He leído últimamente en diversos medios una noticia que anunciaba que en varios países islámicos se retoca el escudo del Fútbol Club Barcelona eliminando de él la cruz de Sant Jordi para evitar herir sensibilidades. La cruz de Sant Jordi (una cruz roja sobre fondo blanco) aparece también en el escudo de la ciudad de Barcelona o en la bandera de Inglaterra, por ejemplo. Pero era lucida, además, por los cruzados que luchaban en Tierra Santa contra los “infieles” durante la Edad Media, al ser Jorge de Capadocia profundamente venerado por la cristiandad en aquella época. De hecho, San Jorge se convirtió en santo protector de algunas órdenes religiosas militares, como la Orden Teutónica o los templarios.

La cruz de Sant Jordi

Este hecho, aparentemente ridículo puesto que el escudo del Barça representa cosas totalmente diferentes a aquellas que simbolizaba el de los cruzados, me ha recordado a otra noticia reciente también aparentemente ridícula: El primer teniente de alcalde de Sevilla, de Izquierda Unida, ha preferido denominar al alumbrado navideño de la ciudad para este año “alumbrado del solsticio de invierno“. Me pareció un arriesgado y loable intento de apartar la religión de lo que no la representa, aunque me quedé pensando en cómo denominarán a las procesiones de Semana Santa… ¿Desfile equinoccial de estatuaria barroca? ¿Paseo primaveral de muñequitos tristes?

En ambos casos, la sensación de que se actúa de forma ridícula procede, en mi opinión, de una premisa equivocada, según la cual no tiene nada de extraordinario utilizar símbolos religiosos en la vida cotidiana. Pero es que sí lo tiene. Porque la Guerra Santa ocurrió, fue real, sus símbolos persisten en nuestros escudos, y además cristianos y musulmanes seguimos sin ser del todo amigos. Y en Sevilla viven personas que no celebran la navidad cristiana (musulmanes, ateos, etc.), pero que pagan con sus impuestos la iluminación municipal como todo el mundo. Los símbolos religiosos están por todas partes, los utilizamos constantemente y son parte de nuestra cultura, pero no por ello dejan de ser políticamente incorrectos algunas veces. Me gusta que eso se recuerde y se tenga en cuenta.

Al final, de todas formas, lo que molestará al F. C. Barcelona será realmente que su equipación oficial no se venda en los países islámicos (la alterada es falsificada) y apuesto a que no tardarán en sacar versiones oficiales alternativas para esos países. Y lo que tendrá felices a los comerciantes sevillanos es que la gente se pase las tardes en la calle comprando bajo la luz de unas bombillas que a nadie importa cómo se llamen. Y yo seguiré disfrutando, porque me encantan, de las procesiones de Semana Santa sevillanas aunque las considere folclore popular en forma de preciosos paseos de muñequitos tristes con música.

Imagen tomada de lavanguardia.es.