Marzo 2008


Aprovecho este rato en que el blog no anda caído (este mes me he pasado con el ancho de banda y me castigan) para escribir el post tonto del mes. Sí, porque Google Adsense me ha puesto varias veces un banner enorme y horrible para que quien pinche vaya a descargarse el politono de la canción, y después de esta entrada seguro que me lo endosan ya permanentemente y así saco algo de pasta para cambiarme de hosting.

No voy a colgar el video ni a enlazar al tema de moda, “El Chiki Chiki”, porque ya todos/as los españoles/as lo hemos visto hasta la saciedad (incluso quienes no vemos la tele). Pero sí voy a opinar sobre el tema: me parece sencillamente genial. No la canción, que es una bazofia intragable y carente por completo de interés, ni su intérprete, que es un hortera oportunista.

No, lo que me parece genial es que los españoles/as que ven la tele hayan elegido esta payasada para representar a España en el Festival de Eurovisión. Lo considero una formidable burla colectiva, una colosal demostración de sentido del humor. El mensaje es evidente: Eurovisión nos parece una memez, nos importa una mierda quedar los últimos, y nos vamos a pitorrear del festival mandando a un bufón a que nos represente. Es el sueño de cualquiera que tenga un mínimo de buen gusto, pero lo alucinante es que ha sido una decisión votada por “todos/as”. Qué bueno.

Rodolfo ChikilicuatreRodolfo Chikilicuatre, el muchacho, se va a hacer de oro de todas formas, y también se va a hartar de reír, así que todos contentos. Bueno, tal vez todos no… me imagino que Julio Iglesias, Massiel, Karina, Salomé, Betty Missiego y tantas grandes estrellas que nos representaron rebosantes de orgullo y satisfacción pueden sentirse indignados. Ellos acudieron con solvencia a pasear por Europa nuestros mejores empeños. Eran otros tiempos…

Enhorabuena Chikilicuatre, bródel. Creo que vas a conseguir que este año me trague el bodrio eurovisivo. ¿Quién se resiste a unas risas?

Imagen: EFE, tomada de Público.es.

La Cuesta de la Alhacaba, en Granada (España), a la que los granadinos llaman comúnmente “La Cuesta la Cava”, tiene unos 500 metros de longitud y sube desde la Plaza de la Merced, situada junto a la famosa Puerta de Elvira, hasta la Plaza Larga, en pleno barrio del Albayzín. Calculo que tendrá un desnivel medio superior al 10%, bastante mayor en algunos tramos, y capaz de hacer perder el aliento a quien la sube caminando sin parar.

Esta descripción viene al caso porque estuvimos en la madrugá granaína del Jueves Santo viendo la procesión de La Estrella subiendo la Cuesta Alhacaba. Era la 1 y media de la madrugada y la procesión llevaba 7 horas recorriendo las calles de Granada. Ya escribí sobre la Semana Santa de Granada en este blog hace unos años, cuando estaba alojado en otro servidor del que nunca más se supo.

La Estrella

El primer tramo de la cuesta, el más empinado y de unos 150 metros, lo suben los pasos a marchas forzadas, en una heroica expresión de pundonor, orgullo o tal vez fe. Me impresionó especialmente ver el paso de la virgen. Su séquito avanzaba casi huyendo, a duras penas, de esa enorme mole bajo palio, de unos 1500 kg, que subía balanceándose al ritmo de los tambores. Las cornetas que tocaban tras él apenas alargaban las notas, había que respirar. La virgen pasó junto a nosotros casi rozándonos, había que apartarse e incluso empujar el paso para evitar que chocara con los coches aparcados. Y todo ello a una velocidad endiablada.

La Estrella

Me gusta la Semana Santa granadina porque se vive muy de cerca. Detrás del paso, junto a la banda, se formó una comitiva de acompañantes que subimos con La Estrella el resto de la cuesta. Había hermanos cofrades, gente del barrio caminando con su virgen y devotos o simples curiosos. Incluso un bebé en su sillita, que milagrosamente iba dormido junto a los tambores. La gente era amable y se comentaban las incidencias del momento en un ambiente agradable. Te sentías formar parte de aquel espectáculo. No veías la procesión; eras la procesión.

Costaleros de La Estrella

Ya en la Plaza Larga los costaleros bailaron a la Virgen de La Estrella. El gran esfuerzo había terminado y allí todo fue arte y alegría. Pensé en los costaleros. En las personas que mueven a su imagen sagrada entre las callejuelas de ese barrio milenario al ritmo de una música incisiva y conmovedora, y hacen estampas de increíble riqueza estética de la locura incomprensible de cargar sobre sus cuerpos una descomunal mole de madera y plata. ¡Al cielo con ella!

Me ha llegado un enlace al siguiente video desde la Mesa de la Ría, asociación a la que pertenezco y que lucha en Huelva (Andalucía, España) por recuperar a la ciudad en general y a su ría en particular del deterioro medioambiental al que viene sometiéndolas desde hace décadas un polo de industria química situado junto a ellas.

Se trata de un reportaje sobre Huelva, la contaminación, los residuos radiactivos y su impacto en la sociedad, emitido hace unos días por el programa Repor de Televisión Española, y titulado “El Síndrome de Huelva”. En él se entrevista a personas pertenecientes a los distintos sectores implicados: pescadores, obreros de las fábricas, empresarios, ecologistas y la población onubense en general.

