Entradas de agosto de 2010

Hemos pasado la mañana en Valencia, visitando la catedral y el Micalet. Luego la Lonja, impresionante edificio civil del siglo XV.
Después de comer nos hemos dado un buen baño en una playa cercana al camping.
Pero lo mejor ha sido la puesta de sol en la Albufera, dando un paseo en barca entre eneas. Es un gran lago natural, comunicado con el mar por dos estrechos canales. En la orilla había garzas reales, garcetas y algún calamón. Y volando sobre el agua gaviotas, charranes, ánades y un grupo de moritos.
Según nos han contado, en la barraca de la foto se rodó la serie “Cañas y barro”.

Benidorm tuvo que ser una playa maravillosa hace varias décadas. Ahora es un balcón de hormigón asomado a una orilla atiborrada de sombrillas. Algo parecido ocurre en Calpe, aunque en este caso sigue imponiendo su presencia la mole del Peñón de Ifach.
Me ha hecho ilusión llegar hasta el Cabo de la Nao, esa parte puntiaguda tantas veces dibujada en los mapas de nuestra Península.
Dormimos cerca de Valencia, en un camping situado en la estrecha barra de tierra que separa la Albufera del mar.

El día ha cundido bastante. Estuvimos viendo el puerto de Cartagena, bajo un sol despiadado, y luego cogimos un poco de arena del Mar Menor.
Por la tarde hemos estado paseando bajo miles de palmeras en el Huerto del Cura, de Elche, la ciudad con más palmerales de Europa. Luego en Santa Pola.
Dormimos cerca de Alicante, donde hemos cenado los primeros arroces. En los próximos días habrá más…

La foto es mala (necesito el nuevo iPhone), pero se puede ver cómo el Estrecho separa Europa de África, al mismo tiempo que comunica el Atlántico con el mar Mediterráneo.
Hoy hemos recorrido casi toda la costa mediterránea andaluza. A nuestra izquierda veíamos el mar, como siempre, de un azul increíble y en calma como un lago.
Dormimos en un camping junto a Mojácar (Almería), un precioso pueblo de blancas callecitas tortuosas que huelen a jazmín.

La foto está hecha en la playa de Vistahermosa, en el Puerto de Santa María. Al fondo se ve Cádiz, la ciudad en la que un día soñé con envejecer.
Nos hemos dado un baño, después de un paseo, disfrutando de la compañía y la hospitalidad de Leonor y Carlos. Otra noche que dormimos bajo techo.

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