¿Por qué?
Martes, 17 de junio de 2008
Inicio esta entrada con la imagen que me sugirió escribirla, una viñeta del genial Forges:

Cualquier aficionado a la fiesta nacional (expresión rancia, por cierto, donde las haya) argumentará rápidamente lo erróneo de la interpretación del dibujante. Dicen los expertos, basándose en estudios científicos, que el toro cuando está luchando en la plaza se encuentra haciendo algo para lo que genéticamente está muy bien dotado y no experimenta sufrimiento. Eso después de cuatro años viviendo en una dehesa, donde recibe todo tipo de cuidados alimenticios, sanitarios, etc., en plena libertad. Si a eso le unimos las bien conocidas cualidades estéticas del arte del toreo y el hecho de que sea una tradición hondamente arraigada en nuestra cultura, sin duda hay argumentos de sobra para desestimar la absurda lágrima del bóvido.
De acuerdo, es un arte largamente ensalzado. Pero a mí me pasa como a Forges (o a Muñoz Molina): que no entiendo esta fiesta. ¿Es algo parecido a cuando no entiendes el expresionismo abstracto? Tal vez, pero con un ingrediente añadido, porque normalmente el expresionismo abstracto no provoca repulsa, pesadumbre, horror o vergüenza de haber nacido en tu país.
Siempre me ha parecido inadecuadas las manifestaciones artística en las que la estética y la ética no van de la mano. No sé si los toros deberían estar prohibidos, supongo que no, pero no acabo de encontrar la diferencia con las peleas de gallos o de perros, que sí lo están en nuestro país.
Sí, es una tradición, y es muy nuestra, y por ella se nos conoce e identifica, pero yo soy tan español como José Tomás y a mí no me hace ninguna ilusión que me identifiquen con la costumbre de torturar animales. Es un signo de grandeza respetar y preservar la propia cultura, pero también lo es eliminar de ella lo que no la dignifica. Seguramente es por esa razón que dejaron de llenar de leones y gladiadores el Coliseo de Roma.
Y no seguiré añadiendo opiniones que, al fin y al cabo, a unos parecerán obviedades y a otros simples síntomas de ignorancia. Necesitaba un texto para la viñeta y ya me he extendido demasiado.
Aquí escribe un español que no entiende la fiesta de los toros, ni se siente orgulloso de ella, ni le gusta que se subvencione con sus impuestos. Y que, como el toro de Forges, se pregunta por qué… ¿Por qué no le dieron una oreja de José Tomás al toro que lo mandó el domingo a la enfermería?
3 Comentarios :-) Post visto 3460 veces



Antes de todo un apunte al hilo de utilizar una viñeta de Forges y de la frase “Pero a mí me pasa como a Forges [...] que no entiendo esta fiesta”.
Hace un montón de años tuve un libro titulado “Los Toros y Forges” (lo he vuelto a ver en venta por e-bay) donde el genial humorista ilustraba crónicas de inumerables corridas de toros. Recuerdo asimismo la ilustración al principio o al final del libro de la frase “Habla sólo de lo que entiendas” como pie de una foto del propio Forges toreando en un encierro.
Digo todo esto simplemente para ilustrar el hecho de que no creo en ese caso que el mencionado autor no entienda la fiesta sino muy bien al contrario, se trata un antiguo aficionado, gran conocedor de la técnica y que ha dado personalmente un giro coperniquiano respecto a ese tema. Lo cual es una postura especialmente valiente y fruto de una reflexión esencialmente sabia.
Dicho esto, y personalmente no tengo ningún especial interés en el tema taurino, sí es cierto que como muchos españoles tengo, o más bien tuve muchos familiares y amigos muy queridos que sí que eran grandes aficionados.
De eso aprendí que en gran medida la afición nace del conocimiento de la técnica (como pasa en muchas disciplinas), que los buenos aficionados son incapaces de ver la tortura del animal, ni siquiera de solazarse en ella (siempre recuerdo la paradójica frase de mi abuelo después de asistir a alguna mala corrida diciendo “es que han hecho sufrir al toro” ¿?) y que de la condición de aficionado no se puede en ningún caso inferir ninguna conclusión sobre la presunta falta de humanidad de los mismos.
Por el resto, estoy personalmente más por el convencimiento y la madurez (a lo Forges) que por la prohibición o la abolición.
Convencido de que es una cuestión de tiempo.
Me extendí en el comentario, pero es que el tema siempre lo pide.
Saludos
Para Tale:
Vaya, sabía de la afición de Forges al fútbol, pero no a los toros. Te agradezco la rectificación.
Como con tantas cosas, parece mentira que sea necesario ser un “gran conocedor” y hacer una “reflexión esencialmente sabia” para concluir algo que es evidente para un profano.
Porque si el conocimiento profundo y la reflexión concienzuda llevan a la conclusión de que el toro se pregunta “¿Por qué?”, entonces va a resultar que los aficionados a los toros son poco conocedores y/o piensan poco…
Pues seguramente la perspectiva de que sea o no evidente esté relacionado con la cercanía con la que consideremos a los animales.
Por otra parte lo que nunca entenderé son esos estudios científicos capaces de concluir que el toro no sufre, como si sus realizadores hubieran experimentado una lidia en sus propias carnes.
Por último y en contra de lo que suele decirse, las corridas de toros tal y como las conocemos hoy en día son algo bastante reciente. Basta mirar los estupendos grabados de la tauromaquia de Goya para farsa cuenta de que lo que se practicaba en el siglo XIX estaba más cerca de las peleas de perros que de la técnica actual. Lo mismo ocurre con el propio animal. No es que se trate de conservar una especie autóctona que de otra forma se perdería, sino que el propio toro es una creación deliberada mediante cruce genético al servicio de ese espectáculo.