Me ha hecho especial gracia el fandango que canta un hombre en el reportaje denunciando la reciente instalación ilegal por parte de Endesa de una nueva central térmica de ciclo combinado justo detrás del “Monumento a la fe descubridora”, que los onubenses conocemos popularmente como “Colón”:

A Colón yo le he escuchado:
“Que me dejen respirar.
¿Quién ha sido el desgraciado
que me ha puesto aquí detrás
este ciclo combinado?”

Solía vivir con la esperanza de que vería algún día desaparecer ese polo químico, pero ya no lo tengo tan claro. Y no es decente que las mismas fábricas de dan de comer parte de la población de esta ciudad, nos maten, a ellos y a los demás.

Aunque pueda parecerlo, éste no es un post sobre elecciones o política. Se me ha ocurrido hablar sobre uno de las expresiones más repetidas en los informativos en el día de hoy, y rendir un pequeño homenaje a un hombre, Gaspar Llamazares, que ayer repartió a los micrófonos un curioso neologismo.

Si yo fuera experto en lingüística y etimología lo que voy a decir a continuación me parecería una obviedad, o tal vez una estupidez. Pero como soy un profano en la materia (y la ignorancia es muy atrevida) me aventuro a hablar sobre el origen de las palabras. Creo que en el principio las palabras fueron simples onomatopeyas. Pero después, cuando ya había unas cuantas, las siguientes se formaron mediante metáforas. La metáfora es un invento genial, un fructífero logro de la imaginación humana. Gracias a ellas la capital es la ciudad que está en cabeza, el capitán es también el soldado que va en cabeza y un precipicio es donde caes con la cabeza por delante.

Esquema de un tsunami

Todo el mundo sabe lo que es un tsunami, o lo que era hasta ayer. Según la Wikipedia, tsunami es una palabra de origen japonés que significa maremoto y que viene del japonés tsu, “puerto” o “bahía”, y nami, “ola”, y literalmente significa gran ola en el puerto. Así que cuando Llamazares decía insistentemente ayer que su partido había sido arrollado en las elecciones por el tsunami bipartidista, se refería a que habían sido devastado, como por un maremoto, por la tendencia al bipartidismo fomentada en los medios de comunicación.

La palabra tsunami no está actualmente en el diccionario de la RAE. Supongo que se considera un extranjerismo. Pero sabemos que esas cosas pueden cambiar. Que si se utiliza habitualmente acabará en el diccionario. Y cuando lo haga, podría ocurrir, ¿por qué no?, que adoptara algún día también ese significado metafórico que le dio ayer Llamazares. Al fin y al cabo, actualmente un huracán es también un “suceso o acontecimiento que causa destrucciones o grandes males”.

Y cuando eso ocurra tal vez recordemos ese día, 9M de 2008, en que este hombre vencido pero íntegro se lamentaba de su derrota regalándonos una bonita metáfora.

Imagen tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.

Sota de orosEsta mañana, en clase de Estadística, les enseñaba a mis alumnos/as las cartas de una baraja francesa para que calculasen las probabilidades de cada jugada del póquer. Al llegar a la J, les he dicho que equivale a la sota de la baraja española, y que en inglés se denomina Jack (esto lo sabía por una canción de AC/DC). Rápidamente Víctor ha buscado en su diccionario bilingüe el significado de Jack, pero el resultado ha sido bastante decepcionante: sota. Sí, claro, una sota, pero ¿qué **** es una sota fuera del contexto de una baraja?

Se me ha ocurrido ponerme a investigar sobre tan enigmático personaje. Y mi sorpresa ha sido doble: nadie sabe a ciencia cierta lo que es, pero bastante gente se lo pregunta. Se especula especialmente sobre si es un hombre o una mujer, o tal vez un tipo algo afeminado. Hay quien se ha entretenido incluso en buscar a ver si tienen tetas (y parece que no). La wikipedia no sabe/no contesta; lo más que le he sacado es que en algunos modelos se la representa como mujer y en otros como hombre. Pero sí hay indagaciones al respecto en la red, como esta pregunta de Yahoo respuestas, esta entrada de un blog, o esta otra de hace unos días.

Al final, parece que nos tenemos que quedar con la escueta información del diccionario de la RAE:

sota.
(Del lat. subtus, debajo).
1. f. Carta décima de cada palo de la baraja española, que tiene estampada la figura de un paje o infante.

Sota de espadasViene de subtus, debajo. Es decir, se trata de un súbdito, un lacayo. Hay quien añade que es “el alcahuete del caballero o príncipe”. En fin, que es un tío, y bastante maltratado por la vida comparado con el señorío del rey o el caballo… Y tal vez por eso se le degradó con el tiempo hasta la categoría de mujer, o de hombre de masculinidad dudosa.

Pobre sota. Qué despreciada e ignorada. ¡Con lo útil que es a la escoba para pescar sietes, al mus para tener juego, y no digamos al guiñote para cantar las 40! Mi respeto para esta figura ninguneada donde las haya. He de decir que yo siempre le tuve cariño. No en vano, en mi época de estudiante, cuando pasaba 3 horas diarias (sí, 3 horas) jugando al mus y al guiñote en la cafetería del colegio mayor, mi carta preferida era la sota de espadas, a la que siempre consideré la chica más guapa de la baraja.

Imágenes tomadas de La Vida Es Un Trueque.

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