Comer y beber


Cuando invitas a amigos/as a cenar sueles cocinar platos un poco especiales. No es habitual hacer una simple ensalada; parece algo demasiado simple. Pero puedes hacer que tu ensalada sea así:

buffet de ensaladas

La idea de hacer un buffet (bufé en español) de ensaladas nos la dio nuestra amiga Inma, cuando preparó una en su casa hace tiempo. Bueno, en realidad todos lo hemos visto en los hoteles y no tiene nada de particular. Pero en casa resulta divertido. Cada cual se prepara su plato; hay quien se muestra muy creativo.

Para la cena que hicimos en casa el sábado pasado compré un montón de verduras variadas y las puse en pequeños recipientes, junto con queso Feta, huevo duro… Había cosas tradicionales, como lechuga y tomate, y otras algo más exóticas, como rabanitas y aguacate. Para aliñar, aparte de aceite y vinagre, pusimos varios tipos de vinagretas y salsas para ensaladas (se pueden hacer caseras, pero también las venden ya hechas).

Muy recomendable como entrante. Nos encantó la idea. Se prepara fácilmente, es entretenido y colorista, y, desde luego, muy sano.

Me ocurrió hace unos días en un lugar de La Mancha (de cuyo nombre no quiero acordarme). Era la lista de tapas y raciones de un bar. Me hizo mucha gracia la traducción y le hice una foto con el móvil, que acabo de rescatar:

Por otra parte, hay que decir que la comida del sitio estaba muy buena. Me recordó a otra ocasión, en Toledo, donde traducían “Cocina típica” como “Kitchen typical”.

Bueno, y el próximo post intentaré que sea algo más sesudo.

Aprovechando el día de fiesta estuve esta mañana con Carlos cogiendo robellones (entrada de la Wikipedia en aragonés) y recordé que hace cuatro años, por estas fechas, abría por primera vez este hormiguero.

Me acuerdo bien de que mi primera entrada en el blog trataba sobre una cena con robellones (también recién cogidos) a principios del puente de la Constitución. De aquel hormiguero en acelblog.com no queda nada pues desapareció el servidor que lo alojaba junto con todo su contenido. Afortunadamente hay servicios milagrosos, como archive.org, que permiten viajar al pasado:

Cena de robellones

Hoy descubrí que en la provincia de Huelva también se dan (y en grandes cantidades) los robellones. Así llaman en mi tierra a esta seta (Lactarius deliciosus); también se conocen como níscalos.
Se asan a la plancha o a la brasa y se les pone aceite con ajo y perejil. Deliciosos.

Y debajo iba una imagen. Escrito el 5 de diciembre de 2004, !hace exactamente 4 años! Así que es hoy, precisamente hoy, el cumpleaños de este hormiguero (hasta ahora no lo sabía). Por cierto, hay más restos jugosos de aquel primer hormiguero en archive.org. Se perdieron las imágenes pero quedan los textos. Algún día debería dedicarme a rescatar aquellos escritos…

Dejo de recuerdo de este cumpleaños un par de fotos de la recolección de esta mañana. Tienen buena pinta, ¿verdad? Enseguida los probaremos ;-)

Hacía tiempo que no traía recetas culinarias a este hormiguero, pero ésta desde luego lo merece. Es una de esas recetas aprendidas de mi madre, quien a su vez la aprendió de mi abuela (y probablemente la mejoró): conejo al chocolate.

No haré una enumeración previa de los ingredientes porque es un poco aburrido, ni de las cantidades -salvo del chocolate- porque son las que cualquiera que tenga algo de idea de hacer un guiso imaginará.

Ponemos en una cazuela con aceite de oliva un poco de cebolla, ajo, perejil, zanahoria, una hoja de laurel, tomillo, romero y un conejo troceado. Se rehoga.

Dejamos que se haga despacio, sin añadir agua, durante unos 3/4 de hora.

Se fríe una rebanada de pan. Se machaca en el mortero el pan frito, junto con el hígado del conejo (que rescatamos de la cazuela) y unas 6 porciones de chocolate negro.

Ahora echamos en una sartén este mejunje recién machacado junto con el caldo de guisar el conejo y un poco de agua adicional. Se deja hervir unos instantes para que se deshaga bien el chocolate.

Y echamos ya todo a la cazuela del conejo, con un chorro de anís (o coñac), dejando que acabe de hacerse unos minutos. Al final se añaden unas almendras picadas (yo la última vez eché unos trocitos de castañas de la sierra y también quedó muy bien).

Conejo al chocolate

 

Sólo he comido este plato cocinado por mi madre y mi abuela (y por mí mismo). Tal vez tenga origen aragonés; mi abuela decía que era un guiso para liebre, para carne de caza. La salsa tiene un sabor exótico debido al chocolate, pero muy aromático y agradable. Y siempre sale bien. Delicioso.

Era una de las cosas que echaba de menos desde que vivo en Andalucía, y llevaba años queriendo recuperarla. Este fin de semana lo hice. Mi padre me mandó en una caja misteriosa un tupperware lleno de bolitas mágicas para hacer pacharán. Este año ha habido muchas endrinas por el Pirineo, y -dado mi empeño- me dio la sorpresa de enviarme unas cuantas de las que mi madre y él habían recolectado.

Arañones o endrinas
Arañones o endrinas

Las endrinas, que por el norte llamamos arañones, son el fruto de un arbusto llamado Prunus spinosa. Son unas bolitas moradas que se cogen en otoño cuando maduran. Recuerdo de mi infancia que las había a montones en las lindes de los caminos. Yo no les prestaba atención y me iba directo a las moras. Con los años y la moda del pacharán casero los arañones se fueron haciendo menos frecuentes.

Todo preparado para empezar
Todo preparado para empezar

Para hacer pacharán hay que meter un buen puñado de arañones en el fondo de una botella y rellenarla con anís. Éste debe ser un anís semidulce de unos 26º. En mi tierra lo comercializan especialmente para hacer pacharán. Aquí en Huelva me fue imposible encontrar el adecuado, pero hallé uno que se le parece bastante (creo). Hay quien añade a las botellas granos de café e incluso ramitas de canela. Yo prefiero poner sólo endrinas y anís.

Rellenando las botellas
Rellenando las botellas

Y ya esta. Queda dejarlo macerar durante unos meses (mejor si es un año). De vez en cuando se mueve un poco la botella para que se redistribuya el líquido, que pronto empieza a ponerse de color rosa fuerte. Cuando el pacharán esté hecho tomará un bonito color más oscuro y anaranjado. El pacharán casero está buenísimo sin hielo. Sabe mucho a fruta y poco a anís, y no es muy dulzón.

Ya sólo queda esperar
Ya sólo queda esperar

Tengo mis dudas de si habremos hecho el mejor pacharán. El anís era demasiado dulce y en algunas botellas mezclamos con un pacharán viejo que tenía con anís seco. Pero allí están las botellas envejeciendo, y mi esperanza intacta. Dentro de unos meses probaremos el resultado…

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