Me ocurrió recientemente una curiosa coincidencia. Fue el jueves pasado, un día antes de la noche en que iba a asistir a ver mi primer partido de baloncesto. En la cola de la caja de Carrefour, después de hacer mi escueta compra, me vi encerrado, como en un sandwich, entre dos tipos altísimos. Uno delante de mí, y otro detrás, que debían de ir juntos, pensé, porque se dijeron algo en un idioma que no entendí. Y entonces caí: ¿a ver si van a ser jugadores de baloncesto extranjeros?

Me hizo tanta ilusión pensar que tal vez lo fueran, y que al día siguiente los iba a ver en acción, que me dediqué a observarlos. Habían comprado también poca cosa; eran las típicas compras de joven soltero que no tiene ni idea de cocinar: pan, plátanos, platos precocinados, magdalenas. Uno de ellos llevaba también un montón de cervezas mexicanas. El primero pagó con tarjeta, dejando a la cajera un precioso autógrafo. Lo cierto es que nadie reparaba en su presencia; eran unos perfectos desconocidos.

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El viernes fui con Meli al baloncesto. Allí estuvimos con mi primo Álvaro, en calidad de corresponsal del periódico Huelva Deportiva y de cbhuelva.es, y Mabel, su novia. Jugaban el CB Huelva contra el Bruesa GBC. Y allí estaban “mis amigos” del día anterior. Uno de ellos, Ross Schraeder, resultó jugar de alero, y, aunque no salió de titular, tuvo grandes intervenciones, anotando 3 triples (y 11 puntos en total). El otro, Pavel Ermolinski, un larguirucho con cara de niño, no jugó por estar lesionado (lo cual le disculpa la colección de Coronitas que se había llevado de Carrefour).

Sentado detrás de mí vi a otro viejo conocido: Víctor Muñoz, el actual entrenador del Recre, y gran ídolo de mi juventud barcelonista. El partido tuvo fases de emoción, pero el CB Huelva fue perdiendo casi de principio a fin ante un duro rival. Hice algunas fotos que publico aquí, y disfruté bastante con el ambiente, el espectáculo y la compañía. Mi primo Álvaro escribió después esta crónica del partido.

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Descubrí que hay gente que va al baloncesto, pero lo cierto es que el pabellón estaba medio vacío. Nada que ver con las multitudinarias pasiones que despierta el decano del fútbol español. Eso explica que Ross y Pavel compren “comida de estudiantes” en Carrefour y que pasen desapercibidos entre la gente, a pesar de que su aspecto los delata. Sólo son jugadores de baloncesto.