La tierra a la cual cruzas para tomarla en posesión es una tierra de montes y de valles, que bebe el agua de la lluvia del cielo; una tierra de la cual cuida Yahveh tu Dios. Los ojos de Yahveh tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el final de él.

Deuteronomio 11, 11 – 12

Escuché en la radio el otro día que el primer ministro de Israel había recordado públicamente que su país tiene armas atómicas. La noticia me motivó a escribir sobre Israel.

Dios según Miguel Ángel (Capilla Sixtina)El devenir del pueblo hebreo está marcado desde tiempos inmemoriales por su relación con su dios Yahveh, ese Dios vengativo y justiciero del Antiguo Testamento. Según cuenta la Biblia, Jacob, a quien Yahveh llamó Israel (Príncipe de Dios), nieto del patriarca Abraham, heredó de su Dios la Tierra Prometida, que coincidía con lo que hoy llamamos región de Palestina. Después esta tierra se repartió entre sus 12 hijos que fundaron las 12 tribus de Israel. Los israelitas pasaron más tarde una época de esclavitud en el Egipto faraónico hasta que Moisés, con la ayuda de Yahveh, los condujo de vuelta a Palestina.

Después llegaría la conquista romana y el nacimiento de Jesús de Nazaret, fundador de una nueva religión, el Cristianismo. Y más tarde la conquista árabe de la región en el siglo VII.

El Cristianismo consideraba Palestina como Tierra Santa en poder de infieles, y así los papas organizaron en la Edad Media hasta cuatro cruzadas para su reconquista…

Entretanto el pueblo judío, los descendientes de Jacob y Abraham que seguían fieles a su dios Yahveh, se fue extendiendo por todo el planeta dedicándose a algo en lo que resultaron ser extremadamente hábiles: el comercio, los negocios monetarios y la usura. Los judíos han sido grandes banqueros, han formado guetos (juderías) y han sido marginados, odiados y perseguidos. Las causas del antisemitismo son variadas, y se basan en muchos casos en falsos mitos.

Israel: foto de satéliteLa culminación del antisemitismo fue el Holocausto nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Tras ella se creó la ONU, y fue esta organización la que gestionó la creación en 1948, de nuevo en territorio palestino, de un Estado de Israel para el pueblo judío. Fue una forma de resarcir tanta injusticia y tanto dolor ocasionados por el Holocausto. Es una lástima que como contrapartida Israel se haya dedicado sistemáticamente a incumplir las resoluciones de la organización que posibilitó su existencia.

Efectivamente, los musulmanes palestinos (obligados a compartir el territorio con Israel) y los estados árabes de la zona se negaron a reconocer el nuevo Estado, al tiempo que Israel se dedicaba a tratar de expandir sus fronteras, atacando, invadiendo y arrinconando a palestinos, sirios, jordanos, libaneses y egipcios. Israel ha contado siempre para ello con el apoyo incondicional de los Estados Unidos de América, país que necesita un aliado en una zona conflictiva, de naciones hostiles, pero rica en recursos energéticos. Además, la poderosa población hebrea de los USA es un importante grupo de presión en su país.

Decir que el Estado de Israel tiene un comportamiento prepotente y macarra con los países de su entorno, y en particular con los Territorios Ocupados Palestinos, es ser bastante benévolo. Decir que practica indiscriminada y sistemáticamente el terrorismo de estado sería mucho más preciso. Es cierto que Israel sufre el ataque de las milicias palestinas y libanesas, pero eso no justifica naturalmente el uso del terror sobre la población civil. En la reciente Guerra del Líbano Israel utilizó armamento prohibido por la Convención de Ginebra. El Consejo de Seguridad de la ONU condena repetidamente y sin éxito la actitud del gobierno israelí, que cuenta siempre con el veto favorable de Estados Unidos.

Se podría culpar a los sucesivos gobiernos de Israel, pero no es el caso. En un país democrático donde el gobierno se decide en la urnas, la población es responsable de los actos de ese gobierno. Y aunque generalizar sea simplificar, son un pueblo violento, vengativo, sanguinario. Parece que hubieran heredado los atributos de ese Dios milenario que, al fin y al cabo, los hizo “a su imagen y semejanza” (Gn. 1, 27).

Muro de Cisjordania
El muro de Cisjordania

Cuesta creer que sigan confiando en su Yahveh. Cuesta creer que sigan amando a esa tierra terrible, que Él bendijo para ellos, que Él les prometió. “Una tierra de la cual cuida Yahveh tu Dios”, les dijo… A lo largo de los siglos han vivido en ella multitud de culturas. Y nunca hubo paz. Es un territorio maldito, bañado sucesivamente con la sangre de quienes pasaron por él. Es una tierra que inspira odio y rencor en quien la habita. Judíos, cristianos y musulmanes eternamente peleados por un pedazo de semidesierto. Y ahora Yahveh ya no envía maná; envía la bomba atómica. Era la Tierra Prometida, pero la promesa nunca se cumplió.

Imágenes tomadas de Wikipedia, la enciclopedia libre.