Entradas de abril de 2007

…de los nietos y nietas de los reyes de España? ¿Algún español o española recuerda sus nombres (aunque sea el primero, porque tienen 5 ó 6)? ¿Y quién es hijo/a de quién? Y no sólo se trata de desinterés por nuestra parte, que también, sino más bien nos pasa… ¡que ya van siendo demasiados!

No se les podrá acusar, desde luego, a sus padres, de no ejercer una paternidad responsable, porque al fin y al cabo traen niños y niñas al mundo para que vivan como reyes. Pero vamos a ver: ¿no podrían adoptar a otros que lo necesiten más? ¿No hay miles de niños esperando ser adoptados que estarían encantados de convertirse en príncipes o infantes? ¿O el problema está en que habría que reformar la Constitución para incluir en la línea sucesoria al trono a una niña china? Que dejen de parir y adopten ya, hombre.

Porque claro, luego resulta que para mantener a esta numerosa familia se tira de los presupuestos del estado. Y no sólo tienen que comer. También necesitan llevar ropa cara, viajar por el mundo, inaugurar cosas, ir de vacaciones en yate, etc. Y todo eso nos cuesta mucha pasta. ¿Que son cantidades simbólicas? Ya, pues precisamente por eso.

Creo que la mayoría de los españoles/as están satisfechos con esta monarquía. Creo que es porque nuestro rey simboliza el fin de la dictadura en nuestro país. Y creo que la historia lo recordará como un jefe de estado digno, a pesar de que tal vez se pongan en su sitio algunos flecos de su reinado, como el hecho de que, al parecer, se haya hecho enormemente rico en el trono de España.

familia_real.jpg

Lo que no tengo tan claro es que la Monarquía le sobreviva. Que su descendencia se perpetúe como reyes y reinas. No se trata de un problema esencial, tenemos otros más graves. Pero somos una sociedad bastante moderna y ellos una rémora medieval. Al responsable de las felicitaciones navideñas de la Casa Real le van a hacer falta más cursos de Photoshop para meter a tanta gente en un sofá. Lo cual parece muy divertido, pero cada vez va haciendo menos gracia. Veremos qué pasa.

Imagen tomada de quesabesde.com.

Solemos decir frases del tipo “soy el hombre (o la mujer) más feliz del mundo” cuando nos suceden cosas como enamorarnos, ganar un gran premio, conseguir un buen trabajo, tener una enorme casa o que nuestro equipo gane la Champions League. Craso error, al parecer.

Matthieu RicardHoy me he enterado de quién es Matthieu Ricard. Tiene 61 años, es un monje budista francés que vive en el Tíbet, es asesor personal del Dalai Lama y los especialistas en neurociencia afectiva lo consideran “el hombre más feliz de la Tierra”.

Veamos. Científicos de la Universidad de Wisconsin llevan años estudiando el cerebro de este hombre. Lo han sometido a multitud de pruebas en las que unos detectores miden su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción, etc. Los resultados son sorprendentes. Rompe todas las escalas y se sitúa como el ser humano con más altos niveles de felicidad, muy por encima de cualquier otro individuo de nuestra especie.

Lo insólito en Ricard es que consigue este estado de supremo bienestar haciendo más o menos lo contrario de lo que cualquiera de nosotros/as intenta en su búsqueda cotidiana de la felicidad. Porque resulta que este hombre, a pesar de ser un escritor de éxito, regala todos los beneficios de sus libros, vive en un apartado monasterio, dedica su tiempo a la meditación y lleva 30 años practicando el celibato. Le recuerda a uno a ese chiste del médico que aconsejaba a su paciente no beber, ni fumar, ni tener relaciones sexuales porque así, aunque no viviera más años, al menos la vida se le haría mucho más larga…

Matthieu Ricard¿Será verdad que estamos todos/as tan equivocados? La parte buena del asunto es que Matthieu Ricard, que por cierto se doctoró en genética molecular en su juventud, asegura que la mente humana es moldeable, y que se puede entrenar para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. Es decir, la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, practicar y mantener en forma.

