Con los años descubres que envejecer consiste esencialmente en aceptar tu destino de ser mortal e intrascendente. En aceptar tus limitaciones y no dejar por ello de admirarte de tus capacidades. Hace unos dÃas el poeta desenfundó de nuevo su vieja guitarra española. La encontró casi afinada, como esperándole todavÃa. Nunca será un guitarrista, pero se divierte tocándola y le suena mejor que nunca. Y creo que por fin me estoy enamorando de ella.
La pugna en el Partido Demócrata se presenta bastante más atractiva, y no sólo porque el Supermartes dejase las cosas aún muy en el aire. Pero es que los candidatos en liza parecen anunciar una interesante decadencia del “hombre blanco”, en favor de opciones mucho más estimulantes. Por una parte, Barack Obama, senador de raza negra afroamericano, que por lo visto tiene una labia alucinante y representa “el cambio” (whatever it means). Y en dura pugna en la aspiración a la candidatura, Hillary Clinton, que representa más bien la experiencia, pues ya vivió unos años en la Casa Blanca. Cualquiera de ellos harÃa historia de llegar a la presidencia de los EE.UU., pues hasta ahora todos los presidentes del paÃs más poderoso fueron hombres blancos.
Bien. La idea de escribir sobre esta gente, aparte del hecho de que en los USA hacen espectáculo de todo y aquà hay morbo por un tubo, me la dio esta noticia aparecida hace unos dÃas en meneame.net, según la cual Hillary podÃa convertirse en la primera candidata atea de la historia. La llamo Hillary (en lugar de Clinton) porque nadie la conoce por Rodham, que es su apellido, pero detesto esa costumbre anglosajona de ningunear el apellido de una mujer cuando se casa. Lo cierto es que (mi gozo en un pozo) Hillary no es atea sino metodista, o sea, cristiana, y despide a su audiencia en los mÃtines con un convencido God Bless You (que Dios os bendiga). Al parecer, solÃa declararse agnóstica, o de eso la han acusado, pero es evidente que tal cosa no beneficiarÃa a su carrera polÃtica y abrazó con fuerza la fe metodista.
Y es una pena, porque habrÃa sido mi candidata. Y habrÃa sido fantástico tener a una atea presidiendo a esa sociedad de mentes puritanas y supersticiosas. En un paÃs que tiene por lema “Creemos en Dios”, en el que casi es delito el ateÃsmo en algunos estados, en el que se pretende tratar al creacionismo (o el diseño inteligente) al mismo nivel que el evolucionismo, en el que los curas católicos abusan de niños y los obispos miran para otro lado, en el que se persiguen la homosexualidad y el aborto por prejuicios morales mientras se aplica la pena de muerte, en el que Dios parece estar del lado de los ricos y dar la espalda a negros, inmigrantes, mendigos y marginados… Seguramente se puede ser mujer y aspirar a gobernar ese paÃs, pero agnóstica ya era demasiado.
Imágenes tomadas de Wikipedia, la enciclopedia libre.
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