Me hizo muchísima gracia un chiste que oí hace unos meses. Estaba por decidir entonces si el candidato a la presidencia de los EE.UU. por el Partido Demócrata sería Barack Obama o bien Hillary Clinton, mientras que parecía claro que su oponente republicano iba a ser John McCain. El chiste venía a decir que los estadounidenses se enfrentaban al dilema de elegir entre un presidente negro, un presidente mujer y un presidente normal.

Ahora, cuando faltan apenas tres semanas para las elecciones, todos los sondeos dan como claro ganador al candidato Obama. O sea, que en lugar de a un presidente “normal”, los norteamericanos/as parecen ampliamente dispuestos a votar a un charlatán negro afroamericano… La misma sociedad que hace sólo cuatro años fue capaz -¡alucina!- de reelegir a George W. Bush, resulta ahora abiertamente decidida a elegir ser gobernada por un descendiente de los esclavos de los campos de algodón.

Personalmente no me repugna la idea, aunque sólo sea por perder de vista a la loca de Sarah Palin, pero es que… ¡14 puntos de diferencia en las encuestas! Me parece un preocupante síntoma de crisis en la sociedad del país más poderoso.

Y si a eso le unimos otros síntomas globales, como ver a los ultraliberales aplaudir las intervenciones estatales y la nacionalización de bancos, o a los líderes europeos decidiendo que hay que “reformar el capitalismo“, de verdad que esto es lo más heavy desde el Mayo del 68. No sé, no sé, pero me parece a mí que aquí algo va mal.

Léase en estas líneas un tono más irónico que apocalíptico. La imagen procede de Wikipedia, la enciclopedia libre.