Febrero 2008


Como me ocurre a menudo, la lectura de una noticia reciente me inspira para escribir este post. Y como me ocurre también a menudo, la noticia procede del país de las maravillas, en el que todo es posible, y cuya poderosa influencia sobre nuestras vidas nos hace mirarnos siempre en él como en un espejo. Porque Irán, por ejemplo, sufre un régimen de gobierno despiadado, pero a esos sí los miramos por encima del hombro. A los Estados Unidos de América no.

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La noticia a la que me refiero reza “La silla eléctrica queda desterrada en EEUU tras prohibirse en Nebraska“. Ha sido abolida por el Tribunal Supremo de dicho estado, uno de los 36 (de 50) en que se practica la pena capital (en los demás se utiliza la inyección letal). La noticia añade: “El sello característico de una sociedad civilizada es que castigamos la crueldad sin apelar a ella”, manifestó ayer el tribunal de nueve miembros. “Las pruebas demuestran que la electrocución inflige un dolor intenso y un sufrimiento agonizante. Por lo tanto, la electrocución como método de ejecución es un castigo cruel y desusado”, añadió.

Y yo me pregunto… ¿No se habían dado cuenta hasta ahora de la crueldad de la electrocución? ¿O es que hasta hoy les parecía justo aplicar semejante castigo? Y entonces, ¿sentirán lavadas sus conciencias cuando liquiden a partir de ahora a los reos con la “compasiva” inyección letal? Compasiva y mucho más estética…

Así que me he acordado de aquella canción del genial Javier Krahe, en la que discernía sobre qué método de pena de muerte era su preferido, llegando a una conclusión irrefutable:

Sacudir con corriente alterna
reconozco que no está mal:
la silla eléctrica es moderna,
americana, funcional. […]

Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.

Podéis encontrar la letra entera aquí, y para quien no conozca la canción he subido la versión de La Mandrágora, con coros de Joaquín Sabina y Alberto Pérez.

Siendo yo muy joven, hace ya años, estaba una noche de marcha en un tugurio del casco antiguo de Zaragoza y había por ahí un tipo que tocaba una guitarra española. Admirado por su arte, el poeta que hay en mí le dijo: “qué envidia me das; yo llevo tiempo peleándome con mi guitarra pero no consigo sacar de ella los sonidos que hay en mi cabeza”. Él me respondió: “es que con la guitarra no hay que pelear, hay que hacerle el amor“.

Pasó el tiempo y el poeta siguió aspirando a ser guitarrista. Tuvo épocas felices, de bonitos logros y grandes experiencias, especialmente aquella en que compartió sus horas de ensayos con “Los Susodichos”, y llegó a creer por momentos que la vida era fácil y la noche era rock’n roll.

Pero no hubo suerte en ese matrimonio del poeta con su guitarra, o tal vez le salieron otras amantes a las que quiso mucho más. Aparqué mis guitarras en un rincón de la habitación de invitados mientras sentía que mi sueño de ser guitarrista iba a desvanecerse como otros.

Guitarra

Con los años descubres que envejecer consiste esencialmente en aceptar tu destino de ser mortal e intrascendente. En aceptar tus limitaciones y no dejar por ello de admirarte de tus capacidades. Hace unos días el poeta desenfundó de nuevo su vieja guitarra española. La encontró casi afinada, como esperándole todavía. Nunca será un guitarrista, pero se divierte tocándola y le suena mejor que nunca. Y creo que por fin me estoy enamorando de ella.

Foto de Vodoo, publicada en Flickr con licencia Creative Commons.

Hay quien dice que en las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos de América deberíamos poder participar todos los ciudadanos/as del Planeta, dada la trascendencia que tiene dicha elección en nuestras vidas. En este sentido, recuerdo cómo, después de las últimas elecciones hace cuatro años, salían por la tele norteamericanos (partidarios de John Kerry, se supone) pidiendo disculpas al mundo por haber reelegido a George W. Bush.

La situación actual es de incertidumbre sobre quiénes serán finalmente los candidatos de este año. Tras el Supermartes de ayer, las primarias parecen dejar claro únicamente el posible candidato del Partido Republicano: John McCain, un senador conservador, con cara de senador conservador e ideas de senador conservador, aunque socialmente, al parecer, menos carca que Bush.

Barack ObamaLa pugna en el Partido Demócrata se presenta bastante más atractiva, y no sólo porque el Supermartes dejase las cosas aún muy en el aire. Pero es que los candidatos en liza parecen anunciar una interesante decadencia del “hombre blanco”, en favor de opciones mucho más estimulantes. Por una parte, Barack Obama, senador de raza negra afroamericano, que por lo visto tiene una labia alucinante y representa “el cambio” (whatever it means). Y en dura pugna en la aspiración a la candidatura, Hillary Clinton, que representa más bien la experiencia, pues ya vivió unos años en la Casa Blanca. Cualquiera de ellos haría historia de llegar a la presidencia de los EE.UU., pues hasta ahora todos los presidentes del país más poderoso fueron hombres blancos.

Hillary ClintonBien. La idea de escribir sobre esta gente, aparte del hecho de que en los USA hacen espectáculo de todo y aquí hay morbo por un tubo, me la dio esta noticia aparecida hace unos días en meneame.net, según la cual Hillary podía convertirse en la primera candidata atea de la historia. La llamo Hillary (en lugar de Clinton) porque nadie la conoce por Rodham, que es su apellido, pero detesto esa costumbre anglosajona de ningunear el apellido de una mujer cuando se casa. Lo cierto es que (mi gozo en un pozo) Hillary no es atea sino metodista, o sea, cristiana, y despide a su audiencia en los mítines con un convencido God Bless You (que Dios os bendiga). Al parecer, solía declararse agnóstica, o de eso la han acusado, pero es evidente que tal cosa no beneficiaría a su carrera política y abrazó con fuerza la fe metodista.

Y es una pena, porque habría sido mi candidata. Y habría sido fantástico tener a una atea presidiendo a esa sociedad de mentes puritanas y supersticiosas. En un país que tiene por lema “Creemos en Dios”, en el que casi es delito el ateísmo en algunos estados, en el que se pretende tratar al creacionismo (o el diseño inteligente) al mismo nivel que el evolucionismo, en el que los curas católicos abusan de niños y los obispos miran para otro lado, en el que se persiguen la homosexualidad y el aborto por prejuicios morales mientras se aplica la pena de muerte, en el que Dios parece estar del lado de los ricos y dar la espalda a negros, inmigrantes, mendigos y marginados… Seguramente se puede ser mujer y aspirar a gobernar ese país, pero agnóstica ya era demasiado.

Imágenes tomadas de Wikipedia, la enciclopedia libre.

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