Es difícil ser objetivo. Habría que partir inicialmente de un alejamiento del tema para atenerse única y exclusivamente a “los hechos” implicados en la situación. Aún así, si fuésemos capaces de lograrlo estaríamos ante una única visión, la nuestra. Una visión, un pensamiento único… ¿nos llevaría a descubrir la autenticidad, la verdad de los hechos?

Ramón Jiménez
Autor foto: Ramón Jiménez

Cuando comencé a escribir en un blog tomé el nombre de una carpeta en la que archivaba escritos sobre un momento puntual, del que ahora alejada con el paso del tiempo [todo es tiempo] mi visión única ha cambiado. Al hacer este blog personal partía del conocimiento de que era, cuanto escribiera, una parte de un todo desde un ángulo, en el que yo estaba colocada y de ahí nutriría cuanto tomase cuerpo bajo mis dedos para quedar impreso, un único ojo. Una mirada de cíclope. Después vendrían todas las demás visiones, confluyentes, divergentes… miradas al fin y al cabo de una misma realidad, una misma verdad. Un aquí, un ahora puntual.

Lo ilustro con un ejemplo “prestado” de un libro; imaginemos un incendio en un edificio. Hasta el lugar de los hechos llegan cuatro periodistas para narrar el acontecimiento; cada uno se coloca en una esquina. El relato del suceso será distinto: uno nos hablará de las llamas devastadoras del edificio, así como del dolor de las personas implicadas, otro del humo, de los camiones de bomberos que llegan al lugar, otro de la inquietud que se percibe en la zona, el más alejado comunicará que se ha producido un incendio cerca de donde se encuentra pero que todo está en calma. Un mismo hecho, una perspectiva distinta y ésta mi pregunta: ¿qué periodista tiene el punto de vista correcto, conoce realmente los hechos? En definitiva, quién está en posesión de la verdad…

Se puede, por tanto, estar toda la vida mirando con un solo ojo, perdiendo la auténtica perspectiva de las cosas, hablando, leyendo, escuchando, comunicándonos con personas que no profundizan, ni van más allá de una esquina, o tal vez la verdad y la realidad sean cuestión de percepción.

Sucede que no siempre se está dispuesto a abrir los ojos, salir de la esquina, aceptar otros puntos de vista, respetar en definitiva. Me dan miedo los pensamientos y actitudes intolerantes, rígidas, aunque se estén manifestado mis ideas porque podría ser que no lo fueran y sería yo la que me encontrara censurada o criticada. Una de las cosas más tristes es perder la inocencia, la capacidad de sorprenderse, la magia ante lo creíble frente a lo esperado, dar por hecho lo que ha de suceder. Etiquetar, clasificar, calificar, encasillar.

Debilidad, miedo a salir, a dejar entrar otros mundos que nos hagan abrir los ojos de par en par.

Seguir guiñando a la verdad.

Este post es en realidad un guiño, porque debería estar aquí. Tal vez ahora también vosotros lo miréis de un modo muy distinto al de antes de saber de quién era en realidad.

Autora: la mirada del cíclope.