No por sabido y mil veces denunciado, dejan de entrarle a uno ganas de decirlo: el estado terrorista se llama Israel. Sólo de esa forma puede calificarse a un estado desde el que se ataca indiscriminadamente a la población de un territorio vecino, incumpliendo sistemáticamente las normas internacionales referentes a situaciones de guerra.

Ataques a convoyes de ayuda humanitaria, prohibición de la entrada a periodistas, violación de las leyes de derecho humanitario, uso de armas ilegales… lo que Israel lleva 18 días haciendo en Gaza sólo puede entenderse en el contexto de una situación internacional que permite a este país comportamientos mafiosos. El amigo americano es el capo que todo lo ampara, el primo de zumosol de estos macarras con kipá.

Encerrados herméticamente en su territorio, los habitantes de Gaza tratan de sobrevivir bajo las bombas, en un situación paradigmática de “poblado de Astérix“. Se sabe que sus guerreros galos (Hamas) no son precisamente simpáticos, y que su poción mágica procede del contrabando de origen perverso. El pueblo de Gaza eligió ser gobernado por una organización que utiliza el terror como arma y renuncia a la paz. Su acoso a la población hebrea hacía la postura de Hamas indefendible. Pero nada justifica el exterminio, la crueldad, la impiedad, la barbarie, y esta historieta no acabará con banquete bajo las estrellas.

Dice el gobierno de Israel que el objetivo de esta sangrienta ofensiva es debilitar a Hamas y acabar con su arsenal de cohetes. Afirman que “la paz es posible“, pero saben que no la conseguirán. Cada acción militar contra Gaza despierta nuevo odio y deseos de venganza en Hamas, en la población palestina y en el mundo árabe. No, no es ese el objetivo. Se acercan elecciones legislativas en Israel, y los dirigentes políticos saben que este escarmiento de Gaza les va a dar los votos de un pueblo que, como decía ayer Vargas Llosa en su artículo de El País, piensa que “no hay acuerdo posible con los palestinos” y cree sólo en una victoria por la fuerza.

Una sociedad -la israelí- desencantada y enferma de rencor, que dará su voto a la opción del odio y la venganza, de forma similar, tal vez, a como hizo la sociedad alemana de los años 1930 con el Nazismo, que paradójicamente supuso el exterminio brutal de la población judía. Décadas después es Israel quien se apunta al capricho del genocidio, la comunidad internacional parece aún impedida de actuar con firmeza ante el recuerdo del Holocausto, y el mundo árabe más radical simplemente niega que éste existiera. Visto lo visto lo sorprendente es que no lo aplaudan…

Más en el hormiguero: La Tierra Prometida.

Imágenes tomadas de laestrellapalestina.org.