Los Borgia

DIRECTOR: Antonio Hernández
GUIÓN: Piero Bodrato
INTÉRPRETES: Lluís Homar, Sergio Peris-Mencheta, María Valverde, Eusebio Poncela, Ángela Molina, Paz Vega

SINOPSIS: Rodrigo Borgia, en presencia de sus tres hijos, Juan, César y Jofré, es elegido Papa con el nombre de Alejandro VI. El nuevo Papa sueña con aumentar territorios para el Vaticano. Nombra capitán de sus ejércitos a Juan y lo casa con una noble española. A César le nombra cardenal, y obliga a Jofré a casarse con Sancha de Aragón. Para su única hija, Lucrecia, acuerda el matrimonio con Juan Sforza. Entre los hermanos César y Juan existe una gran rivalidad y una noche, después de volver juntos de una fiesta, el cadáver de Juan, el favorito de Alejandro, es encontrado en un río. César entonces deja los hábitos y es nombrado capitán de los ejércitos… (FILMAFFINITY)

De las dos ocasiones en que he pasado por el pueblo navarro de Viana, el último que se visita como peregrino a Compostela antes de entrar en La Rioja, recuerdo que presumen con orgullo que tener junto a la iglesia de Santa María el sepulcro de César Borgia. Lo bueno de las películas históricas es que te ayudan a ponerle cuerpo, cara, y sobre todo vida, a ese personaje que sólo era un nombre escrito en una antigua lápida.

Y menudo era el muchacho: hijo del Vito Corleone del Vaticano de finales del siglo XV. La película relata las diversas intrigas, conspiraciones, venganzas y conquistas de la familia Borgia, encabezada por el Papa Alejandro VI. Todo ello adornado de grandes dosis de ambición y crueldad, y ejecutado en nombre del bien familiar, cuyo destino glorioso disfrutaba del amparo divino.

A este hormigo profano en temas de historia le da la sensación de que lo que se sabe como históricamente probado se da por cierto en el guión y a lo que nunca se supo con certeza se le da el tratamiento de rumor más o menos creíble. Los personajes, fieles a la Historia o no, sí son al menos fieles a sí mismos. Destaca el papel de Lluís Homar como papa Alejandro VI. Impresiona la naturalidad con que se toma sus flagrantes abusos de autoridad y comete todo tipo de excesos, siempre en nombre de Dios. Lucrecia, su hermosa hija, aparece en cambio como víctima inocente de las intrigas familiares.

Me recordó muchas veces a las películas de cine de gangsters, en las que no puedes dejar de solidarizarte con esa familia de protagonistas megalómanos y pendencieros, a pesar de sus horribles fechorías. Me pareció entretenida, y me sirvió para enterarme mejor de quien era el dueño de esos huesos enterrados en la iglesia de Viana.