Entre sus consignas, Ricard dice cosas como que existe una manera de combatir la soledad y no sentirse abandonado: percibir a todas las personas como parte de nuestra familia. A mí, personalmente, me han entrado muchas ganas de aprender de él. Porque su peculiar forma de alcanzar la felicidad no sólo parece eficaz y duradera; además parece sencilla. Aunque otra cosa resulta bastante evidente: nuestras sociedades occidentales avanzan a marchas forzadas en dirección contraria. Mi amigo Fernando hablaba de la gente en los poblados de Mozambique, sentada durante horas sobre una tapia, dejando pasar el tiempo y sin nada que hacer. No tenían casi nada. Pero necesitaban todavía menos.

Termino con otro chiste que he recordado. El de aquel tipo super feliz al que le preguntan cómo lo consigue y responde:

- Porque no discuto nunca.

- Hombre, no digas eso. ¡Será por otra cosa!

- Sí, tienes razón. Será por otra cosa.

Imágenes tomadas de tohu.ca.

Hace unos días escribí una entrada en la que incluía una encuesta (obtenida a partir de un servicio semi-gratuito). Se trata de un tipo de encuestas en las que se participa simplemente haciendo click con el ratón en una de las opciones indicadas y pulsando en el botón “Vote now”. Independientemente de los resultados de la encuesta me gustó la participación en ella de muchas más personas (44 hasta la fecha) de las que suelen escribir comentarios en un post de este blog.

A la mayoría de quienes escribimos en un blog, y no soy una excepción, nos gusta que se escriban comentarios a nuestros textos. Son muestras de que se ha leído lo que escribimos y de que ha despertado interés. En algunos te dan la razón, en otros te contradicen, a veces te felicitan, alguna vez incluso te insultan…

Salvo los que son spam y alguno que otro falto de contenido, nunca borro los comentarios que me llegan. Eso supone cierta exposición a la crítica y a que se lean en tu espacio cosas que no compartes, que nunca escribirías y que pueden molestar. Fue lo que me llevó a eliminar hace unos meses un comentario que yo mismo había pedido. Seguramente cometí un error. En otras ocasiones he medido mis palabras tratando de evitar la ofensa a ciertas sensibilidades. Internet es un medio inmenso, que llega a todas partes y para siempre. Por eso intento buscar un equilibrio, para decir todo lo que quiero sin meterme en demasiados líos.

En fin, el caso es que los comentarios se agradecen, pero no son demasiado habituales. Supongo que no siempre un artículo es lo suficientemente motivador como para sugerir un comentario, o se está tan de acuerdo que no se tiene qué añadir, o tan en desacuerdo que se prefiere no opinar, o simplemente da pereza o cierto pudor ponerse a escribir alguna cosa. También puede ser un obstáculo tener que rellenar algunos datos, como la dirección de email, para que aparezca tu comentario.

Por eso me gusta la idea de las encuestas. Votar en una encuesta es rápido, sencillo y anónimo; no compromete a nada pero ofrece una participación, una opinión, un feedback, una colaboración. Me encantará que quienes me leen me sigan comentando, pero aparte me propongo abrir la posibilidad de opinar mediante encuestas. ¿Te parece buena idea?

Se me ocurren algunas reflexiones a raí­z del programa de ayer de Televisión Española en el que 100 ciudadanos/as de la calle asistieron a un plató de televisión para hacer en directo preguntas a Mariano Rajoy, el presidente del Partido Popular y lí­der de la oposición al gobierno. Unas semanas antes había pasado la misma prueba J. L. Rodríguez Zapatero, el presidente del gobierno de España.

Una cosa que me resulta curiosa y paradójica es que parece que la gente corriente hace en realidad preguntas mucho más mediáticas que las de los propios periodistas. Es decir, si eres un periodista, un profesional de la información, tienes la obligación de preguntar por las cosas serias e importantes, esas que hacen de los telediarios un tedio soporífero. Pero las preguntas de “Tengo una pregunta para usted”, que es el nombre del programa de ayer, son en general mucho más morbosas y divertidas. ¿Alguien se imagina a Matías Prats (o aún a Iñaki Gabilondo) preguntando a Rajoy qué haría si tuviera un hijo homosexual con intención de casarse?

Rodríguez Zapatero
Rodríguez Zapatero en el programa. Tomada de rtve.es.

La pregunta estrella en el programa de Zapatero fue la del precio del café. Y aunque hay quien ha intentado justificar su respuesta, es evidente que un café cuesta más de 80 céntimos (hasta en la cafetería de mi instituto de pueblo cuesta 90). Hay que decir en defensa del presidente que tampoco es una cantidad imprescindible (lo mismo le pasa como a mí, que no me gusta mucho el café) y seguramente conocerla no es condición necesaria para gobernar el país. Pero da mucho morbo poner en un aprieto a una persona tan importante. Descubrir que a pesar de su elevada posición desconoce datos que están al alcance de cualquiera de nosotros/as.

