Hay quien dice que en las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos de América deberíamos poder participar todos los ciudadanos/as del Planeta, dada la trascendencia que tiene dicha elección en nuestras vidas. En este sentido, recuerdo cómo, después de las últimas elecciones hace cuatro años, salían por la tele norteamericanos (partidarios de John Kerry, se supone) pidiendo disculpas al mundo por haber reelegido a George W. Bush.

La situación actual es de incertidumbre sobre quiénes serán finalmente los candidatos de este año. Tras el Supermartes de ayer, las primarias parecen dejar claro únicamente el posible candidato del Partido Republicano: John McCain, un senador conservador, con cara de senador conservador e ideas de senador conservador, aunque socialmente, al parecer, menos carca que Bush.

Barack ObamaLa pugna en el Partido Demócrata se presenta bastante más atractiva, y no sólo porque el Supermartes dejase las cosas aún muy en el aire. Pero es que los candidatos en liza parecen anunciar una interesante decadencia del “hombre blanco”, en favor de opciones mucho más estimulantes. Por una parte, Barack Obama, senador de raza negra afroamericano, que por lo visto tiene una labia alucinante y representa “el cambio” (whatever it means). Y en dura pugna en la aspiración a la candidatura, Hillary Clinton, que representa más bien la experiencia, pues ya vivió unos años en la Casa Blanca. Cualquiera de ellos haría historia de llegar a la presidencia de los EE.UU., pues hasta ahora todos los presidentes del país más poderoso fueron hombres blancos.

Hillary ClintonBien. La idea de escribir sobre esta gente, aparte del hecho de que en los USA hacen espectáculo de todo y aquí hay morbo por un tubo, me la dio esta noticia aparecida hace unos días en meneame.net, según la cual Hillary podía convertirse en la primera candidata atea de la historia. La llamo Hillary (en lugar de Clinton) porque nadie la conoce por Rodham, que es su apellido, pero detesto esa costumbre anglosajona de ningunear el apellido de una mujer cuando se casa. Lo cierto es que (mi gozo en un pozo) Hillary no es atea sino metodista, o sea, cristiana, y despide a su audiencia en los mítines con un convencido God Bless You (que Dios os bendiga). Al parecer, solía declararse agnóstica, o de eso la han acusado, pero es evidente que tal cosa no beneficiaría a su carrera política y abrazó con fuerza la fe metodista.

Y es una pena, porque habría sido mi candidata. Y habría sido fantástico tener a una atea presidiendo a esa sociedad de mentes puritanas y supersticiosas. En un país que tiene por lema “Creemos en Dios”, en el que casi es delito el ateísmo en algunos estados, en el que se pretende tratar al creacionismo (o el diseño inteligente) al mismo nivel que el evolucionismo, en el que los curas católicos abusan de niños y los obispos miran para otro lado, en el que se persiguen la homosexualidad y el aborto por prejuicios morales mientras se aplica la pena de muerte, en el que Dios parece estar del lado de los ricos y dar la espalda a negros, inmigrantes, mendigos y marginados… Seguramente se puede ser mujer y aspirar a gobernar ese país, pero agnóstica ya era demasiado.

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