patriota
(Del gr. πατριώτης, compatriota). 1. com. Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.
(del diccionario de la R.A.E.)
Escribo esta entrada pocas horas antes de que el ciclista Carlos Sastre se proclame vencedor del Tour de Francia 2008, después de una exhibición fantástica subiendo a Alpe d’Huez y de una gran contrarreloj final. Todos los telediarios elogian su hazaña y rememoran otras grandes actuaciones de deportistas españoles en los últimos tiempos: los Tours de Pereiro y Contador, el Mundial de baloncesto, el Giro de Contador, los triunfos de Nadal en Roland Garros y Wimbledon, la Eurocopa de fútbol, etc.
Suelen ser ocasiones en las que los españoles/as nos sentimos identificados/as con los deportistas, y hacemos un poco nuestros sus triunfos. Abrazamos nuestra vilipendiada bandera y nos sentimos patriotas por un día. Pero, ¿y ellos? ¿Son patriotas nuestros deportistas?
Un caso paradigmático, que recuerdo con especial intensidad, es el de Arantxa Sánchez Vicario. La tenista barcelonesa solía jugar luciendo una muñequera con la bandera española. Llevó nuestra bandera y nuestro orgullo de pista en pista, y llegó a ganar cuatro Grand Slam y casi 17 millones de dólares (según figura en la Wikipedia). También recibió el Premio Príncipe de Asturias, y, al parecer, existe una propuesta de poner su cara en las monedas de euro (!!). Pero al mismo tiempo, Arantxa despreciaba vilmente a nuestra nación: tenía su residencia fiscal en Andorra, nuestro vecino paraíso fiscal. No pagaba impuestos en nuestro país, sus multimillonarios ingresos no contribuían a crear riqueza en España, ella quiso evitarlo. ¿Es eso lo que haría una patriota, una “persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”? Desde luego que no.
Alguien dirá que tal vez su familia era rica (yo lo ignoro), que estudió en colegios privados y no se benefició de los servicios públicos, que todo en su carrera lo consiguió con su esfuerzo personal y el de su familia, que no debía nada, en definitiva, a este país… Vale, pero entonces que se quite esa muñequera, y se ponga la bandera de Andorra o una foto de su madre.
No quisiera ensañarme con este personaje en particular. La idea para escribir este post me vino de un artículo en eleconomista.es en el que se citaba a una serie de deportistas españoles que fijan su residencia en el extranjero y no pagan aquí sus impuestos. La lista era larga: Carlos Moyá, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, Fernando Alonso… No diré que son unos tramposos indecentes; sí digo que no son, en absoluto, patriotas. La excepción es Rafael Nadal, de quien decía el artículo que “tanto él como su familia tienen claro que los beneficios y los impuestos se quedan en España“. ¡Bien por Rafa!
Para mí un patriota es quien vive honestamente y contribuye, según sus posibilidades, al bienestar de su comunidad. No hace falta ser rico ni famoso; hacen falta decencia y dignidad. Y personalmente, estoy dispuesto a reconciliarme con nuestra bandera en la medida en que dejemos de identificarla con la “unidad de España” o el hostil orgullo patriotero o xenófobo, y simbolice para todos/as un lugar donde vivir sabiendo que hay derechos que se respetan y solidaridad reglamentaria. Los colores y la Historia me dan igual; me preocupan las personas, hoy.
Imágenes: Prisacom, tomada de as.com, y C.C., tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.
Dedico un último post al concierto del pasado domingo en Barcelona, porque, aunque no lo parezca, este hormiguero no es un blog monotemático sobre Bruce Springsteen, y, de hecho, tengo algunos temas bastante jugosos esperando en el tintero.
Tal vez el Camp Nou sea un magnífico lugar para ver un partido de fútbol (sobre todo si estás en la tribuna y el Barça golea al Madrid), pero no lo es tanto para un concierto de rock. No es del todo justo que llames por teléfono para comprar unas entradas nada baratas el mismo día que salen a la venta (7 meses antes del evento) y un lacónico contestador automático te coloque en la 4ª tribuna del gol norte. Es decir, a unos 150 metros del escenario.
La otra vez que vi a Bruce Springsteen, hace casi 20 años, fue también en un campo de fútbol, el Vicente Calderón de Madrid. Pero eran otros tiempos, y bastó llegar un poco pronto y echarle algo de ganas para coger un sitio en la hierba aceptablemente cerca del escenario. Creo que no había diferentes tipos de entradas; simplemente hubo quien prefirió la grada al césped.
