Recuerdo de mi infancia a Judas en un paso de Semana Santa, con cara de malo. Mi abuela me explicaba quién era y por qué había que odiarlo. Era un traidor y tenía nombre de judío.

El documental en DVDLeí hace unos meses el libro “El Evangelio de Judas” (R. Kasser, M. Meyer y G. Wurst, ISBN 84-672-2136-4) y luego he visto el documental de National Geographic sobre el mismo tema.

Se sabía de la existencia de este “evangelio” por las duras críticas que de él había hecho allá por el siglo II el teólogo y defensor de la ortodoxia católica Ireneo de Lyon. Hacia 1978 fue encontrado en una cueva en Egipto un viejo códice escrito en copto, que, tras numerosísimas vicisitudes, fue restaurado, traducido y hecho público gracias a una fundación suiza y a la National Geographic Society. Las pruebas de datación por Carbono-14 y el análisis minucioso de los expertos confirmaron que se trataba de un texto escrito hacia finales del siglo III y cuyo contenido era el famoso Evangelio de Judas criticado por Ireneo (lógicamente, Ireneo hacía referencia a una copia anterior del texto).

¿Y qué desveló la traducción? Bueno, la traducción fue sumamente complicada por el enorme grado de deterioro de las 26 páginas que contienen el texto. La parte que ha podido ser traducida comienza indicando que se trata de las revelaciones que Jesús hizo a Judas Iscariote, en conversación privada, tres días antes de la Pascua. En dichas revelaciones predominan los contenidos teológicos, simbólicos y esotéricos muy alejados de la ortodoxia cristiana. Por similitud con otros documentos, se ha deducido que se trata de la copia de un texto gnóstico del siglo II.

Parte del texto donde se lee

El gnosticismo es un conjunto de corrientes filosófico-religiosas que llegaron a mimetizarse con el Cristianismo, pero que fueron consideradas heréticas por la ortodoxia (de ahí la lógica crítica de Ireneo). Para los gnósticos existe un Dios supremo, perfecto, inmutable e inaccesible, que se sitúa en una esfera superior al Dios hebreo, creador de nuestro mundo. Por esa razón, Jesús ríe a menudo en el Evangelio de Judas al ver cómo sus apóstoles rezan a un dios menor.

El gnosticismo establece también una radical dualidad cuerpo-alma y una jerarquía entre los seres humanos, que va desde los iniciados (aquellos en quienes predomina el alma y que podrán salvarse) hasta aquéllos en que predomina el cuerpo y que, por tanto, no alcanzarán la salvación.

Una de las páginas del códicePues bien, el Evangelio de Judas no pretende ser una descripción de la figura del Jesús histórico, sino una herramienta de difusión del pensamiento gnóstico a través de la figura del nazareno. Jesús es hijo del Dios Supremo (no del Yahvé hebreo), es un iniciado y necesita morir para alcanzar la salvación. Para ello se vale del único de sus discípulos que está a la altura, el único que “conoce”: Judas. Aquí Judas no es un traidor sino un sabio, el compañero más fiel de su maestro, al que sacrifica no como traición, sino como acto supremo de fidelidad.

El Evangelio de Judas acaba con la entrega de Jesús a los romanos, el famoso “beso de Judas”. La ortodoxia cristiana demonizó a Judas por esto, tal vez de forma interesada. Al parecer, la figura de Judas “empeora” del primero al último de los evangelios oficiales (Marcos - Mateo - Lucas - Juan). Parece que en el tiempo que transcurre desde que se escribió el primero hasta el último (varias decenas de años) sus anónimos autores hubieran decidido hacer de Judas una cabeza de turco.

¿Interesaba que hubiera un traidor judío? ¿Era más enemigo del Cristianismo el judaísmo que los romanos, que fueron los que asesinaron realmente a Jesús? ¿Se utilizó la figura de Judas para difundir el Cristianismo? Parezco Iker Jiménez, pero seguramente hubo más política que realidad histórica en lo que nos han contado de Judas Iscariote. Posteriormente los gnósticos le dieron la vuelta a la tortilla haciendo del traidor un héroe. Probablemente nunca sabremos la verdad de los hechos, pero un nuevo punto de vista siempre resulta refrescante. Y Judas ya no me parece tan malo.

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