Letras


Miguel se sienta delante del ordenador. Abre el navegador web pulsando en su icono y aparece la página principal de Google. Introduce la frase “cj” (por ejemplo) en el cuadro de búsqueda y pulsa Intro. Sale una lista de páginas y en ella dos “Resultados de video”. Miguel pulsa sobre el primero de ellos.

Así Miguel llega a la página de YouTube. Ya tiene lo más difícil. Ahora Miguel irá introduciendo otras combinaciones de caracteres inconexos en el cuadro de búsqueda y analizará los resultados obtenidos. Ponga lo que ponga siempre obtiene una lista de vídeos, cada uno de los cuales le conduce a otra lista de vídeos relacionados. Es una tarea laboriosa, pero que al final da sus frutos: Miguel encuentra los ansiados vídeos de Pressing Catch.

Podría haber llegado a ellos mucho antes… el problema es que Miguel tiene 12 años, padece síndrome de Down, y no sabe leer ni escribir (de hecho, ni siquiera conoce las letras del alfabeto).

La anterior historia, que es verídica salvo por el nombre del niño, anticipa, en mi opinión, una realidad no muy lejana: la muerte del texto. Las destrezas importantes pasan a ser otras. La interacción con la máquina se realiza por métodos audiovisuales, las palabras no son esenciales. La búsqueda puede ser casi exclusivamente visual; no es necesaria la escritura.

Habrá quien piense que perdemos valores esenciales en el camino. No lo sé. Lo cierto es que Miguel, que tal vez jamás sea capaz de buscar una palabra en un diccionario, llega sin ayuda a una información poco accesible, seguramente, para muchos/as sabios.

Por cierto, Woody Allen y yo, que pertenecemos todavía a la era del texto, tenemos también en común nuestra forma de entender las relaciones humanas. Nos diferencia que él tiene un arte extraordinario para comunicarla, y yo me limito a colgarla en la red como muestra de que YouTube es una joya también para los amantes de las palabras (hall+huevos):

La fama no es sino un árbol frutal
Así de inestable.
Nunca puede crecer
Hasta que su tronco está en el suelo.

No suelo hacer críticas literarias en este blog, porque no es algo de lo que se sienta muy capaz este hormigo, pero con este libro sí me atrevo. La versión española se titula “En busca de Nick Drake” y lleva por subtítulo la frase “Más oscuro que el más profundo mar”, tomada de una de las canciones de Nick. Su autor es el crítico musical británico Trevor Dann.

A quien no conozca aún al cantautor, compositor y guitarrista inglés Nick Drake le recomiendo que se de una vuelta por lalunarosa.com, la web que dediqué a este artista hace ya unos años. Sobre la biografía “En busca de Nick Drake” había leído buenas críticas pero hasta ahora no la había leído. Lo primero que hice al recibir el libro fue buscar en la lista de sitios web recomendados en la última página: La Luna Rosa (en español) – www.lalunarosa.com. Ya sabía de esta referencia, pero me hizo ilusión verla. También en la introducción del libro, hablando del interés que suscita Nick Drake actualmente, se dice:”Existen seis páginas web, minuciosas hasta lo extravagante, una de ellas en español…”

En busca de Nick DrakeDe todo lo que había leído sobre Nick Drake hasta la fecha, esta biografía es la mejor documentada. Se nutre de todas las anteriores, pero también especialmente de entrevistas a 69 personas que conocieron a Nick (murió en 1974 a los 26 años). Y desde luego es muy reveladora, porque echa por tierra algunos mitos sobre el músico. Al parecer no es del todo exacta la visión de Drake como “el pobre muchacho tímido hasta lo enfermizo, que sufrió una depresión y tuvo que cobijarse en casa de sus padres donde pasó sus últimos años como un niño bueno hasta que murió prematuramente de una sobredosis de somníferos que tal vez tomó por error porque además era muy despistado”.