Aparentemente Internet ha democratizado muchas cosas, pues las ha hecho universales y accesibles, al menos para quien tiene un ordenador conectado a la Red. Pero no ocurre así con la venta de entradas para espectáculos y no es ésta, desde luego, la primera vez que sufro esta situación. Para conseguir un buen sitio en un concierto siguen siendo mucho más eficaces el oportunismo, el enchufe o vete a saber qué fraudulentas maniobras, que el ADSL.
Y no es que uno aspire a tocarle las piernas al boss desde la primera fila, pero la verdad es que hubo momentos en el concierto en que me sentía ajeno a él. Cuando Springsteen bajaba a darse baños de multitud entre los más forofos que habían conseguido un preciado puesto junto al escenario era como si el espectáculo estuviera ocurriendo allá abajo y yo me limitara a verlo “por la tele”, en las pantallas gigantes del escenario. Le compré unos cutre-prismáticos a un tipo que los repartía por la grada, pero ni aún con esas.
Otro problema de los macroconciertos es el sonido. Debido a las dimensiones del estadio el sonido tarda en llegar de un extremo a otro aproximadamente medio segundo más que la imagen. Para evitar el desajuste habían instalado unas enormes torres con altavoces en mitad del campo, lo que reducía el efecto a la mitad (más o menos). Pero se notaba. Y además, por muy grandes que sean, no hay altavoces capaces de dar una buena calidad para un auditorio tan enorme.
Y lo peor de todo: el rock’n roll no es para estar sentado. Afortunadamente Springsteen acabó levantando a todo el personal de sus asientos, pero yo eché de menos haber podido dar botes frenéticos desde el primer instante. ¡¡Pero si es que de toda mi grada sólo yo me sabía las canciones!!
En fin, la compañía era muy buena y disfruté mucho en la distancia. Pero me quedo con la última frase del boss antes de irse: “Barcelona, hope to see you next time” (o algo así). Allí estaré… pero abajo, en el suelo, sudando la camiseta, como tiene que ser. A ver cómo lo conseguimos…
I saw rock and roll future and its name is Bruce Springsteen
Jon Landau, 1974
Nunca me ha gustado llamar el boss (el jefe) a Bruce Springsteen. No es apelativo apropiado para el working-class hero por antonomasia, para el defensor de las causas perdidas, para el luchador de las dignidades robadas. Algunas de sus canciones hablan de jefes, y lo hacen en 3ª persona y en tono no muy amigable… “You get to work late and the boss man’s giving you hell” (Night, Born To Run).
Badlands you gotta live it every day
Let the broken hearts stand
As the price youve gotta pay
Well keep pushin till its understood
And these badlands start treating us good
“Badlands”, 1978
Pero claro, ¿cómo, si no, puedes llamar a un hombre capaz de hacer levantar sus brazos extáticamente y al unísono a 80,000 personas con una sola frase (y en otro idioma)? 80,000 almas llegadas de remotos lugares y reunidas en torno a este chamán, a este trovador electrificado de nuestros tiempos.
Camp Nou, Barcelona - 20 de julio de 2008
En la era de Internet, de la comunicación fácil e inmediata, resulta anacrónico acudir a venerar en persona a este dios del rock and roll. La clave de su magnetismo está, sin duda, en la honestidad. Tal vez Springsteen no se crea como entonces las frases que escribió hace 30 años, y que forman parte de lo más romántico y genuíno que jamás escuchó este hormigo, pero las canta con una fuerza y una dignidad sobrecogedoras. Y no es que no valore sus canciones más actuales; suenan más creíbles e incluso más impactantes y energéticas en su interpretación. Pero es que las antiguas me enseñaron a amar, a soñar, a vivir.
Will you walk with me out on the wire
’cause baby I’m just a scared and lonely rider
But I gotta find out how it feels
I want to know if love is wild,
girl I want to know if love is real
“Born To Run”, 1974
Este hombre que no fue a la Universidad, y que, como dice en No Surrender (Born In The USA), “aprendía más de un disco de 3 minutos que de todo el tiempo que fue a la escuela”, transmite ilusión, esperanza y sabiduría como nadie. Tiene toneladas de carisma, y lo sabe, y lo utiliza sabiamente para hacer vibrar a la multitud, para levantar sus corazones, para decirles cosas buenas. Y además canta, toca, y se mueve hasta vaciarse, con una banda detrás espectacular, que no abandona el escenario hasta dejarte el alma rebosante de rock’n roll.
