Entradas de Junio de 2009

Uno se hace esa pregunta varias veces en la vida; al fin y al cabo, y por viejo que uno sea, siempre estará por llegar un nuevo día en el que sea mayor que ahora mismo.

De pequeño uno quiere ser cantante, o bailarín; ser famoso, convertirse en el rey del pop… ese tipo de cosas. Después llega, tal vez, la época en que prefieres ser guapo, ligar mucho, tener cientos de mujeres/hombres a tus pies. Pasan los años y puede ocurrir que aspires a ganar mucha pasta, a vender 750 millones de discos y ser multimillonario.

Y llega un día como hoy en que, mientras lees la noticia de su muerte ocurrida minutos antes, llegas a la siguiente conclusión: lo que quiero es llegar a vivir más años que Michael Jackson.

Sin duda es un síntoma. De algo.

Más en este hormiguero: Michael Jackson.

Dediqué mi viaje al trabajo de esta mañana a pensar en catedrales y en Florentino Pérez. Mucho se habla últimamente de este hombre, y en particular de los multimillonarios fichajes que acaba de realizar como presidente del Real Madrid. Es su estilo, su forma de entender la gestión de un club de fútbol, pero se le critica por lo “antiestético”, e incluso inmoral, de pagar tantísimo dinero por unos futbolistas en época de crisis económica y aumento desenfrenado del desempleo. Mientras millones de personas lo pasan mal, un par de guaperas tocapelotas (lo digo en sentido fundamentalmente literal) se van a hacer de oro.

Pero pensaba yo esta mañana que lo desconcertante del caso no es que se llegue a pagar tanta pasta por fichar a jugadores en esta época de crisis, sino que haya bancos dispuestos a prestar esas cantidades cuando tienen tan cerrado el grifo del riesgo crediticio. Y allí es donde entra el tema de las catedrales.

La megalomanía ha existido siempre. A ella se debe, entre otras cosas, la creación de las 7 maravillas del Mundo Antiguo. En la Edad Media también se daba, en forma de inmensas catedrales capaces de dejar al resto de construcciones de la época literalmente a la altura del betún. ¿Y cuál era el origen entonces de tanta riqueza dedicada a la arquitectura más ostentosa? La piedad, el temor de Dios, el deseo de salvación. Los nobles adinerados destinaban enormes sumas a la construcción de lugares de culto, como tributo al Salvador, en un intento bienaventurado de alcanzar la gloria en el Más Allá.

Volvamos al presente. ¿Quién es ahora el Dios al que adoran los banqueros? ¿De dónde obtiene Florentino Pérez esa fe ciega para que le financien sus caprichos futbolísticos? Esa es la pregunta que debemos hacernos; ese es el misterio más grande de sus fichajes desorbitados.

Recordé algo esta mañana al pasar por la rotonda de La Orden que me dio la respuesta: me gasté casi 50 € hace un par de meses en una camiseta del Barça. La compré en la botiga del Camp Nou. Quería tener la camiseta del año del triplete. La estupidez humana, como decía Einstein, no tiene límites. Si hubo una época en que la esperanza en la vida eterna llevó a la gente a gastarse sus ahorros en ídolos de piedra, ahora no somos menos gilipollas ciertamente. Los bancos confían en la eficacia de las estrategias de marketing de Florentino. Pero no los censuro, la verdad; me parece algo mucho más digno de fe que la salvación de nuestras almas…

Imagen tomada de kinexy.com.

Me encanta la lluvia en verano. Porque es efímera y pasajera. Porque llega de pronto y rompe la monotonía de un día tórrido. Porque refresca el aire y enseguida vuelve a salir el sol. Y por ese aroma a tierra mojada que deja perfumando el aire. Mirando los titulares de meneame he encontrado este artículo donde explican lo que es la geosmina.

Según se cuenta en él, la geosmina, que en griego significa “olor a tierra”, es un alcohol producido por cierta clase de bacterias (Streptomyces) y liberado cuando el microorganismo muere. La sustancia permanece en la tierra hasta que caen las primeras gotas de lluvia, momento en que una pequeña cantidad es arrastrada por la humedad, haciendo que el aire adquiera ese olor característico (petricor).

Por eso notamos ese olor en los días de lluvia de verano, después de un periodo seco. Las bacterias son fantásticas; ¡vivan las bacterias! Solemos despreciarlas porque nos causan enfermedades, pero también nos proporcionan cosas estupendas, como el vinagre, el queso, el yogur o los antibióticos. También están las que fijan el nitrógeno a la tierra, y por supuesto las bifidobacterias de la flora intestinal, que, como todo el mundo sabe, están que te cagas.

Y las Streptomyces, que ayudan a los camellos a encontrar agua en el desierto, y seducen nuestro olfato con ese agradable olor a tierra mojada.

+ info en wikipedia. Imagen de jreed1912, publicada con licencia CC.

No soy persona de costumbres ni tradiciones; muy pocas cosas hay que haga todas las veces y desde siempre. Este hormiguero tenía una única tradición anual, la de celebrar con alegría la llegada de los girasoles, preludio de buen tiempo, verano y vacaciones.

Este año llegaron como siempre y esta vez posé junto a ellos para la foto. La ocasión lo merecía: era mi despedida. Alguien dirá que soy un culo de mal asiento, o tal vez, por el contrario, que por fin este hormigo va a sentar la cabeza. Si los campos de girasoles tuvieran ruedas me los llevaría conmigo. Hay tantas cosas que deberían tener ruedas…

Decía Dante que el amor mueve el Sol y las demás estrellas. Seguramente no sabía mucho de astronomía y bastante de amor. Mi deriva sideral me lleva a una nueva constelación. Las estrellas somos así, fugaces y caprichosas, y buscamos el calorcito del centro de la galaxia.

Hasta siempre, girasoles. No dejéis de alegrar el día a futuros transeúntes.

Por cierto, la foto está hecha el 28 de mayo, por eso llevo en la camisa un triplete de pins.