Trevor Dann presenta a un Nick Drake un poco más mundano. Es verdad que era muy tímido, pero en su época de estudiante en Cambridge pasaba sus días de bar en bar, escuchando y tocando música en lugar de estudiar, y hartándose de porros. Incluso entró por invitación a formar parte de una especie de “club de gandules”.

Según Dann fue el consumo continuado de hachís, y ocasional de otras drogas más fuertes, lo que llevó a Nick Drake a padecer una leve esquizofrenia, unido, por supuesto, a su lucha interior por proceder de una familia burguesa y tradicional que no veía bien su vocación musical y al hecho de que sus discos no se vendieran. Nick se sabía un genio, pero nunca supo promocionarse y jamás entendió por qué la gente no apreciaba su arte.

Un aspecto inequívoco en todos los testimonios a los que se refiere el libro es el cambio radical que da Nick Drake en los últimos años de su vida. Se volvió un ser distante, sucio, descuidado, inaccesible, casi patético. Sin duda estaba enfermo. Nadie esperaba su muerte, pero a nadie sorprendió. Su hermana Gabrielle siempre prefirió que su muerte por sobredosis fuese provocada y no accidental; le aterraba pensar que su hermano hubiese muerto queriendo vivir. Pero parece que Nick no quería vivir, y ésa es la tesis más fuerte en favor del suicidio.

Nick Drake cumplió su pronóstico, su tesis sobre la fama establecida en la canción “Fruit Tree”, que escribió cuando aún era un adolescente.

Árbol frutal, árbol frutal
Nadie te conoce, salvo la lluvia y el aire
No te preocupes
Se quedarán observándote cuando te hayas ido.

Árbol frutal, árbol frutal
Abre tus ojos a un nuevo año
Todos sabrán
Que estabas aquí cuando te hayas ido.

“Fruit tree”, Nick Drake

 ¿Y si un día la Tierra
nos denuncia
por malos tratos…?

En algún sitio he leído últimamente una idea que me pareció interesante: en este mundo moderno, tecnologizado y saturado de información, en el que basta con teclear una palabra en un campo de texto y darle al botón “Buscar” para tener una lista infinita de respuestas, cobran especial atractivo las preguntas, mucho más que las respuestas. Nos pasa, seguramente, como a aquel ermitaño del que cuenta una leyenda de tradición cristiana que corría por el desierto gritando “¡Tengo una respuesta, tengo una respuesta! ¿Quién tiene una pregunta?”

¿De qué se ríe el río
cuando pasa
por una cascada…?

Por eso me parece tan acertada la idea de Dolo al escribir su “Algarabía de preguntas”, un libro en el que plantea, como lanzados al aire, un montón de hermosos interrogantes, una colección de absurdas cuestiones que ningún google sería capaz de responder, porque forman parte del territorio de lo ilusorio (a ver cuando llegue la Web 6.0).

¿Les apetecerá
a las ciudades
irse a pasar el domingo
al campo…?

Algarabía de preguntasLas preguntas de Dolo son exclusivas e irrepetibles; no admiten respuesta, sólo son retazos de lirismo. Fragmentos de metáforas, de esas “mentiras divertidas” que las mentes positivistas, como la mía, intentamos disfrutar hastiadas de no entender. Dolo trata con ternura y concede capacidades humanas a todas las cosas, lo que las hace cercanas y entrañables. Le entran a uno ganas de consolar a las rectas paralelas, psicoanalizar a las patatas o envidiar a las palomitas de maíz.

¿De qué material
irrompible
está hecha la esperanza…?

Dolo es una amiga personal a la que dedico esta entrada, como ella me dedicó su libro, y escribe en el blog Gafas de cerca.

free music

Para la luz de la mañana y los buenos presagios nos dio la Naturaleza los besos, las caricias y el amor. Para las noches de lluvia, como ésta, aprendimos a protegernos inventando la poesía. O lo que sea.