I’m comin’ to liberate you confiscate you I want to be your man
Someday we’ll look back on this and it will all seem funny
But now you’re sad your mama’s mad
And your papa says he knows that I don’t have any money
Tell him this is his last chance to get his daughter in a fine romance
“Rosalita”, 1973
Hace ya años que Patti Scialfa, su mujer, viaja con él en las giras. Ella no toca ni canta gran cosa en los conciertos, pero participa de la fiesta. Incluso sus tres hijos salen al escenario al final de los conciertos y el mayor, Evan James, toca y canta con su padre. Bruce Springsteen tiene, a sus 58 años, el mismo aspecto de currante pueblerino norteamericano de siempre. Porque es un tipo sencillo de costumbres sencillas. Lleva 35 años tocando con los mismos músicos, llenando auditorios con su innato buen rollo y su arte inimitable. Resulta imposible no idolatrar a un hombre así. Por eso es el boss.
Ocurrió en el concierto del domingo en Barcelona, y fue para mi la gran sorpresa de la noche. Alguien del público llevaba un pequeño cartel luminoso sostenido por un palito y Bruce Springsteen se acercó a recogerlo. Lo miró sorprendido y se lo enseñó sonriente al resto de su banda. Luego lo mostró a la cámara para que lo viéramos las 80,000 personas que abarrotábamos el Camp Nou. Unas letras rojas avanzaban por el letrerito, y podía leerse I’M GOIN’ DOWN.
Había viajado hacia Barcelona el día anterior en coche con Meli y mis hermana Paula y Ariana. Los cuatro íbamos al concierto. Dedicamos el viaje a repasar algunas canciones como quien prepara un examen. Yo tenía más idea que ellas de lo que “podía caer” en nuestro examen imaginario. Estuvimos traduciendo letras y cantando durante todo el viaje. Varias veces me preguntó Ariana: “¿Tocarán I’m Goin’ Down“? Y yo le respondí que no, que esa no la llevaban en esta gira.
Efectivamente, en los más de 50 conciertos de esta gira, que empezó en febrero, Bruce Springsteen & The E Street Bandno habían tocado nunca I’m Goin’ Down. Por eso fue para mí, y para miles de personas, tan especial oírla esa noche después de ver su título en el cartelito luminoso. No estaba prevista. La lista escrita a mano por Springsteen antes del concierto no la incluía, y, de hecho, no fue lo único que improvisaron respecto de esa lista a petición del público.
No es mi canción preferida, pero la disfruté como nunca y como ninguna otra aquella noche. Tal vez no la tocaban desde hacía meses o años, ni pensaban hacerlo, pero I’m Goin’ Down sonó en el Camp Nou espectacular. Y cuento esta historia porque es la demostración de lo que sólo 35 años (o casi) de tocar juntos puede producir. Hay un hombre que escribe las canciones, pero hay también una banda de 9 personas más para interpretarlas. Bruce Springsteen se ha hecho grande, ha crecido y ha envejecido con la E Street Band. Las canciones son suyas, se escribieron para que ellos las tocaran. Toda una vida juntos, recorriendo el planeta con ese montón de canciones para repartir al mundo, haciendo del rock’n roll algo digno de respeto y admiración. Por desgracia ya no están todos; Danny Federici murió el pasado mes de abril de un melanoma, después de 40 años junto a Springsteen.
Flipé con el solo de Nils Lofgren en Youngstown, también con los sucios punteos del inimitable Steve Van Zandt en Murder Incorporated, me emocionó el saxo de Clarence Clemons bajo la luna en Thunder Road, y me encantó el beso de Max Weinberg a Bruce Springsteen al final del concierto. Son la banda del Boss y son realmente grandes.
Nuevas sorpresas en el repertorio de Bruce Springsteen & The E Street Band ayer en Madrid:
July 17, 2008
Madrid, Spain
Estadio Santiago Bernabeu
Night
Radio Nowhere
Lonesome Day
The Promised Land
Spirit In The Night
Summertime Blues
Brilliant Disguise
The River
Cover Me
Trapped
No Surrender
Out In The Street
Because The Night
Cadillac Ranch
Livin’ In The Future
Mary’s Place
Tunnel of Love
The Rising
Last To Die
Long Walk Home
Badlands
Jungleland
Seven Nights To Rock
Born To Run
Bobby Jean
Dancing In The Dark
American Land
Twist And Shout
Destaca especialmente la inesperada inclusión de The River; también Cadillac Ranch. Creo que en nuestro país el álbum “The River” suele ser elegido como el preferido de Springsteen en las encuestas. Y Trapped es una bomba en directo. También me parece un regalo que hagan Jungleland en los bises, aunque sigo prefiriendo Thunder Road.
Salgo mañana de viaje hacia Barcelona; después del concierto del domingo contaré la experiencia.
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