La noche de la Cenicienta
Lunes, 30 de Junio de 2008
Tenía 15 años, y pasaba unos días en casa de unos amigos en Londres, cuando la selección española de fútbol jugó la final de la Eurocopa de 1984. Recuerdo que Arconada era mi ídolo en aquella época, así que la decepción con el gol de Platini y la derrota final fue inmensa.
Desde entonces hasta la pasada noche puedo recordar muchas muchas ocasiones en las que nuestra selección ha ejercido de triste Cenicienta en las fases finales de Mundiales y Eurocopas. Arbitrajes en contra, ocasiones fatalmente desaprovechadas, derrotas inmerecidas… Es un estigma de perdedores sempiternos que perseguía a este país en el que el fútbol es tema de conversación cotidiano y fuente de pasión primordial. Por eso anoche le dije a David: “Disfruta de esto, que tienes mucha suerte de haberlo vivido a los diez años… yo he necesitado 39″.

Por fin los españoles, a pesar de esos miles de complejos y disparidades que nos determinan (y que no se curan en un día), pudimos vestirnos orgullosos con una única camiseta para celebrar un gran triunfo de nuestra selección de fútbol. Me gusta ver a la gente feliz por la calle, en los balcones, en las azoteas, en los coches. Abuelas, niños, personas. Alguien dirá que es una frivolidad inconveniente en época de crisis y de necesarias reivindicaciones. Y seguramente tendrá razón, pero ¿qué ser mortal se resiste a tanta alegría intrascendente? Si vivo otra vida ya la dedicaré a cosas más importantes.

Y además está el fútbol. Inolvidable ver jugar a nuestro equipo. Quedarán, sin duda, en las retinas de quienes disfrutamos de este juego sorprendente, los vuelos de Casillas, las galopadas de Ramos, la seguridad de Marchena y Puyol, el omnipresente Senna, el cerebro organizador de Xavi, la creatividad de Iniesta y Silva, el toque de Fábregas, la habilidad goleadora de Villa, el gol de ayer del niño Torres… Y esa forma de mover el balón, la velocidad, la superioridad, esa organización casi perfecta. Hemos seguido a estos muchachos tantos días y nos han dado tantas alegrías que sólo queda echarlos de menos.
No conozco la causa de tanto infortunio pasado de nuestra selección, siendo favoritos año tras año hasta que llegaba al partido clave. El azar es caprichoso y nada impide tener mala suerte una y otra vez. Pero un día el guión tenía que cambiar, y ese día fue ayer. Hay que celebrarlo.
Imágenes: Prisacom, tomadas de as.com.







