Estaba escribiendo un post sobre Linux, cuando he recordado que en la última entrada prometí la próxima vez hablar de “cosas normales”. Y teniendo en cuenta que desde la calle oigo todavía las bocinas celebrando a nuestra selección, hablaré del tema de moda: de fútbol.

Podría contar cómo he sufrido y vibrado esta noche con el 3-1 de España frente a Túnez. O cómo casi lloré de emoción con el cuarto gol de nuestro equipo contra Ucrania (aquel de la judada de Puyol de fantasía culminada por el niño Torres).

Hablaré, sin embargo, de la celebración de ese 4º gol. Lo hemos visto mil veces por la tele. Fernando Torres se para y se da la vuelta. Y allí llega Carles Puyol, el defensa que acaba de darle la asistencia del gol, y ambos se funden en un abrazo de felicidad y mutuos reconocimiento y agradecimiento.

¿Por qué me encantó ese abrazo? Porque los pasados 18 de septiembre y 5 de febrero se habían enfrentado en partidos de liga el F. C. Barcelona y el Atlético de Madrid, equipos en los que juegan, respectivamente, Puyol y Torres. En los dos partidos ganó el equipo de Torres, marcando él mismo un gol en el primero y dos en el segundo. ¿Y quién era el defensa central encargado de impedir sus goles en dichos partidos? Carles Puyol, por supuesto.

Ahora Carles y Fernando visten la misma camiseta. Ahora culés y colchoneros vibramos al unísono con su juego. Cuando juega España todos jugamos en el mismo equipo. Tal vez el nuestro no sea un país de grandes patriotas, o tal vez tengamos más patrias en nuestro corazón de lo habitual. Pero la selección española nos pinta a todos la cara con los mismos colores. ¿Será verdad? Como pasemos de cuartos me pinto la bandera hasta en la lengua.

Los españoles (y españolas), igual que Puyol y Torres, no siempre defendemos los mismos intereses. Hasta que juega la selección. Y nos merecemos, por fin, ganar algo juntos.

Imágenes tomadas de sigloxxi.com, as.com y elmundo.es.