Todo empezó el lunes pasado por la tarde. Vino David (12 años) de la tele y nos anunció con su tono más solemne: “Ha muerto José Luis López Velázquez”. ¿Velázquez? Supusimos que se refería a J. L. López Vázquez, de quien no me extrañó su muerte (pues sabía que era muy mayor) sino el hecho de que David ni siquiera conociera su nombre.

Me informé. Pregunté en clase a mis alumnos/as de 1º de ESO si conocían a José Luis López Vázquez. Ni idea. No es que no supieran quién era; en realidad ni siquiera sabían que hubiera muerto. A algunos les sonaba el nombre y el más espabilado levantó tímidamente la mano para preguntar si era un hombre que hacía películas…

LopezVazquezSe me ocurrieron varias reflexiones al respecto. ¿No es extraño que los niños no conozcan a alguien que para los/as españoles de mi generación (y no digamos de la de mis padres) es un personaje de toda la vida, que forma parte de nuestro acervo cultural más arraigado? Por una parte parece un buen síntoma. Es una prueba de que apenas queda rastro de aquella España rancia de Gracita Morales exclamando con su voz de pito “¡Arrea con el señoriiito!”. Por otra parte es un indicio claro de que el gap generacional entre niños y adultos se está haciendo enorme. Cada vez parecemos tener menos espacios comunes.

Pero claro, el distanciamiento es bidireccional. Porque cuando yo era pequeño mis mayores sabían perfectamente quiénes eran Marco, la abeja Maya o Mazinger Z. Pero ahora, ¿quién se conoce a esa caterva de Doraemons que manejan nuestros niños? Tal vez algún padre o madre sacrificado, pero no forman parte como antes, desde luego, de nuestra “culturilla general”.

La adquisición de cultura a través de los medios, sobre todo la tele, pero cada vez más la Red, ha pasado de ser casi lineal a extraordinariamente diversificada. En mi generación todos conocemos y hemos visto películas de López Vázquez, pero no porque nos encantaran, sino porque era lo que había. Hoy en día se puede ser un niño y sobrevivir sin tener ni idea de quién era ese señor. Hay muchos más mundos que investigar, miles de ofertas más atractivas. Y, en consecuencia, un creciente distanciamiento generacional.

Sin duda, se trata de un síndrome de nuestro tiempo. ¿Quedará algún territorio común para todos? ¿Algún ídolo universal/multigeneracional que abarque a todas las edades? Casi me parece que ya no; seguramente el último desapareció la tarde del 25 de junio en su mansión en Holmby Hills (California).

Imagen tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.