Puedes ver a varios cientos de personas apretadas, todas mirando a un mismo lugar. De entre la multitud asoman cámaras de fotos y de vídeo (la tecnología digital ha sembrado de maquinitas este tipo de lugares). Ocurre justo antes de cada hora en punto en la Plaza de la Ciudad Vieja, frente al famoso Reloj Astronómico de Praga. Antes de sonar las campanadas los turistas pueden ver moverse a las figuritas del reloj: la Muerte que gira su reloj de arena, el Turco que dice que no con la cabeza, el Avaro con su saco de monedas, el Vanidoso con su espejo, los doce Apóstoles desfilando y el gallo que canta al final. Pero el auténtico espectáculo está en la calle entre el gentío, en la tensión, los murmullos, los flashes, las risas y los aplausos al final. Es una ceremonia que por habitual no deja de ser festiva y siempre única en esta ciudad. Porque la multitud es cada vez diferente, aunque haga siempre las mismas cosas…

Reloj Astronómico

Multitudes semejantes pueden encontrarse en Praga en otros muchos lugares emblemáticos y de obligada visita: en el Puente de Carlos, durante el cambio de guardia en el Castillo, en lo alto de cada torre, en las tiendas, delante de cada puesto o atracción en la calle, etc. De las ciudades que he conocido tal vez ésta sea la más apropiada para una visita turística; todo en ella se presta para disfrutar de unos días de interminable actividad descubridora…

Plaza de la Ciudad Vieja

Efectivamente, Praga parece estar preparada exclusivamente para el disfrute del/la turista… Animadas calles, preciosas casas llenas de cualidades arquitectónicas, bonitos jardines, puentes, un río lleno de quietud que invita al paseo por sus orillas, iglesias, palacios y enormes jarras de exquisita y barata cerveza local en cada terraza. Dicen que los cimientos de las casas son de origen románico, que sobre ellos se edificó en época gótica y después en el barroco. Más tarde los “estilos neo” y el art nouveau del siglo XX acabaron por dar su aspecto final tan ecléctico a las calles praguenses.

Puente de Carlos

Pasear por Praga es disfrutar de cada instante. Sólo al final del día descubres el cansancio, y todo tiempo es poco para tanto como te gustaría hacer. Suelo elegir un “sitio preferido” en las ciudades que visito. Un lugar en el que sentarme y disfrutar porque mire adonde mire “todo es bonito”. En Praga probablemente haya tantos lugares así que no fui capaz de quedarme con uno solo. Tendremos que volver con más días.

Y para corroborar mis palabras, aquí dejo un enlace a algunas fotos que hice en Praga.