Me ocurrió el domingo una anécdota curiosa en un bar del Albaicín, en Granada (España). Quien conozca el lugar, sabrá que el barrio del Albaicín conserva gran parte del sabor de su pasado nazarí, y es frecuentado, aparte de por estudiantes y turistas, por inmigrantes magrebíes.

Entré con Meli a tomar una cerveza y vi en la tele que estaban poniendo el partido de fútbol del Barça, mi querido Barça, que jugaba en casa, en el Camp Nou, contra el Betis. La emisión era de una cadena árabe, y grande fue mi decepción al ver sobreimpresionado el resultado hasta el momento: algo-en-árabe 0 - 1 algo-en-árabe.

Di media vuelta y le dije a Meli: vámonos que pierde el Barça, qué mal rollo. Mientras salíamos el camarero, un muchacho de aspecto marroquí nos invitaba a sentarnos y sólo vio mi cara de mala leche.

- Hola, por lo menos, ¿no? - me dijo.

- Perdona, es que soy del Barça y he visto que va perdiendo.

- No, va ganando 1 a 0. Y toda esta gente son culés, como tú.

¡Qué alegría me llevé! Claro, los árabes escriben al revés, de derecha a izquierda, por eso un 0-1 significa que gana el equipo de casa. Nos sentamos a tomar unas cervezas (con tapa gratis, como es costumbre en Granada) viendo el partido. Ronaldinho marcó dos goles más de falta directa, que un grupo de inmigrantes africanos y yo celebramos con pasión. Efectivamente, éramos todos culés, excepto un par de mesas de guiris que cenaban paellas y cosas por el estilo (y Meli, que es “colchonera” pero me sigue el rollo con admirable paciencia).

Ronaldinho, que marcó dos goles

El encuentro acabó 0-3 para el Barça, que hizo un partidazo, y nos fuimos felices de aquel lugar peculiar, en el que quedó demostrado, una vez más, que vivimos en una sociedad multicultural, que la mezcla es muy divertida, y que no hay como acabar un puente con tu equipo a sólo un punto del maltrecho líder.

Imagen tomada de elpais.com.