PAÍS: Canadá DIRECTOR: Jean-Marc Vallée GUIÓN: Jean-Marc Vallée, François Boulay
INTÉRPRETES: Michel Côté, Danielle Proulx, Marc-André Grondin, Émile Vallée
SINOPSIS: C.R.A.Z.Y. narra el relato de un niño, y luego el de un adolescente “diferente”, que renegará de su naturaleza más profunda para no perder el amor de su padre. De 1960 a 1980, rodeado de sus hermanos, de Pink Floyd y los Rolling Stones, entre las vueltas en moto para impresionar a las chicas, los porros fumados a escondidas, las grandes y pequeñas discusiones y, sobre todo, un padre al que intenta volver a encontrar con desesperación, Zac nos cuenta su historia. (FILMAFFINITY)
Uno suele llevarse gratas sorpresas cuando le recomiendan una película pero no pone mucha fe en ella. C.R.A.Z.Y. fue una sugerencia de mi amigo Carlos hace ya meses pero no la vi hasta ayer. Y me encantó.
C.R.A.Z.Y. son las iniciales de los cinco hermanos. Zac es el penúltimo y nos cuenta su historia desde su nacimiento, un 25 de diciembre. Lo malo de nacer en Navidad es que tu cumpleaños siempre pasa desapercibido, y aún es peor si nunca te regalan lo que tú quieres. En C.R.A.Z.Y. todo gira en torno a esta familia, el pequeño universo en el que Zac crece. Y Zac es diferente porque tiene un don. Su padre le tiene un cariño especial, su padre es el mejor padre del mundo y espera que Zac sea un gran músico. Su madre le protege y le asegura la simpatía de Jesús, al fin y al cabo, ambos nacieron el mismo día.
Lo mejor de C.R.A.Z.Y. es este mundo de personajes. Son personajes reales, llenos de convicciones, dudas, temores, fracasos y esperanza. Al principio todos son niños. El tiempo pasa y los cinco niños se adaptan, cada uno busca su sitio; cada uno a su manera. Zac tendrá que recorrer un duro camino de aceptación hasta llegar a sí mismo.
La película se adorna con bonitas metáforas y recrea con buen gusto la estética de los años 60 y 70. El padre de Zac es un melómano; escucha a Charles Aznavour y Patsy Cline. Su hijo herdará esta afición, así que la banda sonora hace un entrañable repaso por temas de Pink Floyd, los Rolling Stones, Jefferson Airplane y el gran David Bowie.
En fin, que la peli es muy recomendable, en mi opinión. Y le he copiado a Juan Cosaco la idea de poner un fragmento sacado de YouTube, en este caso un trailer.
Lo malo de tener un blog en el que escribes siempre exclusivamente lo que te da la gana es que cuando no tienes ganas de escribir el blog no se actualiza. Haré un esfuerzo, ya que me encuentro en un largo puente por fiesta local, para escribir sobre una de mis últimas aficiones.
Le pedí a Papá Noel una historia de la música Jazz y me trajo esto: Tirro, Frank, Historia del jazz clásico, MaNonTroppo, Barcelona, 2001 (se encuentra fácilmente en la red). Así que ando leyendo y escuchando sobre esta música emocionante que hunde sus raíces en la historia de un país, Estados Unidos de América, y sobre todo en esa mezcla explosiva entre las melodías y ritmos que el “hombre blanco” trajo de Europa y los esclavos negros de África.
Escuchar:
Según cuenta el artículo de Wikipedia, basado precisamente en la obra de Frank Tirro que me trajo el barbudo navideño, “el ragtime es un estilo musical desarrollado a finales del siglo XIX que se halla en las raíces del jazz y que constituyó la primera música negra que consiguió amplia popularidad y distribución comercial“. Se caracteriza por ser una música interpretada habitualmente al piano, por su peculiar ritmo marcado por los bajos con la mano izquierda y por sus síncopas en la melodía.
