Música


Seguramente mis alumnos/as de 3º de ESO (a quienes nombro porque sé que leen este blog) no saben que antes del mundial de fútbol de México de 1986 no se hacía la ola en los estadios de fútbol. La ola empezó entonces como muchos recordamos; ellos no pueden, porque no habían nacido. Viene al caso este comentario, porque sin duda el mundial de Sudáfrica de este año será recordado por algo parecido: las pertinaces vuvuzelas.

Me encantan las vuvuzelas. No quiero que las prohíban. Quiero que se recuerde este mundial por ese sonido de fondo que se escucha en cada partido. Porque las imágenes de los partidos de fútbol son muy similares, pero las de este mundial llevan un zumbido de fondo que las hará inconfundibles para siempre.

Me gustan las vuvuzelas. Porque son el sonido del público. El sonido de la multitud. Una sola vuvuzela nunca se oiría en nuestros televisores. Es la contribución solidaria de miles de almas lo que oímos a miles de quilómetros, desde la comodidad de nuestros sillones europeos.

Me gustan las vuvuzelas porque son ruido sin ningún sentido. ¿Para qué sirve hacer ruido? Para nada, y para todo. Para que el mundo sepa que ahí está África, ese continente olvidado donde la gente tiene la piel negra y disfruta haciendo ruido. Que protesten los periodistas; que protesten Cristiano Ronaldo y Leo Messi; que proteste el mundo bienpensante al que este zumbido insistente pone nervioso. Esto es Sudáfrica y aquí los partidos son así; es el precio a pagar, como el jet lag o el cambio de estación si vienes del norte.

Es más; me encantaría que la costumbre se extendiera como una moda, igual que ocurrió con la ola de México ’86. Y que mis alumnos/as de 3º, a quienes dedico esta entrada, pudieran recordar y contar a sus hijos que vivieron el momento en que empezó a extenderse por el mundo entero el sonido de las vuvuzelas en los campos de fútbol.

Por cierto, sigue este enlace a una vuvuzela virtual, para poder hacer ruido desde tu propia casa. O cómprate una barata en eBay.

Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Hace tiempo que había oído hablar de Jamendo.com, pues es adonde que acuden algunos podcasters para poner música a sus publicaciones. Es un sitio donde escuchar y descargar música de forma libre y gratuita.

El caso es que necesito subir un par de temas para publicarlos en este hormiguero y tanto Goear como Deezer me han fallado al respecto, por distintos motivos.

Así que voy a ver qué tal sale en el blog este widget de Jamendo. Es un tema de un trío de Washington D. C., llamado Mercury in Summer.

La primera es un buen recuerdo de la adolescencia. La necesito de vez en cuando para relajarme:

La segunda me viene a la mente cada vez que sale el sol después de una tormenta. Desde hace años…

La tercera me recuerda a muchos lugares en los que la oí. ¡Cómo sobrevivir sin ella!

Tengo muchas más razones, pero con estas 3 es suficiente. Dicen en la sección de FAQs de Spotify que “lamentablemente, algunos artistas han preferido no unirse aún a Spotify, algunos artistas solicitados con frecuencia que no están incluidos en Spotify son Metallica, The Beatles, Pink Floyd, AC/DC, Led Zeppelin, etc.”

Cuando Spotify convenza a esos artistas para que se unan me convencerá a mí de pagar 10 € al mes. Mientras tanto seguiré escuchando sus anuncios con alguna canción de vez en cuando, y usando otros sitios muy interesantes como Deezer (del que ya hablé en este hormiguero) Goear o Grooveshark.

Se llama Pepe y baila flamenco con el grupo Media Luna de Pinos Puente (Granada). Pero su parecido con Nick Drake es notable:

Nick Drake gitano

Lo vimos bailar junto a la catedral de Granada con motivo del Día de los Gitanos Andaluces, el pasado 22 de noviembre. Publicar estas fotos me ha parecido una buena forma de comentar, de paso, que ésta es la forma como los artistas se ganan la vida: actuando.

Nick Drake gitano

Y recordar, una vez más, que la música es inherente al ser humano, y no desaparecerá jamás; ni en cinco ni en cien mil años. Desaparecerá el negocio de la distribución y venta de grabaciones musicales en disco tal como lo conocemos. No basta con tener derechos de autor para vivir y tumbarse a descansar; es como si un arquitecto pretendiese cobrar cada vez que alguien entra en los edificios que diseñó. Loquillo dice estar hasta los cojones de que se tenga esta visión tan nefasta de los músicos. Yo no sólo la tengo, además lo he puesto en mi lista negra de indeseables a los que no compraré ni un single más, junto a Ramoncín y Pau Donés, entre otros.

Se llama Trè Cool, es el batería de Green Day, y cada mañana me alegra el día. Conduzco aún medio dormido a trabajar y me anima la carretera con sus redobles, cortes y síncopas.

Ya les debía un post a los Green Day, uno de mis grupos favoritos desde hace años, y que nunca habían sonado en este hormiguero.

Recuerdo el día que escuché por primera vez a este trío californiano. Mi primera aventura como profesor, hace ya muchos años. Estaba en la sierra de Huelva, en una excursión con alumnos/as. Tuve que enseñarles a montar las tiendas, a la luz de linternas. Nunca olvidaré esa noche porque llovió sin parar y me desperté en la tienda con los pies dentro de un charco. Después dejó de llover, hicimos un fuego y lo pasamos muy bien. Aprendí a “cantar” fandangos de Alosno. Y descubrí a Green Day escuchando una cinta de Dookie, que acababa de salir.

Green Day

Ahora suelo llevar siempre algún CD de ellos “de guardia” en el coche. Los pongo cuando necesito conducir para relajarme. Siempre me suenan alegres. Solía asociarlos a los Jam o los Ramones, pero han llegado a recordarme a los Beach Boys. Lo reconozco, estoy enganchado a ese sonido de guitarra distorsionada y alma de rock’n roll. Siguen sacando discos, que nunca me decepcionan. ¡Qué buenos son!, digo a veces al volante en mitad de un tema, y Meli asiente convencida.

Les debo muchos buenos ratos, y ponerlos en mi Top 10 de grupos para llevar a una isla desierta o a cualquier parte. Muy recomendables.

Imagen tomada de greendayworld.es.

« Página anteriorPágina siguiente »