Llevaba un tiempo queriendo escribir sobre algo que me pone enfermo, la teoría del diseño inteligente, y esta mañana, conduciendo hacia mi trabajo por la autopista, he visto algo que me ha inspirado este artículo. He visto un papel, una especie de pañuelo de papel, había varios, y he visto cómo los coches, pasando a gran velocidad, los hacíamos volar, dar vueltas, retorcerse, y volver a caer. Ha sido muy interesante…

Copio fragmentos de Wikipedia: “Los partidarios del diseño inteligente sostienen que el Universo, la vida en la Tierra y el origen del hombre son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes. Argumentan que el modelo científico de la evolución por selección natural es insuficiente para explicar el origen, la complejidad y la diversidad de la vida, y que el universo está demasiado bien adaptado para las criaturas vivientes como para pensar que es así por pura casualidad. Los proponentes del diseño inteligente no toman en público partido explícito sobre la identidad del o de los creadores o sobre los medios que utilizaron para diseñar y luego crear la vida, pero son respaldados por la mayoría de los partidarios de la lectura literal de la Biblia y actúan al abrigo de instituciones explícitamente cristianas y fundamentalistas.

Charles Darwin
Charles Darwin

Afortunadamente no hace falta ser ateo para rechazar por su absoluta falta de rigor y base científica esta teoría. De hecho, la postura oficial de la Iglesia Católica prefiere respetar los hallazgos científicos y dejar en el terreno de la metafísica la interpretación de las Escrituras.

El azar es la clave en este asunto. El propio Einstein se resistía a concederle su lugar preeminente cuando pronunció su famosa frase “Dios no juega a los dados“. Para nuestra visión del Universo resulta difícil asimilar que el orden en el cosmos, la complejidad de un ojo, o la capacidad creativa de la mente humana sean fruto tan sólo del azar. Pues así es, nos guste o no. Sólo el azar, con la ayuda del tiempo.

¿Así se formó la mente humana? ¿A base de golpes de suerte? En cierta época, el hábitat de nuestros antepasados requirió que adquiriesen una inteligencia mayor. Necesitaban alimento en un mundo cambiante, necesitaban huir de los depredadores, tuvieron que organizarse para la caza, tuvieron que aprender a hablar. Necesitábamos pensar, razonar, inventar, imaginar… Tuvimos que volvernos inteligentes para sobrevivir, para poder descansar. Alcanzamos el equilibrio en nuestro nicho ecológico. ¿Es posible que fuese sólo fruto del azar?

A-7, Benalmádena

Volvamos al papel en la autopista. ¿Dónde acaban los papeles que la gente tira al asfalto? Los coches les dan mil meneos; arriba y abajo, adelante y atrás. Es un baile del desorden, un caos, puro azar. ¿Hasta cuándo? Muchos acabarán destrozados, no soportarán los envites de los vehículos. Pero otros se salvan cuando alcanzan, por fin, y aunque sea sólo por casualidad, la cuneta salvadora. La cuneta es el refugio del papel. Allí descansa por fin, porque ya nada lo agita. Allí acaban los papeles que tiramos al asfalto. ¿Hace falta para salvarlos una “acción racional emprendida de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes”? Definitivamente NO. El papel acabará en la cuneta, es su destino más probable. Sólo es cuestión de azar y algo de tiempo.

Ocurre en la autopista, todos los días. Tiramos cientos de papeles, pero la carretera, por la noche, siempre acaba limpia.

Imágenes tomadas de Wikipedia, la enciclopedia libre.