Arte


Me enteré de este proyecto a través del podcast de cine 00Podcast. El Cosmonauta es una película de la que acabo de hacerme productor por sólo 2 € (soy el 1383). A cambio mi nombre saldrá en los títulos de créditos y me mandan algo de merchandising.

Hay varios aspectos que hacen especial a esta película, que está todavía en fase de recaudación de fondos:

  • Crowdfunding. La película se financia con la aportación de cualquier persona interesada en participar.
  • Creative Commons. Todos los contenidos de la película estarán licenciados bajo Creative Commons. Cualquiera puede distribuirla, copiarla, remezclarla o utilizar alguna de sus partes gratuitamente.
  • Distribución por Internet. La película se estrenará en Internet de forma gratuita y en HD.
  • Transparencia. Todas las actuaciones de los responsables del proyecto (modelo de negocio, etc.) son públicas.

¿Y cómo se consigue que esto sea rentable? Pues recibiendo aportaciones desinteresadas, eliminando intermediarios, mediante la venta de productos relacionados… en definitiva, con imaginación y haciendo un uso inteligente de las nuevas tecnologías.

Es una estupenda muestra de cómo mirar hacia adelante, de cómo inventar y descubrir la forma en que se harán o deberían hacerse las cosas en el futuro, prescindiendo de empresas intermediarias que han dejado de ser necesarias y compartiendo la creación para uso y disfrute general. Seguro que ahora a todos se nos ocurre pensar en esos llorones trasnochados que prefieren exigir derechos en fase de extinción antes que mirar a su alrededor y descubrir que el mundo en el que viven ya no es territorio para sus negocios caducos. Espero que esto haga daño de verdad a todas las SGAEs y empresas intermediarias del negocio de la cultura. Porque esto sí es el principio de su fin, mucho más que lo que ellos llaman piratería.

Se llama Pepe y baila flamenco con el grupo Media Luna de Pinos Puente (Granada). Pero su parecido con Nick Drake es notable:

Nick Drake gitano

Lo vimos bailar junto a la catedral de Granada con motivo del Día de los Gitanos Andaluces, el pasado 22 de noviembre. Publicar estas fotos me ha parecido una buena forma de comentar, de paso, que ésta es la forma como los artistas se ganan la vida: actuando.

Nick Drake gitano

Y recordar, una vez más, que la música es inherente al ser humano, y no desaparecerá jamás; ni en cinco ni en cien mil años. Desaparecerá el negocio de la distribución y venta de grabaciones musicales en disco tal como lo conocemos. No basta con tener derechos de autor para vivir y tumbarse a descansar; es como si un arquitecto pretendiese cobrar cada vez que alguien entra en los edificios que diseñó. Loquillo dice estar hasta los cojones de que se tenga esta visión tan nefasta de los músicos. Yo no sólo la tengo, además lo he puesto en mi lista negra de indeseables a los que no compraré ni un single más, junto a Ramoncín y Pau Donés, entre otros.

En el tiempo que llevo conociendo la ciudad, he ido viendo que Granada suele aprovechar y vender muy bien sus lugares más interesantes. Así, con motivo del Festival de Música y Danza que se celebra cada año, he visto espectáculos en el Palacio de Carlos V, en los Jardines del Generalife e incluso en el Patio de los Arrayanes de la Alhambra.

Y el otro día estuvimos viendo flamenco en el Corral del Carbón. Fue un espectáculo perteneciente a la muestra “Los Veranos del Corral“, en el que vimos cantar a La Susi y bailar a Pastora Galván.

Corral del Carbón

El Corral del Carbón es una antigua alhóndiga (almacén de grano) andalusí que data del siglo XIV. Posteriormente se utilizó como lugar de hospedaje para carboneros, corral de comedias y casa de vecinos. Y actualmente, además de sede de la Delegación Provincial de Cultura y otros organismos, es escenario de actuaciones y lugar de visita obligada para el turismo.

En mitad de su actuación La Susi expresó su alegría por volver a tocar en Granada y en un lugar tan especial: “cuando he visto este patio me he venido arriba”.

Peregriné a Compostela por primera vez hace ahora 20 años. ¿Es mucho o poco tiempo? Es justo la mitad del tiempo que hace que llegamos a la Luna, y exactamente el doble de la edad que acaba de cumplir el Messenger.

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Puente la Reina de Navarra

Fue desde Jaca; más de 800 km. en bicicleta. Yo era muy joven y aquel viaje marcó bastante mi vida. Y no porque me convirtiera al cristianismo, precisamente. Pero descubrí que peregrinar era algo muy interesante. Las cosas son tan especiales la primera vez. Desde entonces el olor del asfalto no me deja indiferente, ni la sombra de una hilera de árboles junto a la carretera, o la visión lejana de un pueblo al que estás llegando.

