Aunque con meses de retraso, continúo en esta entrada explicando por qué razón, y después de probar durante años otros sistemas operativos, he optado finalmente por utilizar GNU/Linux, el del pingüino.

La mascota de GNUPrefiero Linux porque es un sistema operativo libre. Según lo define la Wikipedia, el Software libre (del inglés free software) es el software que, una vez obtenido, puede ser usado, copiado, estudiado, modificado y redistribuido libremente, es decir, sin estar limitado por restricciones de copyright. El software libre suele hacerse público bajo la llamada licencia GPL, según la cual cualquier usuario podrá copiar, ejecutar, transformar y redistribuir los programas, con la condición, eso sí, de que lo haga bajo esta misma licencia. Es decir, no está permitido producir software con copyright a partir de software libre.

¿Y qué ventajas tiene para alguien, como yo, que no es programador de software, utilizar software libre? En primer lugar, que en la mayoría de los casos es gratuito. Linux suele distribuirse en CDs que pueden descargarse de la red o que regalan en revistas e incluso te envían a casa por correo (como es el caso de Ubuntu). Cada CD contiene el sistema operativo, junto con herramientas para navegar y comunicarse por la red, una o varias suites ofimáticas, varios programas de diseño gráfico, de reproducción multimedia y de desarrollo de aplicaciones, y todo tipo de herramientas de configuración y manejo del hardware. Son todos programas de grandísima calidad y reciente creación, que se adquieren de forma gratuita, pues sus creadores consideran que no es razonable pagar por algo que debería ser patrimonio de todos/as, y que hay otras formas de obtener beneficios de su trabajo. Existen infinidad de distribuciones GNU/Linux; las más utilizadas son Ubuntu, SUSE, Mandriva y Fedora.

Mandriva One Linux
El escritorio de Mandriva One Linux

Otra ventaja del software libre es que sus distintas versiones están en permanente revisión. La finalidad de sus creadores/as no es vender; no es necesario retener el producto hasta que funcione perfectamente y pueda ofrecerse a cambio de dinero. El producto está siempre probándose y mejorándose. El código es abierto, transparente para quien quiera trabajar en él y mejorarlo. La liberación de nuevas versiones se hace en función de las necesidades de los usuarios y no de los intereses mercantiles de una empresa.

Ubuntu, un ejemplo de distribución Linux de la que ya hablé en este blog, saca versiones nuevas cada seis meses aproximadamente. Es algo que no supone ningún problema para el consumidor (más bien todo lo contrario) porque permite actualizar de golpe a las últimas versiones de los programas de forma gratuita.

Logo de Ubuntu

Resumiendo, el software libre es el paraíso de los programadores. Permite coger un programa y hacer con él todo tipo de modificaciones que nos interesen y añadirle funcionalidades, contribuyendo a mejorarlo y facilitando el trabajo a otros usuarios y programadores. Pero lo que es más importante: para quien no es programador el uso de software libre supone la garantía de tener siempre instaladas de forma gratuita versiones actualizadas, comprobadas y adaptadas a los usuarios de todo tipo de programas. Todo está en la red, sólo hay que descargarlo e instalarlo.

Pronto, otra entrega.

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