Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly
Our love was on the wing
We had dreams and songs to sing
It’s so lonely round the fields of Athenry.

Escuchando esta canción puedo cerrar los ojos y ver los campos de Irlanda pasar hacia atrás. Son verdes, muy verdes; tienen cercas de piedra y en ellos sólo se cultivan vacas y ovejas.

Profundamente orgulloso de todas sus cosas, Irlanda es un país dedicado a hacer música. Su música.

Calle de Galway

Todo pub que se precie ofrece música en directo a diario. Pequeños grupos locales interpretan viejos temas tradicionales que todo el mundo conoce. Puedes ver banjos, armónicas, violines, guitarras y acordeones. Incluso oímos tocar un arpa, que no por casualidad es el símbolo nacional.

También son muy cantarines. Los conductores de autobús de los tours de Paddywagon son auténticos chicos-para-todo, y solían interpretarnos canciones en ruta. También se canta en la calle. Casi cada rincón del centro de Dublín tiene una anécdota relacionada con los orígenes de U2, grandes héroes locales. También quien haya visto la película Once recordará esa música en las calles.

Taaffes Bar, Galway

En Irlanda se entiende fácilmente de dónde procede la música popular que todos escuchamos. De aquel folclore tan arraigado en gentes forzadas a emigrar que difundieron su música allá donde fueron. Irlanda puso la melodía, África el ritmo y América el suelo.

La irlandesa es una música popular, que cuenta historias sencillas y sirve para expresar emociones o simplemente divertirse. En Andalucía también tenemos eso mismo, pero este verano vengo lleno de aires célticos…