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Portada de San Miguel. Estella.

Nos reíamos mucho. Había más marcha que pedaleo. Descubrí el valor de lo antiguo. Recuperar una tradición milenaria, recorrer de nuevo lugares de leyenda, pisar los mismos suelos que millones de hombres y mujeres durante siglos… te convierte en el protagonista de pueblos, carreteras y calles-camino. Están allí para ti, y tú les das sentido. También aprendí sobre el amor a las piedras. Hay quien se emociona oyendo un poema; a mí, desde entonces, me ocurre ante una portada románica.

Estuve ayer visitando a mi amigo Josemi, en Estella (Navarra). Mi viaje, de apenas dos horas en coche, equivale a nuestras tres primeras etapas de aquella peregrinación de hace 20 años. Había hecho el camino más veces desde entonces, pero nunca como ayer había notado el paso del tiempo.

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Santa María de Eunate (Navarra)

Diría que el paisaje ha cambiado más en estos 20 años de lo que lo había hecho antes en siglos. Ya no atraviesas los pueblos. La carretera -ahora muchas veces autovía- te aparta de los lugares. Recuerdo haber sentido -hace 20 años- esa atracción centrípeta al pasar junto a Sta. María de Eunate de la que hablaban los esotéricos Morín y Cobreros. Ahora tienes que acercarte a ella de propio. Y algún día desaparecerán probablemente los campos de cereal que la rodean y la aíslan del ruido y la gente, y habrá junto a ella alguna urbanización. Eso sí; ayer la iglesia estaba sola, tranquila y elegante, como siempre; eso no había cambiado.

flecha_amarillaEncontré una pareja de peregrinos cruzando el puente medieval en Puente la Reina. Sentí la envidia que siempre me producen los peregrinos en camino. Y visité con Josemi, ya en Estella, unas cuantas iglesias, calles y lugares para mí legendarios.

Me pregunté qué será de nosotros de aquí a otros 20 años. De Josemi, y de Cere, Adolfo y Javier, mis compañeros de aquel primer Camino. En fin, yo creo que mis piernas me habrán llevado a Compostela algunas veces más, de aquí a entonces, siguiendo flechas amarillas. Para eso las quiero.

Dediqué mi viaje al trabajo de esta mañana a pensar en catedrales y en Florentino Pérez. Mucho se habla últimamente de este hombre, y en particular de los multimillonarios fichajes que acaba de realizar como presidente del Real Madrid. Es su estilo, su forma de entender la gestión de un club de fútbol, pero se le critica por lo “antiestético”, e incluso inmoral, de pagar tantísimo dinero por unos futbolistas en época de crisis económica y aumento desenfrenado del desempleo. Mientras millones de personas lo pasan mal, un par de guaperas tocapelotas (lo digo en sentido fundamentalmente literal) se van a hacer de oro.

Pero pensaba yo esta mañana que lo desconcertante del caso no es que se llegue a pagar tanta pasta por fichar a jugadores en esta época de crisis, sino que haya bancos dispuestos a prestar esas cantidades cuando tienen tan cerrado el grifo del riesgo crediticio. Y allí es donde entra el tema de las catedrales.

La megalomanía ha existido siempre. A ella se debe, entre otras cosas, la creación de las 7 maravillas del Mundo Antiguo. En la Edad Media también se daba, en forma de inmensas catedrales capaces de dejar al resto de construcciones de la época literalmente a la altura del betún. ¿Y cuál era el origen entonces de tanta riqueza dedicada a la arquitectura más ostentosa? La piedad, el temor de Dios, el deseo de salvación. Los nobles adinerados destinaban enormes sumas a la construcción de lugares de culto, como tributo al Salvador, en un intento bienaventurado de alcanzar la gloria en el Más Allá.

Volvamos al presente. ¿Quién es ahora el Dios al que adoran los banqueros? ¿De dónde obtiene Florentino Pérez esa fe ciega para que le financien sus caprichos futbolísticos? Esa es la pregunta que debemos hacernos; ese es el misterio más grande de sus fichajes desorbitados.

Recordé algo esta mañana al pasar por la rotonda de La Orden que me dio la respuesta: me gasté casi 50 € hace un par de meses en una camiseta del Barça. La compré en la botiga del Camp Nou. Quería tener la camiseta del año del triplete. La estupidez humana, como decía Einstein, no tiene límites. Si hubo una época en que la esperanza en la vida eterna llevó a la gente a gastarse sus ahorros en ídolos de piedra, ahora no somos menos gilipollas ciertamente. Los bancos confían en la eficacia de las estrategias de marketing de Florentino. Pero no los censuro, la verdad; me parece algo mucho más digno de fe que la salvación de nuestras almas…

Imagen tomada de kinexy.com.

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