrafo:

Su objetivo es que no se instalen nuevas fábricas contaminantes en la Punta del Sebo, para que no se consoliden nuevas industrias de este tipo en el entorno de Huelva, liberar este territorio para la ciudad tal y como firmaron todos los agentes sociales en 1991, la defensa medioambiental de la ría de Huelva, la demolición de la nueva central térmica de Endesa construida sin licencia, la inmediata paralización de los vertidos contaminantes de fosfoyesos a la marisma y la regeneración ambiental del estuario y las marismas del Tinto y del Odiel.

Hartos/as de no ser escuchados y de que las reivindicaciones ecologistas no tuvieran cabida en la práctica en el programa de ningún partido político, la Mesa de la Ría decidió dar un paso al frente y presentarse a las próximas elecciones municipales. Como le dije a José Pablo, “gracias a vosotros sé qué voy a votar”.

Una interesante alternativa, un soplo de aire fresco e independencia, un ejemplo de iniciativa y valentía en una época en la que todo lo relacionado con la política sabe rancio y suena mezquino.

Ilustro la entrada con esta canción, Química en el aire, que me llegó hoy de mi amigo Juan:

Enlaces:

Más sobre Huelva, su contaminación y la Mesa de la Ría en el hormiguero:

Me enteré de esta iniciativa esta mañana a través de la entrada de Pepe Muñoz en su fantástico blog Algo más que números. Makiko es una muchacha japonesa que vive en Madrid desde hace un año. Conmocionada por los desastres que está sufriendo su país, ha creado un blog desde el que propone que le mandemos 1000 grullas de origami (papiroflexia) para que ella las reenvíe a quienes lo están pasando mal en Japón.


Mi cutre contribución al proyecto de las 1000 grullas

Para ayudarnos ha grabado un vídeo explicando cómo se hace la grulla. Yo he hecho la mía siguiendo sus instrucciones, y desde luego no me ha quedado como a ella, pero es que la tía tiene un arte que no es normal:

Las 1000 grullas from Makiko Sese on Vimeo

Makiko cuenta que en su país hacen 1000 grullas para pedir un deseo. No sabía de ninguna simbología de la grulla, pero sí conozco al bicho. Y es cierto que migran y a nuestro país llegan en invierno en grandes bandadas (de 1000 o más), emitiendo el escandaloso “gru-gru-gru” al que deben su nombre. Hace unas semanas estuvimos viéndolas en la zona del Alto Guadiato (Córdoba), y les hice algunas fotos.

La dirección para enviar las fotos de grullas es las1000grullas(arroba)gmail.com, y lo cierto es que ¡la lista ya va por más de 1600!

(Escribí esta entrada hace 24 horas. Las noticias cambian tan deprisa y la alarma crece tanto, que he dudado si publicarlo o no. La tesis del post es que el riesgo de la radiactividad se exagera. Tal vez me equivoque; espero que no).

El desastre de la central nuclear de Fukushima está siendo demasiado cinematográfico como para no despertar en mí un montón de reflexiones y comentarios. Casi todos los cuales, por cierto, me sugieren lo estúpido y cobarde de la condición humana.

Como en un guión perfectamente estructurado, las noticias sobre la situación en la central nuclear japonesa han ido subiendo en nivel de alarma. No quisiera parecer frívolo ante lo que desde luego es una desgracia, pero sin duda la transición gradual, paulatina (casi calculada) desde la leve alarma hasta el pánico general parece digna del mejor Hitchcock.

Aún así, este hormigo no evita prestar atención primordial a los científicos, que son quienes más saben de esto, supuestamente, y quienes menos alarma parecen querer provocar. Si los expertos no se equivocan, el mayor problema de los japoneses en estos momentos no es, desde luego, la exposición de sus cuerpos a la radiactividad.

Porque aquí es donde veo yo lo mezquino de esta especie nuestra. Mientras Japón trata de sobrevivir, a duras penas, a un monumental terremoto, al devastador tsunami posterior, y a los cientos de réplicas que les han seguido, el resto del Mundo anda agobiadísimo con cuestiones del tipo: “¿Llegará hasta nosotros la radiactividad de Japón?”, “¿Son seguras nuestras centrales nucleares?”, “¿Soportarían un terremoto?”, “¿Hay que replantearse la producción de energía nuclear?”

¡Pero si el problema es que a miles de personas se las ha tragado el mar! ¿Por qué no alarma eso al resto del Mundo? ¿Por qué no se replantea la gente si será bueno para la salud vivir en la costa? ¿Por qué no se reúnen los dirigentes de nuestros países a analizar la viabilidad de Holanda o Benidorm? Todavía hay miles de personas desaparecidas y ciudades arrasadas. Pero al resto del Planeta parece que ya solo nos interesa si tiene grietas la vasija del reactor número 2.

Tenemos pánico a lo desconocido. A esa radiación misteriosa, fruto de las elucubraciones perversas de científicos locos. Radiación, lo que se dice radiación, es la que nos llega del sol, por ejemplo, a la que masivamente expone el personal sus cuerpos en la playa, a cambio de un bonito bronceado… y/o de un feo cáncer de piel.

Lo hemos visto recientemente en Indonesia o en Nueva Orleans. No se puede poner diques al mar. Tal vez un día se decida suprimir las centrales nucleares en Japón. Pero el mar seguirá periódicamente arrasando sus costas, como ha hecho siempre. Aprovechamos muy mal las energías disponibles. Nos volvemos locos para exprimir los escasos combustibles fósiles del Planeta mientras dejamos que nos arrasen los terremotos, el mar, las mareas o el sol.

La humanidad entera pendiente de si se refrigera el núcleo del reactor number 3. Ah, y mientras tanto Gaddafi campando a sus anchas.

Imagen tomada de elmundo.es.

Estuve el fin de semana pasado con Javi y Cristina visitando el Centro Ornitológico “Francisco Bernis”. Acababan de inaugurarlo solo unos días antes.

La aldea de El Rocío tiene el privilegio de recibir a miles de visitantes. Es un lugar peculiar, un pueblo fantasma de casas construidas exclusivamente para la diversión y habitualmente deshabitadas. Los visitantes y peregrinos humanos acuden a ver a la Virgen; y cientos de aves acuáticas a alimentarse en los humedales.

La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha construido el observatorio de aves en la aldea. Con la Blanca Paloma a la espalda, el mirador se asoma a la marisma. Es un precioso balcón orientado hacia las aves, que seguramente atraerá a montones de curiosos ofreciéndoles otra perspectiva de lo que se puede disfrutar en El Rocío.

Hacía bastante frío, pero plantamos el telescopio y pasamos un buen rato viendo flamencos, espátulas, ánades reales y rabudos, patos cuchara, porrones, ánsares, moritos, avefrías, garzas y garcetas, fochas y cercetas comunes.

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