[podcast:http://lalunarosa.com/hormiguero/wp-content/sonidos/Me_llamas.mp3]

Recuerdo haber visto tocar a Manolo Kabezabolo (MKB) hace ya más de 15 años, en mi época de estudiante, cuando vivía en Zaragoza. Le llamaban el cantautor punky; era un tipo delgaducho y greñudo, que se sentaba en una silla con una guitarra española y desgranaba con voz de pito su original repertorio.

Circulaban maquetas de sus canciones, pero nadie lo tomaba muy en serio como artista. Solía comentarse -y era cierto- que pasaba largas temporadas ingresado en un psiquiátrico y se decía que se le había ido la olla a raíz de una noche en la que se pasó con los tripis. Con el tiempo grabó algunos CDs e hizo varias giras actuando con su grupo “Manolo Kabezabolo y los ke se van del bolo”. Hay información sobre él y su música en la web manolokabezabolo.es.

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Lo sorprendente es que Manolo siguió componiendo, tocando y grabando. Y el otro día descubrí que acaba de publicar un disco titulado Aversiones que en lugar de venderlo lo ofrecen para descargar gratuitamente por internet desde aquí. Se trata de un acto de generosidad y, sobre todo, de rechazo a la política fiscalizadora y el afán recaudador de la SGAE: “Creemos que la música es patrimonio de la humanidad y no de Ramoncín y sus secuaces”.

[podcast:http://lalunarosa.com/hormiguero/wp-content/sonidos/Tu_vida_cambio.mp3]

Aversiones es una hilarante colección de canciones (algunas de siempre y otras nuevas) de entre las que he elegido un par para este post. En ellas MKB hace lo que mejor se le da: versionear temas conocidos cambiándoles la letra. Dice Manolo que la clave de su éxito está en que dice las cosas que todo en mundo piensa pero casi nadie expresa en voz alta. Porque aparte de la continua exaltación de drogas, juergas y borracheras, hay en sus canciones muchas dosis de protesta e inconformismo. Y algo tienen también de ternura sus letras aparentemente salvajes. Son simples y directas. Y ante todo muy muy divertidas…

En un puerto colombiano
Al pie de las montañas
Vive nuestro amigo el narco
En un chalet que te cagas…