En el caso de Rajoy hubo unas cuantas preguntas con morbo, pero la estrella fue la de una señora pensionista que quiso saber cuánto cobra el líder del PP. Rajoy eludió responderla, limitándose a insinuar que gana un pastón. Hoy la cuestión a debate era si debería haber dicho la cifra.

Mariano Rajoy en el programa
Mariano Rajoy en el programa. Tomada de elpais.com.

En mi opinión hizo lo más sensato y digno que podía hacer en su situación. ¿No habría sido una locura dar a conocer que gana en un mes lo que mucha gente en un año de duro esfuerzo? Son realidades conocidas o intuidas pero difícilmente confesables. En todo caso, si es el tema de moda pronto sabremos la respuesta. Y además, ¿quién de nosotros querría hacer su trabajo por menos dinero? O mejor dicho, ¿quién de nosotros querría hacer su trabajo? Y eso que muchos pensamos que no lo haríamos peor…

No, no; no creo que ser candidato a presidente del gobierno sea del todo un buen negocio. Mucho más interesante y rentable tiene que ser una alcaldía o concejalía en zona playera, que da grandes oportunidades para cobrar jugosas comisiones a cambio de recalificar espacios de interés ecológico.

Así que, en definitiva, la televisión ha conseguido hacer un pequeño espectáculo de la Política con mayúsculas. Con un formato que, aparte de los temas “importantes” sobre los que sabemos perfectamente de antemano lo que van a decir nuestro líderes, da cabida a otros que nos acercan a su parte más vulnerable. Los/as participantes en el programa de ayer lanzaban sus exabruptos en tono desafiante, con el desparpajo de quien sabe que el señor candidato está a merced de las cámaras, de la necesidad de dar una imagen cordial ante los votantes. Y al final todos y todas somos un poco “caudillistas”, gregarios del líder, y nos despierta curiosidad la celebridad. Así se explica que ayer una señora, al poco rato de hacer su pregunta llena de mala leche, pidiera un autógrafo a Rajoy al terminar el programa.

¿Tienes ganas de pasar horas enganchado/a a un juego online irresistible? Si tu respuesta es no, mejor no sigas leyendo. El juego del que hablo se llama Flash Element TD y pertenece al tipo de juegos que llaman “Tower Defense Games”. Lo descubrí en esta web que recopila juegos de ese tipo. Consisten en situar estratégicamente una serie de torres o elementos de ataque para eliminar a tiempo a un número creciente de enemigos.

flash_td.jpg

No soy muy amigo de los juego bélicos -si es que éste lo es- pero lo cierto es que me ha tenido super enganchado. Me recordaba a ese juego de la infancia en la playa que consistía en defender un castillo o una montaña de arena de las olas mientras iba subiendo la marea. De hecho es un juego que aún practico en la playa cuando encuentro con quien…

Los juegos online, los que se juegan en el navegador web, han proliferado muchísimo últimamente. Suelen estar programados en Flash y van incrustados en una página web en forma de applet. Sin duda, tienen una serie de características que los hacen muy atractivos:

  • Se puede jugar desde cualquier ordenador conectado a internet. Los applets Flash se ejecutan con todos los navegadores en todos los sistemas operativos.
  • No hace falta instalar nada en el disco duro.
  • Son sencillos y rápidos de aprender, lo que los hace muy adictivos.
  • Algunos permiten jugar en línea contra otras personas o comparar tu puntuación final, en tiempo real, con la de miles de jugadores/as de todo el mundo.

Y tras esta concienzuda apología sólo me queda decir que he llegado a conseguir 73000 146000 puntos (actualizado) en una partida de Flash Element TD. Me costó varias horas completar los 39 niveles, pero aún me costó un poco más conseguir hacerlo con una puntuación tan alta. Para ello conté con la ayuda de algunos video de YouTube (¡es que los hay para todo!) como éste.

Bueno, y siguiendo una estrategia que tengo en mente, que es utilizar encuestas de vez en cuando para recoger la opinión de quienes me leéis, aquí dejo una sobre juegos online. Y probad el juego, es muy entretenido. Yo me voy a echar una partidita…

Página siguiente »