Música


La primera es un buen recuerdo de la adolescencia. La necesito de vez en cuando para relajarme:

La segunda me viene a la mente cada vez que sale el sol después de una tormenta. Desde hace años…

La tercera me recuerda a muchos lugares en los que la oí. ¡Cómo sobrevivir sin ella!

Tengo muchas más razones, pero con estas 3 es suficiente. Dicen en la sección de FAQs de Spotify que “lamentablemente, algunos artistas han preferido no unirse aún a Spotify, algunos artistas solicitados con frecuencia que no están incluidos en Spotify son Metallica, The Beatles, Pink Floyd, AC/DC, Led Zeppelin, etc.”

Cuando Spotify convenza a esos artistas para que se unan me convencerá a mí de pagar 10 € al mes. Mientras tanto seguiré escuchando sus anuncios con alguna canción de vez en cuando, y usando otros sitios muy interesantes como Deezer (del que ya hablé en este hormiguero) Goear o Grooveshark.

Se llama Pepe y baila flamenco con el grupo Media Luna de Pinos Puente (Granada). Pero su parecido con Nick Drake es notable:

Nick Drake gitano

Lo vimos bailar junto a la catedral de Granada con motivo del Día de los Gitanos Andaluces, el pasado 22 de noviembre. Publicar estas fotos me ha parecido una buena forma de comentar, de paso, que ésta es la forma como los artistas se ganan la vida: actuando.

Nick Drake gitano

Y recordar, una vez más, que la música es inherente al ser humano, y no desaparecerá jamás; ni en cinco ni en cien mil años. Desaparecerá el negocio de la distribución y venta de grabaciones musicales en disco tal como lo conocemos. No basta con tener derechos de autor para vivir y tumbarse a descansar; es como si un arquitecto pretendiese cobrar cada vez que alguien entra en los edificios que diseñó. Loquillo dice estar hasta los cojones de que se tenga esta visión tan nefasta de los músicos. Yo no sólo la tengo, además lo he puesto en mi lista negra de indeseables a los que no compraré ni un single más, junto a Ramoncín y Pau Donés, entre otros.

Se llama Trè Cool, es el batería de Green Day, y cada mañana me alegra el día. Conduzco aún medio dormido a trabajar y me anima la carretera con sus redobles, cortes y síncopas.

Ya les debía un post a los Green Day, uno de mis grupos favoritos desde hace años, y que nunca habían sonado en este hormiguero.

Recuerdo el día que escuché por primera vez a este trío californiano. Mi primera aventura como profesor, hace ya muchos años. Estaba en la sierra de Huelva, en una excursión con alumnos/as. Tuve que enseñarles a montar las tiendas, a la luz de linternas. Nunca olvidaré esa noche porque llovió sin parar y me desperté en la tienda con los pies dentro de un charco. Después dejó de llover, hicimos un fuego y lo pasamos muy bien. Aprendí a “cantar” fandangos de Alosno. Y descubrí a Green Day escuchando una cinta de Dookie, que acababa de salir.

Green Day

Ahora suelo llevar siempre algún CD de ellos “de guardia” en el coche. Los pongo cuando necesito conducir para relajarme. Siempre me suenan alegres. Solía asociarlos a los Jam o los Ramones, pero han llegado a recordarme a los Beach Boys. Lo reconozco, estoy enganchado a ese sonido de guitarra distorsionada y alma de rock’n roll. Siguen sacando discos, que nunca me decepcionan. ¡Qué buenos son!, digo a veces al volante en mitad de un tema, y Meli asiente convencida.

Les debo muchos buenos ratos, y ponerlos en mi Top 10 de grupos para llevar a una isla desierta o a cualquier parte. Muy recomendables.

Imagen tomada de greendayworld.es.

Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly
Our love was on the wing
We had dreams and songs to sing
It’s so lonely round the fields of Athenry.

Escuchando esta canción puedo cerrar los ojos y ver los campos de Irlanda pasar hacia atrás. Son verdes, muy verdes; tienen cercas de piedra y en ellos sólo se cultivan vacas y ovejas.

Profundamente orgulloso de todas sus cosas, Irlanda es un país dedicado a hacer música. Su música.

Calle de Galway

Todo pub que se precie ofrece música en directo a diario. Pequeños grupos locales interpretan viejos temas tradicionales que todo el mundo conoce. Puedes ver banjos, armónicas, violines, guitarras y acordeones. Incluso oímos tocar un arpa, que no por casualidad es el símbolo nacional.

También son muy cantarines. Los conductores de autobús de los tours de Paddywagon son auténticos chicos-para-todo, y solían interpretarnos canciones en ruta. También se canta en la calle. Casi cada rincón del centro de Dublín tiene una anécdota relacionada con los orígenes de U2, grandes héroes locales. También quien haya visto la película Once recordará esa música en las calles.

Taaffes Bar, Galway

En Irlanda se entiende fácilmente de dónde procede la música popular que todos escuchamos. De aquel folclore tan arraigado en gentes forzadas a emigrar que difundieron su música allá donde fueron. Irlanda puso la melodía, África el ritmo y América el suelo.

La irlandesa es una música popular, que cuenta historias sencillas y sirve para expresar emociones o simplemente divertirse. En Andalucía también tenemos eso mismo, pero este verano vengo lleno de aires célticos…

En el tiempo que llevo conociendo la ciudad, he ido viendo que Granada suele aprovechar y vender muy bien sus lugares más interesantes. Así, con motivo del Festival de Música y Danza que se celebra cada año, he visto espectáculos en el Palacio de Carlos V, en los Jardines del Generalife e incluso en el Patio de los Arrayanes de la Alhambra.

Y el otro día estuvimos viendo flamenco en el Corral del Carbón. Fue un espectáculo perteneciente a la muestra “Los Veranos del Corral“, en el que vimos cantar a La Susi y bailar a Pastora Galván.

Corral del Carbón

El Corral del Carbón es una antigua alhóndiga (almacén de grano) andalusí que data del siglo XIV. Posteriormente se utilizó como lugar de hospedaje para carboneros, corral de comedias y casa de vecinos. Y actualmente, además de sede de la Delegación Provincial de Cultura y otros organismos, es escenario de actuaciones y lugar de visita obligada para el turismo.

En mitad de su actuación La Susi expresó su alegría por volver a tocar en Granada y en un lugar tan especial: “cuando he visto este patio me he venido arriba”.

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