YouTube: la muerte del texto
Martes, 28 de octubre de 2008
Miguel se sienta delante del ordenador. Abre el navegador web pulsando en su icono y aparece la página principal de Google. Introduce la frase “cj” (por ejemplo) en el cuadro de búsqueda y pulsa Intro. Sale una lista de páginas y en ella dos “Resultados de video”. Miguel pulsa sobre el primero de ellos.
Así Miguel llega a la página de YouTube. Ya tiene lo más difícil. Ahora Miguel irá introduciendo otras combinaciones de caracteres inconexos en el cuadro de búsqueda y analizará los resultados obtenidos. Ponga lo que ponga siempre obtiene una lista de vídeos, cada uno de los cuales le conduce a otra lista de vídeos relacionados. Es una tarea laboriosa, pero que al final da sus frutos: Miguel encuentra los ansiados vídeos de Pressing Catch.
Podría haber llegado a ellos mucho antes… el problema es que Miguel tiene 12 años, padece síndrome de Down, y no sabe leer ni escribir (de hecho, ni siquiera conoce las letras del alfabeto).
La anterior historia, que es verídica salvo por el nombre del niño, anticipa, en mi opinión, una realidad no muy lejana: la muerte del texto. Las destrezas importantes pasan a ser otras. La interacción con la máquina se realiza por métodos audiovisuales, las palabras no son esenciales. La búsqueda puede ser casi exclusivamente visual; no es necesaria la escritura.
Habrá quien piense que perdemos valores esenciales en el camino. No lo sé. Lo cierto es que Miguel, que tal vez jamás sea capaz de buscar una palabra en un diccionario, llega sin ayuda a una información poco accesible, seguramente, para muchos/as sabios.
Por cierto, Woody Allen y yo, que pertenecemos todavía a la era del texto, tenemos también en común nuestra forma de entender las relaciones humanas. Nos diferencia que él tiene un arte extraordinario para comunicarla, y yo me limito a colgarla en la red como muestra de que YouTube es una joya también para los amantes de las palabras (hall+huevos):

De todo lo que había leído sobre Nick Drake hasta la fecha, esta biografía es la mejor documentada. Se nutre de todas las anteriores, pero también especialmente de entrevistas a 69 personas que conocieron a Nick (murió en 1974 a los 26 años). Y desde luego es muy reveladora, porque echa por tierra algunos mitos sobre el músico. Al parecer no es del todo exacta la visión de Drake como “el pobre muchacho tímido hasta lo enfermizo, que sufrió una depresión y tuvo que cobijarse en casa de sus padres donde pasó sus últimos años como un niño bueno hasta que murió prematuramente de una sobredosis de somníferos que tal vez tomó por error porque además era muy despistado”.
Las preguntas de Dolo son exclusivas e irrepetibles; no admiten respuesta, sólo son retazos de lirismo. Fragmentos de metáforas, de esas “mentiras divertidas” que las mentes positivistas, como la mía, intentamos disfrutar hastiadas de no entender. Dolo trata con ternura y concede capacidades humanas a todas las cosas, lo que las hace cercanas y entrañables. Le entran a uno ganas de consolar a las rectas paralelas, psicoanalizar a las patatas o envidiar a las palomitas de maíz.