Escucho piezas de ragtime últimamente. Recuerdan a la música que acompañaba las viejas películas de cine mudo. Su intérprete más conocido, Scott Joplin, es el autor de los temas que se interpretan en la famosísima banda sonora de la película El golpe, que todos/as hemos escuchado mil veces. Pongo como muestra otra de las piezas más famosas de Joplin: Maple Leaf Rag.
Ay (suspiro), estoy enganchado a un juego. Se llama La batalla por Wesnoth y es un juego de estrategia por turnos. Tiene licencia de software libre y está disponible para GNU/Linux, Windows y Mac OS, entre otros. Empecé a jugar en las pasadas vacaciones de Navidad, y ahora dedico buena parte de mi tiempo de ocio a él. Por eso tengo abandonado este hormiguero, y eso que tengo algunas ideas para postear. Bueno, voy a escribir un poco antes de ponerme a matar orcos…
Como viene siendo habitual, pasé el puente de Nochevieja en buena compañía en una casa rural; en esta ocasión nos fuimos (éramos ocho) a Molinos de Duero, un pueblecito de la provincia de Soria (España). Hizo un frío de muerte, pero buen tiempo, así que aprovechamos los días para hacer un poco de turismo.
El primer día visitamos Calatañazor. El pueblo es famoso por la leyenda que afirma que “en Calatañazor perdió Almanzor el atambor”, que no se refiere a un tambor, sino a que fue allí donde los cristianos lo derrotaron. Previamente, este general de los ejércitos del califa andalusí había arrasado buena parte de las ciudades de la península reconquistadas por los cristianos, e incluso la catedral de Compostela, en pleno auge de las peregrinaciones (y al parecer se llevó las campanas).
Pero lo que me gustó de Calatañazor fueron sus calles empedradas, con casas de tapial, mampostería y ladrillo entre entramados de madera y curiosas chimeneas típicas de forma cónica. Era un día soleado y pudimos pasear y hacer fotos, desde la románica Ermita de la Soledad, a los pies del pueblo, hasta el castillo, del siglo XIV, situado en lo más alto.
Desde lo alto del castillo de veían las llanuras castellanas y los tejados del pueblo. Después volvimos paseando entre casas de sabor tradicional y aspecto noble, que escondían tiendas de artesanía local y productos de la tierra, como miel, setas y dulces típicos. Fue un rato muy agradable. Calatañazor es Conjunto Histórico-Artístico Nacional desde 1962.
Me obligo a escribir esto, porque llevo días sin contribuir a este hormiguero, cuando termina lo que yo suelo llamar un día frontera. Los días frontera son esos en los que pasamos los seres humanos de una forma de vida a otra radicalmente diferente, algo que siempre he pensado que no es nada bueno para la salud mental, pero nos ocurre varias veces al año desde que se inventaron las vacaciones.
Hay dos tipos de días frontera: los buenos y los malos. El 21 de diciembre fue uno de los buenos. Es un día lectivo, sí, un día de trabajo. Pero lo vives con alegría, ilusión, esperanza, incluso euforia. Comienzan las vacaciones de navidad.
Y el 7 de enero es el día frontera malo. Es un día de vacaciones, desde luego, pero tiene el sabor amargo de un triste presagio. Recuerdo aquellas lúgubres tardes de 7 de enero, llegando al colegio mayor o al piso de estudiantes con tu triste maleta y la cabeza llena de pesarosos augurios. Te reencontrabas con los compañeros, que siempre contaban historias de sus vacaciones de las que deducías que se habían emborrachado y/o ligado mucho más que tú.
Yo solía decir que el peor momento del año es cuando te suena el despertador en la mañana del 8 de enero. Pero esta tarde del 7, del día frontera, produce una agonía bastante más profunda y prolongada.
Bueno, tengo algunas historias buenas para traer al blog sobre algunos sitios que visité en estas vacaciones. De ellas se deduce que sigo sin dedicar la navidad a ligar ni a emborracharme (bueno, esto un poco), pero que he visitado algunos sitios bonitos. Que nos sea leve la vuelta al curro, y feliz 2008 para todos y todas.
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IBSN 11-05-2001-00