Solemos hacer una visita a la Alhambra de Granada todos los años. Se trata de un monumento grandioso, sorprendente y de inmensa belleza, al que no por casualidad han incluido como único candidato español a formar parte de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo.

Patio de la acequia

Este domingo visitamos El Generalife, la villa ajardinada utilizada por los reyes musulmanes de Granada como lugar de descanso veraniego, que se sitúa junto a la Alhambra. Fue una visita guiada centrada particularmente en el uso que aquellos sultanes de origen árabe hacían del agua.

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Estos reyes de estirpes llegadas del desierto habían encontrado en Granada un vergel, una tierra amable, un lugar donde asentar su reino. Hicieron conducciones subterráneas para abastecer de agua al enorme complejo arquitectónico que eran el Generalife y la Alhambra.

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El agua es protagonista en los jardines musulmanes. Aparte de su carga simbólica como fuente de vida, proporciona un espectáculo para los sentidos. En el Generalife el agua es música, es frescor, es elemento decorativo. Junto con los árboles, las flores y la arquitectura compone un conjunto de estética armonía. Es un auténtico placer pasear por esos jardines.

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Aunque existen distintas versiones al respecto, hay quien asegura que Generalife deriva de Yannat al-Arif, que significa jardín del paraíso. Y no sería extraño que aquellos sultanes poderosos hubieran querido hacer de su residencia un pequeño paraíso terrenal, llevando a su máxima expresión todas sus virtudes en la jardinería.

Jardines del Generalife

Algún día tal vez explique por qué deseo que esta maravilla nunca pase a formar parte de esas 7 nuevas Maravillas con mayúscula. En todo caso, respiro tranquilo pensando que con tanto chino y estadounidense por la red, la Estatua de la Libertad y la Gran Muralla tienen muchas más posibilidades.