Katie Melua
Domingo, 25 de Mayo de 2008
Descubrí a Katie Melua hace unas semanas a través de Deezer, escuchando a artistas similares a Norah Jones. Estaba con Meli leyendo en la cama y teníamos el portátil de loro. Sonó una canción y Meli dijo “¿quién canta?, me gusta mucho, ponla otra vez”. La canción era “Spider’s web”:
Me hice con los tres álbumes de esta cantante y me encantan. Ketevan “Katie” Melua nació Georgia (la antigua república soviética) en 1984, pero ha desarrollado su carrera musical en el Reino Unido, actualmente vive en Londres y adquirió la nacionalidad británica hace tres años. Dice que cuando viaja por todo el mundo y se aloja en lujosos hoteles recuerda su infancia georgiana, viviendo en un quinto piso sin agua corriente…
Con sólo 23 años, Katie Melua ha vendido varios millones de discos (aunque no en España; en la FNAC de Barcelona no encontré ninguno). Tiene una voz muy especial: cálida, envolvente, seductora pero inocente, dulce y enérgica a la vez. Su estilo, con claras raíces en el blues, abarca también temas cercanos al folk y al jazz. En sus álbumes hay temas compuestos por ella, por Mike Batt, su productor, y algunas versiones de temas clásicos, con arreglos a veces casi acústicos y otras muy cuidados y orquestados.
Y probablemente sería mucho más famosa y vendería aún más discos si explotara su físico (por cierto, está buenísima) e hiciera una música más comercial, así que es un buen ejemplo de una cantante que se dedica esencialmente a componer y cantar, lo cual es muy de agradecer en este mundo de ídolos de barro. Os la recomiendo. Su página oficial es katiemelua.com.
Imagen tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.
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Categoría: Música
Las preguntas de Dolo son exclusivas e irrepetibles; no admiten respuesta, sólo son retazos de lirismo. Fragmentos de metáforas, de esas “mentiras divertidas” que las mentes positivistas, como la mía, intentamos disfrutar hastiadas de no entender. Dolo trata con ternura y concede capacidades humanas a todas las cosas, lo que las hace cercanas y entrañables. Le entran a uno ganas de consolar a las rectas paralelas, psicoanalizar a las patatas o envidiar a las palomitas de maíz.
Pero seguramente recordaremos a Rijkaard por su lado humano. Por esos abrazos cariñosos que siempre daba a sus jugadores en los momentos difíciles y por la defensa que hacía de ellos cuando alguien cuestionaba su actitud. Por la sensatez y templanza al hablar con la prensa en esa vorágine que es la actualidad deportiva. Por tener siempre una sonrisa y nunca un mal gesto. Por ser un tipo elegante y humilde en un mundo de excesos y vanidades.




