Octubre 2008


Miguel se sienta delante del ordenador. Abre el navegador web pulsando en su icono y aparece la página principal de Google. Introduce la frase “cj” (por ejemplo) en el cuadro de búsqueda y pulsa Intro. Sale una lista de páginas y en ella dos “Resultados de video”. Miguel pulsa sobre el primero de ellos.

Así Miguel llega a la página de YouTube. Ya tiene lo más difícil. Ahora Miguel irá introduciendo otras combinaciones de caracteres inconexos en el cuadro de búsqueda y analizará los resultados obtenidos. Ponga lo que ponga siempre obtiene una lista de vídeos, cada uno de los cuales le conduce a otra lista de vídeos relacionados. Es una tarea laboriosa, pero que al final da sus frutos: Miguel encuentra los ansiados vídeos de Pressing Catch.

Podría haber llegado a ellos mucho antes… el problema es que Miguel tiene 12 años, padece síndrome de Down, y no sabe leer ni escribir (de hecho, ni siquiera conoce las letras del alfabeto).

La anterior historia, que es verídica salvo por el nombre del niño, anticipa, en mi opinión, una realidad no muy lejana: la muerte del texto. Las destrezas importantes pasan a ser otras. La interacción con la máquina se realiza por métodos audiovisuales, las palabras no son esenciales. La búsqueda puede ser casi exclusivamente visual; no es necesaria la escritura.

Habrá quien piense que perdemos valores esenciales en el camino. No lo sé. Lo cierto es que Miguel, que tal vez jamás sea capaz de buscar una palabra en un diccionario, llega sin ayuda a una información poco accesible, seguramente, para muchos/as sabios.

Por cierto, Woody Allen y yo, que pertenecemos todavía a la era del texto, tenemos también en común nuestra forma de entender las relaciones humanas. Nos diferencia que él tiene un arte extraordinario para comunicarla, y yo me limito a colgarla en la red como muestra de que YouTube es una joya también para los amantes de las palabras (hall+huevos):

Me hizo muchísima gracia un chiste que oí hace unos meses. Estaba por decidir entonces si el candidato a la presidencia de los EE.UU. por el Partido Demócrata sería Barack Obama o bien Hillary Clinton, mientras que parecía claro que su oponente republicano iba a ser John McCain. El chiste venía a decir que los estadounidenses se enfrentaban al dilema de elegir entre un presidente negro, un presidente mujer y un presidente normal.

Ahora, cuando faltan apenas tres semanas para las elecciones, todos los sondeos dan como claro ganador al candidato Obama. O sea, que en lugar de a un presidente “normal”, los norteamericanos/as parecen ampliamente dispuestos a votar a un charlatán negro afroamericano… La misma sociedad que hace sólo cuatro años fue capaz -¡alucina!- de reelegir a George W. Bush, resulta ahora abiertamente decidida a elegir ser gobernada por un descendiente de los esclavos de los campos de algodón.

Personalmente no me repugna la idea, aunque sólo sea por perder de vista a la loca de Sarah Palin, pero es que… ¡14 puntos de diferencia en las encuestas! Me parece un preocupante síntoma de crisis en la sociedad del país más poderoso.

Y si a eso le unimos otros síntomas globales, como ver a los ultraliberales aplaudir las intervenciones estatales y la nacionalización de bancos, o a los líderes europeos decidiendo que hay que “reformar el capitalismo“, de verdad que esto es lo más heavy desde el Mayo del 68. No sé, no sé, pero me parece a mí que aquí algo va mal.

Léase en estas líneas un tono más irónico que apocalíptico. La imagen procede de Wikipedia, la enciclopedia libre.

En esta época que vivo, de bastante trabajo y más procrastinación, he pensado que sería buena idea escribir posts cortos y rápidos (en lugar de otros más largos y sesudos) y así evitar que este hormiguero muera de inactividad.

Escuchando ayer el podcast de Enredando me enteré de la existencia del proyecto OpenStreetMap. Según dicen en el wiki del sitio: “OpenStreetMap (OSM) es un proyecto dirigido expresamente a crear y ofrecer datos geográficos libres, tales como planos de calles, a cualquiera que los desee. El proyecto comenzó debido a que muchos mapas que se cree que son libres, tienen en realidad restricciones legales o técnicas para su uso, lo cual evita que la población los utilice de forma creativa, productiva o inesperada”.

O traduciendo lo que dicen en la web del proyecto: “OpenStreetMap es un mapa libre y editable de todo el Mundo. Lo hacen personas como tú. OpenStreetMap te permite ver, editar y usar datos geográficos de cualquier lugar de la Tierra de forma colaborativa”.


Barcelona en OSM

Ahora mismo el mapa está un poco verde, sobre todo en algunas zonas, pero de aquí a no muchos años, y dependiendo del auge que tengan las colaboraciones, se espera que OpenStreetMap supere a los mapas comerciales que se usan, por ejemplo, en los navegadores GPS.

Para contribuir a OSM basta con llevar un aparato GPS contigo cuando vas a cualquier lugar que no esté en el mapa y después subir los datos recogidos a la web del proyecto. Pensé que es un buen uso que dar a mi flamante iPhone (sí, tengo un iPhone) cuando salgo a pasear o a ver pájaros. Y pensé que estos tiempos de crisis, en los que casi ninguna riqueza está asegurada, deberían ser un buen momento para invertir en conocimiento compartido y sin dueño.

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