Escuché esta frase por primera vez cuando descubría el programa “Con tres acordes“, de la emisora Radio 1 de Radio Nacional de España. El programa se emite en las madrugadas de los sábados, justo cuando menos se me ocurre a mí poner la radio, pero se puede descargar también como podcast, que es lo que yo hago y la razón por la que di con él.
Escuchar:
Y me encanta la frase, que es algo así como el lema del programa, pero el resto de “Con tres acordes” tampoco está mal. Manolo Fernández, su conductor, hace repasos musicales remontándose a la época de los inicios del rock’n roll, en los USA de los años 50, hasta momentos más eclécticos de los 60 británicos, pasando por el country, el soul o el rhythm and blues.
Me gusta la frase igual que me gustan las canciones sencillas, sin grandes pretensiones armónicas, en las que el buen gusto y la imaginación bastan para que suenen frescas. Al fin y al cabo, el blues y la música folk son la base de casi todo lo que escuchamos, y se escriben con tres acordes. Incluso creo que alguna de las canciones del Astral Weeks de Van Morrison, una obra maestra en mi opinión, tenía sólo dos acordes. Claro, que el viejo Van siempre fue un genio…
Y la verdad… Me gustan las canciones en primera persona, las que suenan sinceras. Las mentiras suelen ser muy divertidas, pero esa es otra historia.
Estreno estos días un auto-regalo que me hice para mi cumpleaños, de esos que Aníbal y yo nos hacemos con cierta frecuencia, fruto de lo mucho que nos queremos (a nosotros mismos).
Se llama Plustek OpticFilm 7200 y es un escáner de diapositivas y negativos. Elegí este modelo después de leer en varios sitios que daba unos resultados muy muy buenos por un precio muy inferior (¡la tercera parte!) al de los escáneres de este tipo para profesionales. Me costó decidirme, sin embargo, porque resulta que el puñetero aparato no funciona con Linux, sólo Windows y Mac. Así que he tenido que ensuciar un pedazo de disco duro de este ordenador con el S.O. de las 7 letras, cosa que hice ayer muy a mi pesar. Lo cierto es que no encontré ningún escáner de diapositivas para GNU/Linux.
Y después de probarlo he comprobado que eran ciertas las buenas críticas que le hacen. Escanea a una resolución altísima, con mucha calidad y trae un buen software para corregir el color y eliminar polvo, arañazos y otros defectos. Me llevé de casa de mis padres una buena colección de diapositivas la última vez que estuve, con intención de rescatarlas del abandono y el olvido. También yo guardo un montón de cajas hechas por mí cuando aún no existían las cámaras digitales. Así que tengo trabajo para un tiempo.
Como muestra dejo aquí una de las fotos recién escaneadas. Por cierto, compré el escáner en BOXMEDIA. Nunca había comprado ahí, pero me atendieron bien, el envío fue muy rápido y me mandaron después la factura por correo.
Me ocurrió recientemente una curiosa coincidencia. Fue el jueves pasado, un día antes de la noche en que iba a asistir a ver mi primer partido de baloncesto. En la cola de la caja de Carrefour, después de hacer mi escueta compra, me vi encerrado, como en un sandwich, entre dos tipos altísimos. Uno delante de mí, y otro detrás, que debían de ir juntos, pensé, porque se dijeron algo en un idioma que no entendí. Y entonces caí: ¿a ver si van a ser jugadores de baloncesto extranjeros?
Me hizo tanta ilusión pensar que tal vez lo fueran, y que al día siguiente los iba a ver en acción, que me dediqué a observarlos. Habían comprado también poca cosa; eran las típicas compras de joven soltero que no tiene ni idea de cocinar: pan, plátanos, platos precocinados, magdalenas. Uno de ellos llevaba también un montón de cervezas mexicanas. El primero pagó con tarjeta, dejando a la cajera un precioso autógrafo. Lo cierto es que nadie reparaba en su presencia; eran unos perfectos desconocidos.