Abril llora detrás de mi ventana. Es un consuelo saber que el cielo me comprende, que el viento y yo soplamos al unísono. De vez en cuando para la lluvia, y yo, también, aprovecho para respirar. Dirán los científicos que la lluvia limpia la atmósfera, así que confío en tener mi parte equivalente de alivio para la mierda de mis fábricas.

Dicen que hay flamencos que llegan a estas marismas volando varias horas, en un recorrido de cientos de quilómetros. ¿Alguien comprende por qué lo hacen? ¿Tiene sentido un viaje tan largo? ¿Hay redención para la estupidez?

Lo de los salmones sí que tiene delito. Remontan los ríos para procrear. ¿Inventó el amor un poeta maldito? ¿Puede haber algo más absurdamente romántico que ese viaje a contracorriente para dejar tu descendencia y jamás volverla a ver?

Creerá el poeta que su pena es grande, pero sólo el flamenco y el salmón saben apreciar el sufrimiento de la distancia. Soñará el bardo con cantar la oda más melancólica, pero los pájaros lloran sus trinos al amanecer mucho después de que él se haya dormido. Y así continuaremos, fabricando afanes y anhelos, tratando desesperadamente de desprendernos de lo simple en una vana ilusión por alcanzar algo sublime… que ha estado desde siempre subido en los árboles.

Todas las personas estamos asustadas.

Confío poco en mi inteligencia, en ese disfraz inédito de humanidad que utilizamos para esconder nuestros temores. Debería, se me ocurre desde dentro de esta moderna guarida 2.0, desatar la locura del flamenco, del salmón y del viento de abril, para hacer de la inmensidad de la distancia un senderito de flores, y llegar sin esfuerzo hasta ti, aunque sólo seas aire.

Aunque pueda parecerlo, éste no es un post sobre elecciones o política. Se me ha ocurrido hablar sobre uno de las expresiones más repetidas en los informativos en el día de hoy, y rendir un pequeño homenaje a un hombre, Gaspar Llamazares, que ayer repartió a los micrófonos un curioso neologismo.

Si yo fuera experto en lingüística y etimología lo que voy a decir a continuación me parecería una obviedad, o tal vez una estupidez. Pero como soy un profano en la materia (y la ignorancia es muy atrevida) me aventuro a hablar sobre el origen de las palabras. Creo que en el principio las palabras fueron simples onomatopeyas. Pero después, cuando ya había unas cuantas, las siguientes se formaron mediante metáforas. La metáfora es un invento genial, un fructífero logro de la imaginación humana. Gracias a ellas la capital es la ciudad que está en cabeza, el capitán es también el soldado que va en cabeza y un precipicio es donde caes con la cabeza por delante.

Esquema de un tsunami

Todo el mundo sabe lo que es un tsunami, o lo que era hasta ayer. Según la Wikipedia, tsunami es una palabra de origen japonés que significa maremoto y que viene del japonés tsu, “puerto” o “bahía”, y nami, “ola”, y literalmente significa gran ola en el puerto. Así que cuando Llamazares decía insistentemente ayer que su partido había sido arrollado en las elecciones por el tsunami bipartidista, se refería a que habían sido devastado, como por un maremoto, por la tendencia al bipartidismo fomentada en los medios de comunicación.

La palabra tsunami no está actualmente en el diccionario de la RAE. Supongo que se considera un extranjerismo. Pero sabemos que esas cosas pueden cambiar. Que si se utiliza habitualmente acabará en el diccionario. Y cuando lo haga, podría ocurrir, ¿por qué no?, que adoptara algún día también ese significado metafórico que le dio ayer Llamazares. Al fin y al cabo, actualmente un huracán es también un “suceso o acontecimiento que causa destrucciones o grandes males”.

Y cuando eso ocurra tal vez recordemos ese día, 9M de 2008, en que este hombre vencido pero íntegro se lamentaba de su derrota regalándonos una bonita metáfora.

Imagen tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.

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