Se echa de menos el mar. Nos hemos despedido de él en El Port de la Selva, cogiendo arena de su playa por última vez.
Paramos en Besalú, a admirar el puente medieval, y después en Ripoll para ver el monasterio.
Dormimos en La Seu d’Urgell. La catedral da nombre al pueblo y su obispo es uno de los príncipes de Andorra. Hemos hecho una breve excursión al principado, que, al fin y al cabo, también forma parte de la Península.