El viernes fui con Meli al baloncesto. Allí estuvimos con mi primo Álvaro, en calidad de corresponsal del periódico Huelva Deportiva y de cbhuelva.es, y Mabel, su novia. Jugaban el CB Huelva contra el Bruesa GBC. Y allí estaban “mis amigos” del día anterior. Uno de ellos, Ross Schraeder, resultó jugar de alero, y, aunque no salió de titular, tuvo grandes intervenciones, anotando 3 triples (y 11 puntos en total). El otro, Pavel Ermolinski, un larguirucho con cara de niño, no jugó por estar lesionado (lo cual le disculpa la colección de Coronitas que se había llevado de Carrefour).
Sentado detrás de mí vi a otro viejo conocido: Víctor Muñoz, el actual entrenador del Recre, y gran ídolo de mi juventud barcelonista. El partido tuvo fases de emoción, pero el CB Huelva fue perdiendo casi de principio a fin ante un duro rival. Hice algunas fotos que publico aquí, y disfruté bastante con el ambiente, el espectáculo y la compañía. Mi primo Álvaro escribió después esta crónica del partido.
Descubrí que hay gente que va al baloncesto, pero lo cierto es que el pabellón estaba medio vacío. Nada que ver con las multitudinarias pasiones que despierta el decano del fútbol español. Eso explica que Ross y Pavel compren “comida de estudiantes” en Carrefour y que pasen desapercibidos entre la gente, a pesar de que su aspecto los delata. Sólo son jugadores de baloncesto.
Esto es genial: venden recortables para vestir de mil formas posibles nada menos que a un cristo crucificado. Mejor todavía: aquí puedes jugar a vestirlo online.
“El viento” es un video para publicitar una empresa de energía eólica. Está en inglés pero se entiende bien y vale la pena no perdérselo.
Todavía me hago esta pregunta después de pasar ayer toda una mañana intentando conseguir entradas para el concierto de Bruce Springsteen en el Palacio de los Deportes de Madrid el próximo 25 de noviembre.
Las entradas se pusieron a la venta a las 10 de la mañana, en la web www.ticktackticket.com y a través del teléfono de esta tienda virtual. Pero desde antes ya de esa hora la web estuvo bloqueada (daba error 104: Connection reset by peer) y por teléfono salía un mensaje de línea saturada (ni siquiera comunicaba). Y así toooooda la mañana. No fue posible hablar con nadie ni que se abriera la web.
Cuando por fin respondieron al teléfono, a las 2 y media de la tarde, fue para que un contestador me confirmara lo que ya suponía: que las entradas se habían agotado.
Vi a Springsteen con su E Street Band hace más de 15 años, en el estadio Vicente Calderón. Aquella noche inolvidable ese hombre llenó mi alma de rock’n roll como nunca nadie antes ni después. Aún me emociono recordando aquel concierto y me he propuesto firmemente volver a vivir aquella experiencia mientras sea posible. Pero tengo la sensación muy desagradable de que con la forma en que se pusieron a la venta las entradas ayer no tuve ninguna oportunidad.
Bruce Springsteen, el working-class hero por excelencia, el hombre que canta a los solitarios, a los excluidos en busca de redención, cantará en Madrid para una élite de recomendados, enchufados, privilegiados o, al menos, afortunados. Supongo que yo mientras tanto conduciré por una autopista escuchándolo en mi coche.
Ni que decir tiene que estoy abierto a ofertas de reventa de entradas. Si alguien consiguió alguno de esos preciados tesoros, yo pagaría bastante por un par de ellos.
Diseño descargado de www.vanillamist.com y modificado por Carlos el hormigo
Siempre que se copia algún contenido, especialmente imágenes, se cita la fuente. Parte de éste podría tener copyright.
Si el propietario considera ilegal su reproducción puede comunicarlo y se eliminará inmediatamente.
IBSN 11-05-2001-00