Quienes hemos sido alguna vez peregrinos sabemos que el Camino tiene de cuando en cuando hitos mágicos, lugares de leyenda que dan sentido a cada tramo, se esperan con un ansia especial y se viven con una intensidad inolvidable. El vado del río Quema es uno de ellos.

Vado del río Quema

Estuvimos este jueves viendo a la Hermandad de Triana (Sevilla, España) pasando por este lugar en su camino hacia la aldea de El Rocío, con motivo de la multitudinaria romería anual que se hace por estas fechas. No había estado nunca, pero sabía que me iba a encantar, así que me llevé la cámara “buena”. Y lo que viví no me decepcionó. Caía la tarde y había una luz y una temperatura fantásticas. Los peregrinos pasan a caballo, en carros o a pie, acompañando al simpecado que transporta a la imagen de la Virgen del Rocío.

Vado del río Quema

El lugar es mítico y precioso y la gente lo sabe. La multitud se congrega en las dos orillas para ver pasar a las carretas. El momento culminante es la llegada del simpecado. Y los coros cantan a la Virgen por sevillanas:

Poemas.
Cantaban a la Virgen poemas
los juncos de la orilla del Quema…
Tiempo detente,
que es tan grande el consuelo que mi alma siente,
que duren mis anhelos eternamente.

Vado del río Quema

Después del simpecado pasan las carretas más bonitas y antiguas, tiradas por enormes parejas de bueyes. Son estampas de increíble calidad estética, que te evocan tiempos pasados. Es una vuelta a la esencia, al origen de esta tradición. Sin motores, sin máquinas, sin comodidades. Los pies mojados, el polvo pegado a la piel, el olor de las bestias, el cansancio, el dolor de las horas de camino…

Vado del río Quema

Por un momento sientes estar viendo algo ancestral y genuino. Y dentro de un año, otra vez.

Actualización: He subido más fotos a Flickr, que pueden verse aquí.