Enero 2007


Me mandó ayer Meli por e-mail este rap, que en realidad no sé de dónde procede (si alguien lo sabe, podría decirlo en un comentario). Me hizo mucha gracia, por lo que tiene de actual y de tristemente real. Así que invito a escucharlo a mis colegas y amigos profes para que hagamos el sano ejercicio de reirnos un poco de nuestras miserias, y, cómo no, a quienes todavía piensan que vivimos de maravilla. No es para tanto, ¿verdad?

Escuchar:
Descargar RAP_DE_LA_VIOLENCIA_EN_LAS_AULAS.mp3

Actualización: El rap procede de un programa de humor que emite el canal Cuatro los domingos por la tarde, cuyo nombre es “El Hormiguero” (gracias Ana).

Siguiendo con mi incipiente costumbre de añadir artículos sobre aves a la Wikipedia en español, hoy le ha tocado el turno a un pato que conocí el otro día: el tarro blanco. Tristemente, he de decir, una vez más, que el artículo existía ya en 18 idiomas y ni mención (hasta ahora) en castellano.

Tarro blanco macho
Tarro blanco macho

Estuvimos viendo tarros blancos el domingo pasado en la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga, España). Había varios grupitos mordisqueando en el fango, fuera del agua. Buscarían pequeños crustáceos o insectos.

Había también ánades reales, unos pocos ánsares comunes, un grupo de flamencos y otro de grullas. Y miles de gaviotas. Pero la laguna está muy seca para como debería encontrarse en esta época. Nos contaron que se teme que la sequía impida criar a los flamencos (la especie “estrella” de la laguna), como ya ocurrió hace dos años.

Aunque cría en la Península Ibérica, el Tarro blanco es una especie más bien invernante en nuestro país. Suele criar en zonas más al norte de Europa. En la época de cría desarrolla un comportamiento social bastante complejo. Cuando las crías aún no están del todo desarrolladas, los adultos (machos y hembras) mudan sus plumas rémiges (las de las alas), lo que les impide volar durante una época. Esto no es extraño, les ocurre a otras especies de patos. Pero los tarros hacen algo peculiar: los adultos se reúnen en inmensas bandadas en zonas costeras más seguras durante la época de muda, huyendo del peligro de posibles depredadores y abandonando a sus crías aún inmaduras.

Crías de Tarro blanco
Crías de Tarro blanco

¿Y quién cuida de ellas, de esos pollos indefensos? Pues ahí está lo curioso. Unas pocas hembras los reúnen en “guarderías” mientras completan su desarrollo, y a la espera de que vuelvan los adultos/as. Lo que demuestra, una vez más, que los humanos no hemos inventado casi nada.

Las fotos no son mías, están tomadas de Wikipedia, la enciclopedia libre.

Escuchar:
Descargar me_equivocaria_otra_vez.mp3

Simón era mano; miró sus cartas. Caballo, sota, seis y cinco de dadas. Se dio un osado mus negro, exponiéndose a tener que tirarlas. El turno pasó por Javier y Mariano, y llegó hasta Pablo, que hablaba el último.

- No hay mus. Habla, Simón - dijo.

Nadie envidó a grande. “¿Será posible que haya cortado con juego?”, pensaba Simón. La chica quedó al paso y sólo Pablo tenía pares. Llegaron al juego: juego sí, juego no, no… ¡sí!

Hay veces en que la vida te da oportunidades como ésta. La gloria al alcance de la mano. Simón tenía que disimular su excitación. Pasó y cruzó los dedos. Y la gloria llegó:

- Cinco envido - dijo Pablo.

Cinco piedras era buen premio, pero la gloria debía ser plena. ¿Quién podía pensar que el mediocre de Simón se hubiera dado mus de dadas con 31? Echó un tímido órdago, disimulando su excitación. Y la respuesta de Pablo fue triunfal:

- ¡Quiero!

Simón explotó. Miró a Mariano, su compañero, y le enseñó, antes que a nadie, sus cartas, lanzándolas sobre la mesa. Pero el rostro realmente triunfante era el de Pablo, su contrincante. Con feliz parsimonia mostró su jugada: tres sietes con la sota de espadas… la chica más guapa de la baraja.

Treinta y una “La Real”, que gana a la mano. Acariciar la gloria para acabar siendo víctima del más amargo de los fracasos. Así de fugaz fue la suerte de Simón. Así es la fortuna, traidora e incomprensible.

Simón lanzó un juramento, golpeó la mesa, tiró dos cafés y resopló su mal fario. Detrás de la barra del bar, Ismael puso música para perdedores, como la que ahora suena. Y Simón comprendió lo puta que es la vida, y que el juego y la música sirven, seguramente, para las mismas cosas.

La canción es del último álbum de Fito y Fitipaldis, y no tengo permiso para publicarla.

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