El viernes pasado por la tarde recibí de pronto varias llamadas al móvil: se iban a poner a la venta, el martes 4 de diciembre, entradas para el último concierto de la gira europea de Bruce Springsteen, el 20 de julio de 2008 en Barcelona. Al parecer las del 19 de julio se agotaron enseguida y la propia banda decidió dar un concierto más.

Ni que decir tiene que decidí que había que conseguir las entradas como fuera. Un concierto de final de gira es una gran apoteosis en la que los músicos se vacían y lo dan todo. Eso, dicho de Bruce Springsteen & The E Street Band, puede significar sencillamente un espectáculo apocalíptico, una experiencia digna de presenciar antes de morir. No me extrañaría que se grabe un DVD del concierto y se venda como una joya más, como una muestra más para la posteridad de cómo este tipo puede llenar de rock’n roll a miles de almas en unas horas de delirio indescriptible (esto lo sé porque ya me ocurrió una vez).

Bruce Springsteen tiene 58 años. Seguro que dará muchos conciertos aún, pero hace años que pienso que tarde o temprano su cuerpo dejará de soportar el desgaste de las giras multitudinarias, de esos generosos conciertos con la E Street Band que le autentificaron como el Boss. No sé si esta será su última gira de grandes conciertos, pero no sería de extrañar. ¡Y además en el Camp Nou! Había que ir sí o sí.

Después de la experiencia del 2 de octubre no las tenía todas conmigo. Para colmo, pasé todo el principio de esta semana ocupadísimo con un montón de asuntos del trabajo, así que no recordé que se vendían las entradas el martes hasta ese mismo día por la tarde, durante una reunión del Consejo Escolar de mi instituto. Por eso había dado ya por perdida la ocasión, una vez más, cuando llamé por teléfono para intentar comprar las entradas. ¡Pero aún quedaban!

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Así que las compré (una para mí y otra para Meli) y fuimos a buscarlas a la Fnac de Sevilla al día siguiente. Y aquí las tengo, guardadas como oro en paño. Será una gran noche.